La pandemia de COVID-19 ha tenido un profundo impacto y ha creado numerosos obstáculos y dificultades para el mundo.
También ha puesto de relieve el carácter cada vez más sistémico y simultáneo de los desastres y sus impactos.
El intercambio de conocimientos y el fortalecimiento de capacidades serán fundamentales para garantizar infraestructuras fiables, la prestación de servicios y la resiliencia general frente a la mitigación de riesgos globales de este tipo, afirman expertos del Banco Mundial.
La pandemia mundial de COVID-19 ha planteado numerosos desafíos al mundo. Mientras que gran parte de nuestra atención se centraba en la carrera por desarrollar y distribuir vacunas, los confinamientos prolongados transformaron nuestra forma de trabajar, vivir e interactuar con los demás. A medida que aprendíamos a vivir con las nuevas dinámicas sin contacto, diversas industrias encontraban nuevos mecanismos para adaptarse a las operaciones virtuales y hallar soluciones innovadoras que garantizaran la continuidad de los negocios. Las alteraciones de nuestras rutinas cotidianas no solo han reducido las interacciones cara a cara, sino que también han afectado los enfoques tradicionales para impartir formación, intercambiar conocimientos y aprender entre pares.
La pandemia ha subrayado que, en un mundo muy interconectado y globalizado, los riesgos de desastre se han vuelto más sistémicos y sus impactos, más simultáneos. Las amenazas naturales agravan los desafíos que afrontan millones de personas, especialmente en países de ingreso bajo y mediano, debido a la fragilidad de los sistemas de las redes eléctricas y de agua y saneamiento, así como a la sobrecarga de las redes de transporte. La pandemia ha afectado de manera desproporcionada a la población más vulnerable, que sufre en mayor medida las consecuencias de unos activos de infraestructura y una prestación de servicios poco fiables. Para proteger las infraestructuras y promover la resiliencia en sectores tan vitales para el bienestar de la sociedad, elevar la calidad de vida e impulsar el desarrollo, no se puede restar importancia al intercambio de conocimientos y al fortalecimiento de capacidades.
En este contexto, el Grupo Banco Mundial trasladó rápidamente a la modalidad virtual muchos de sus programas emblemáticos de fortalecimiento de capacidades. El Centro de Aprendizaje sobre Desarrollo de Tokio (TDLC), en colaboración con el Centro de Gestión del Riesgo de Desastres (DRM) del Banco Mundial en Tokio y el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR), a través del Programa Japón-Banco Mundial para incorporar la gestión del riesgo de desastres en los países en desarrollo, rediseñó la popular serie Inmersión técnica en profundidad (TDD) para adaptarla a un mundo remoto. Concebidas originalmente como una semana completa de presentaciones y visitas de campo presenciales en Japón, las TDD despertaron rápidamente el interés de los equipos de trabajo y los clientes gracias a la labor pertinente y de vanguardia que el Gobierno japonés, el sector privado y las comunidades habían desarrollado durante más de un siglo para gestionar las amenazas naturales y promover la resiliencia.
La primera Inmersión técnica en profundidad sobre infraestructura resiliente (RITDD), un evento de aprendizaje entre pares y diálogo, se celebró para aprovechar los conocimientos especializados de Japón y del mundo con miras a desarrollar infraestructuras resilientes frente a las amenazas naturales y los desastres relacionados con fenómenos meteorológicos en todo el mundo. Aunque la TDD virtual impidió que los participantes realizaran visitas presenciales a emplazamientos en Japón, permitió que un mayor número de delegaciones de países asistiera a oportunidades de aprendizaje muy competitivas. La RITDD reunió a delegaciones de siete países (Azerbaiyán, China, Jordania, las Maldivas, Nigeria, Ruanda, y Túnez), además de más de 33 clientes y 16 jefes de equipos de trabajo del Banco Mundial. La RITDD aprovechó un número récord de siete estudios de caso de Japón, en los que los principales expertos japoneses compartieron con una audiencia mundial cómo el país desarrolló un enfoque de múltiples amenazas y múltiples capas para vigilar las amenazas naturales y mitigar los riesgos de desastre. Por ejemplo, los casos de Japón expusieron los desafíos de responder al terremoto de Kobe de 1995, cómo la sociedad civil y los sectores público y privado colaboraron para mitigar los efectos del gran terremoto y tsunami del este de Japón de 2011, y cómo la formulación de políticas y la gestión dirigida por el Gobierno fueron fundamentales para mantener un desarrollo continuo de políticas, que culminó, entre otras cosas, con la creación de la Oficina de Promoción de la Resiliencia Nacional.
Con más de 15 horas de contenido, la RITDD fue un evento de aprendizaje multilateral que reunió a equipos y clientes de los sectores del agua, el transporte y la energía. Las reacciones de los clientes pueden verse en estos tres videoblogs: la necesidad de que Azerbaiyán invierta en mejores protocolos de gestión del riesgo de desastres; la necesidad de que la ciudad de Kigali, en Ruanda, promueva inversiones más integradas en resiliencia urbana; y la manera en que las Maldivas se proponen urgentemente abordar la exposición de su pequeña población a las amenazas naturales y su aislamiento.




