Los polos se están calentando más rápido que el promedio mundial, lo que causa daños significativos en las regiones.
Nueve de los 16 puntos de inflexión del sistema terrestre se encuentran en las regiones polares.
Los puntos de inflexión aceleran el calentamiento a través de los sistemas naturales de la Tierra y, una vez activados, resulta extremadamente difícil detenerlos.
El Ártico se está calentando casi cuatro veces más rápido que el promedio mundial, y algunas ubicaciones se calientan hasta siete veces más rápido. Mientras tanto, la Antártida se ha calentado casi 3 °C desde la década de 1970, más que en cualquier otro lugar del hemisferio sur, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El aumento de las temperaturas en los polos ha causado daños significativos a glaciares antiguos, capas de hielo, hielo marino, paisajes de permafrost y la vida de los pueblos indígenas y las comunidades locales. Por ello, las regiones polares se han dado a conocer como los «canarios en la mina» de la crisis climática.
El Ártico es un sistema de alerta temprana del cambio climático, y sus alarmas están encendidas en rojo.
Plataforma de Riesgo del Ártico
Sin embargo, lo que ocurre en los polos no se queda en los polos.
Nueve de los 16 puntos de inflexión del sistema terrestre se encuentran en las regiones polares. Estos puntos de inflexión aceleran el calentamiento a través de los sistemas naturales de la Tierra y, una vez activados, resulta extremadamente difícil, si no imposible, detenerlos. También tienen consecuencias en cascada para otros puntos de inflexión, lo que convierte el objetivo de calentamiento de 1,5 °C en un límite estricto, según expertos.
De los seis puntos de inflexión que probablemente se activarán con un calentamiento de 1,5 a 2 °C, cinco se encuentran en los polos. Con la trayectoria actual de emisiones, estos desencadenarán una adaptación sin precedentes, así como pérdidas y daños significativos para los sistemas económicos, sociales y naturales de todo el mundo.

Impactos de la crisis climática en los polos
En los últimos años, la crisis climática en el Ártico ha provocado una importante destrucción ambiental y cambios en los patrones meteorológicos.
La capa de hielo de Groenlandia, por ejemplo, ha perdido hielo durante 25 años consecutivos debido al aumento de las temperaturas y a las mayores precipitaciones, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. La NASA, la agencia espacial estadounidense, también informó de que el hielo marino promedio del Ártico correspondiente al mes de septiembre se está reduciendo a un ritmo superior al 12 % por década. Incluso con las reducciones de emisiones en marcha, es probable que el Ártico experimente un verano sin hielo para 2050, lo que provocaría el colapso de los ecosistemas marinos que dependen del hielo para sobrevivir.
El calentamiento también representa una grave amenaza para el permafrost, que es el suelo que ha permanecido congelado de forma continua durante al menos dos años consecutivos, y a menudo durante miles de años.
El permafrost se extiende por los biomas boreal y de tundra y subyace a aproximadamente el 15 % de la superficie terrestre expuesta del hemisferio norte. En esta capa de suelo congelado se almacenan 1,4 billones de toneladas de carbono orgánico, aproximadamente el doble de carbono que el que hay actualmente en la atmósfera terrestre. A medida que el permafrost se descongela debido al calentamiento y a eventos extremos como los incendios forestales, este carbono se descompone y se libera a la atmósfera en forma de dióxido de carbono y metano. Las emisiones derivadas del deshielo del permafrost podrían consumir entre el 25 y el 40 % de nuestras emisiones restantes presupuestadas para limitar el calentamiento a 2 °C, según muestran los análisis.
La crisis climática en la Antártida también ha provocado una importante pérdida de hielo marino. En febrero, el hielo marino del continente se redujo a 1,79 millones de km², un mínimo récord desde que los satélites comenzaron a medir las capas de hielo a finales de la década de 1970, según un análisis del Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo de Estados Unidos. Otro estudio publicado el mes pasado en Nature Geoscience, una revista revisada por pares, informó de que las variaciones estacionales en el flujo de hielo de algunos glaciares antárticos se aceleraron hasta un 22 % en los últimos veranos.
«La Antártida suele describirse como un “gigante dormido” … es el continente más frío, más ventoso y más seco, y a menudo se considera relativamente estable», afirmó el Dr. Mike Sparrow, director del Programa Mundial de Investigación del Clima, copatrocinado por la OMM, en un comunicado el año pasado. «Sin embargo, los recientes extremos de temperatura y los colapsos de las plataformas de hielo nos han recordado que no debemos dar la Antártida por sentada».
Impactos de la crisis polar en el mundo
El potencial de la subida global del nivel del mar es uno de los efectos más significativos de la crisis climática polar. La capa de hielo antártica, que abarca 14 millones de km² y contiene 30 millones de km³ de hielo, por sí sola alberga aproximadamente el 60 % del agua dulce total del mundo, según el Servicio Antártico Británico. La cantidad de agua dulce equivale a una subida de 70 metros del nivel global del mar.
La subida del nivel del mar ya está teniendo un impacto en los entornos marinos. Como señaló el Informe sobre Riesgos Globales 2023 del Foro Económico Mundial, «el inminente colapso de las capas de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental puede contribuir a la subida del nivel del mar y a las inundaciones costeras, mientras que la “mortandad” de los arrecifes de coral de baja latitud, los viveros de la vida marina, afectará sin duda al suministro de alimentos y a los ecosistemas marinos en general».
Los casi 900 millones de personas que viven en zonas costeras también corren riesgo, según las Naciones Unidas. «Las comunidades de zonas bajas y países enteros podrían desaparecer para siempre», afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, en un discurso reciente. «Presenciaríamos un éxodo masivo de poblaciones enteras a una escala bíblica. Y veríamos una competencia cada vez más feroz por el agua dulce, la tierra y otros recursos».
Además de la subida del nivel del mar, la crisis polar desencadena fenómenos meteorológicos extremos como el ciclón bomba ártico de diciembre de 2023, debido a la desestabilización de las corrientes en chorro y de las corrientes oceánicas. Esto afecta a las cadenas de valor de la alimentación, la agricultura y la acuicultura, así como a la agricultura de subsistencia en todo el mundo, y aumenta la probabilidad de pobreza, escasez de alimentos e interrupciones en las cadenas de suministro.
Los llamados virus zombis, que han permanecido congelados en el hielo y enterrados bajo las capas de hielo polares o el permafrost durante cientos o miles de años, son otra causa de preocupación. Con el aumento de las temperaturas, pueden reactivarse y liberar cepas mortales para las que la población humana podría no estar preparada.
Un camino a seguir
Acelerar hoy la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero es la oportunidad más segura y clara para estabilizar los frágiles ecosistemas polares y, con ello, el planeta, según los expertos.
Además, los científicos del clima sostienen que acelerar el ritmo de las acciones de las empresas y los gobiernos para reducir las emisiones es el paso más importante para evitar puntos de inflexión en cascada, que tendrán consecuencias para todos durante los siglos y milenios venideros.




