Las personas mayores son más vulnerables al calor extremo que las jóvenes, porque su cuerpo no se enfría con eficiencia.
El estrés térmico puede agravar afecciones preexistentes, como enfermedades cardíacas, pulmonares y renales, y el calor extremo puede desencadenar delirios.
La mala calidad del aire dificulta la respiración, sobre todo en quienes ya tienen problemas respiratorios.
Para las personas mayores con problemas de salud física, temperaturas de apenas 80 grados F (26.7 C) pueden representar un grave peligro.
Las temperaturas abrasadoras han puesto en peligro a millones de estadounidenses este verano, con episodios de calor extremo que se extienden de costa a costa en el sur de Estados Unidos.
En Phoenix, la temperatura alcanzó los 110 grados Fahrenheit (43.3 Celsius) o más todos los días durante más de tres semanas en julio. Otras grandes ciudades, desde Las Vegas hasta Miami, sufrieron temperaturas altas incesantes, que sus habitantes describieron como «un infierno en la Tierra».
Mientras los noticieros nocturnos muestran imágenes de bañistas agobiados en Miami Beach y de personas que corren por Austin, Texas, echándose agua encima, estas escenas ocultan una crisis creciente: millones de personas mayores sufren a puerta cerrada.
Como investigadores que estudiamos la salud de las personas mayores y el cambio climático, hemos descubierto que dos tendencias sociales apuntan a un futuro potencialmente sombrío: la población envejece y las temperaturas suben.

Se prevé que algunos de los estados más calurosos del país, entre ellos Arizona, experimenten un crecimiento drástico de su población de personas mayores. Pero el calor no es solo un problema del sur: las poblaciones del norte también afrontan riesgos crecientes por el calor extremo, al que muchas personas no están acostumbradas.
Las comunidades, las familias y las personas mayores deben comprender estos riesgos y estar preparadas.
Por qué las personas mayores corren más riesgos por el calor
Las temperaturas de tres dígitos son agobiantes para todo el mundo, pero para las personas mayores pueden ser mortales.
Las personas mayores no sudan ni se enfrían con tanta eficiencia como las jóvenes. El estrés térmico puede agravar afecciones preexistentes, como enfermedades cardíacas, pulmonares y renales, y el calor extremo puede desencadenar delirios.
La calidad del aire deficiente dificulta la respiración, sobre todo en quienes ya tienen problemas respiratorios. Para las personas mayores con problemas de salud física, temperaturas de apenas 80 grados F (26.7 C) —por no hablar de los 110 grados— pueden representar un grave peligro.
Los medicamentos con receta hacen que las personas mayores sean más sensibles al calor. Los anticolinérgicos, que se usan para tratar la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, o EPOC, reducen nuestra capacidad de sudar. La deshidratación es un efecto secundario de los betabloqueantes y los diuréticos, que se utilizan para ayudar a controlar la presión arterial.
Además, los medicamentos funcionan mejor cuando se guardan a temperatura ambiente —entre 68 y 77 grados— y pueden perder eficacia si no se conservan en un lugar fresco en un día muy caluroso.

Y no solo se resiente la salud física.
Tener que permanecer en casa todo el día para mantenerse a salvo del calor y soportar el estrés de las emergencias por calor puede hacer que las personas mayores se sientan deprimidas y aisladas. Quienes tienen problemas cognitivos o demencia quizá no comprendan los riesgos para su salud o no tomen las precauciones adecuadas. A las personas mayores con discapacidades físicas, movilidad limitada o sin acceso al transporte les puede resultar difícil llegar a un centro público de refrigeración, si hay alguno cerca.
Atraídos por regiones de alto riesgo
A menudo, las personas jubiladas se sienten atraídas por los cielos soleados del sur, los bajos impuestos y el costo de vida, así como por servicios como campos de golf, playas, centros de atención médica y comunidades residenciales para mayores de 55 años adaptadas a sus necesidades. En Phoenix, se prevé que la proporción de residentes mayores de 65 años aumente del 10 % de sus 1.6 millones de habitantes actuales a alrededor del 17 % para 2050.
Al mismo tiempo que crece esta población, también aumenta el número de días en que la gente necesitará aire acondicionado.
Utilizamos escenarios de población futura a escala de condado y resultados de modelos climáticos de la NASA para evaluar las consecuencias de un calentamiento moderado y de uno drástico. Nuestras proyecciones muestran que un número cada vez mayor de personas mayores corre el riesgo de sufrir las consecuencias perjudiciales del calor extremo para la salud física y mental.

Descubrimos que las poblaciones de lugares históricamente calurosos, como Arizona y las regiones desérticas de California, están envejeciendo rápidamente, lo que exige a las ciudades, los condados y los estados atender las necesidades urgentes de las personas mayores durante las olas de calor.
Entre las medidas necesarias están ofrecer centros de refrigeración y garantizar que sean físicamente accesibles para quienes tienen dificultades de movilidad, además de capacitar a los servicios de emergencia para que tengan en cuenta las necesidades específicas de las personas mayores, que quizá se resistan a abandonar sus hogares durante una emergencia por calor.
Las comunidades también deben encontrar formas eficaces de advertir a los «snowbirds» —personas que migran temporalmente a climas más cálidos—, a los turistas y a quienes se han mudado hace poco, que quizá procedan de climas más frescos y conozcan menos los riesgos del calor extremo o estén menos adaptados a ellos.
Las regiones del norte también están en riesgo
Nuestra investigación revela que lugares históricamente más frescos, como Nueva Inglaterra, la parte superior del Medio Oeste y el noroeste del Pacífico, también afrontan riesgos crecientes por el calor.
Se prevé que estas regiones —donde históricamente ha habido una elevada proporción de personas mayores— experimenten los aumentos más pronunciados de exposición al calor en comparación con las temperaturas históricas. Las personas mayores acostumbradas al frío de Nueva Inglaterra quizá no comprendan del todo las amenazas que puede entrañar una ola de calor extremo y podrían subestimar el daño que podrían sufrir tras pasar un día bajo el sol abrasador.


Las casas antiguas del noreste también suelen tener sistemas de refrigeración menos eficientes. El calor nocturno puede ser especialmente perjudicial para quienes no tienen aire acondicionado, incluidas las personas que viven en ciudades densamente pobladas del noreste y del cinturón industrial, donde las «islas de calor» retienen las altas temperaturas. En las personas mayores con problemas de salud, una noche de sueño intranquilo puede aumentar la depresión y la confusión durante las horas de vigilia.
Qué puedes hacer al respecto
Las personas mayores y quienes las cuidan pueden tomar algunas medidas para adaptarse.
Quédate en casa. Usa aire acondicionado. Bebe mucha agua. No uses el horno, sobre todo en viviendas pequeñas. Ayuda a una persona mayor a llegar a un centro de refrigeración. Guarda los medicamentos en el lugar más fresco de la casa. Presta atención a síntomas como los mareos y solicita atención médica cuando sea necesario.
Sin embargo, también hacen falta medidas de adaptación a escala comunitaria. Las inversiones públicas en sistemas de alerta temprana para fenómenos meteorológicos extremos, servicios de transporte para llevar a las personas mayores a centros de refrigeración y hospitales, sistemas de información geográfica que ayuden a los servicios de emergencia a identificar barrios con una alta concentración de personas mayores, y la instalación de aire acondicionado energéticamente eficiente en hogares y espacios públicos pueden ayudar a hacer frente a los días sofocantes del futuro.




