A medida que el gusano que destruye el mijo prospera en condiciones más secas, los agricultores aprenden a criar avispas capaces de controlar la plaga que daña sus alimentos y sus ingresos.
En Níger, país de África occidental, se dice que el mijo es el rey de los cereales: el cultivo preferido por todos los agricultores. Y el rey del mijo en la localidad meridional de Borgo Beri es, sin duda, el agricultor Hassane Hima.
Sus pares le otorgaron el título, una tradición en Níger, y él lo lleva con orgullo. «La gente cultiva sobre todo mijo», dijo.
Pero hace dos años, la supremacía de Hima se vio amenazada cuando un gusano diminuto empezó a devorar con voraz apetito los campos de mijo de la zona.
La oruga, conocida como «minador de la espiga del mijo», es una vieja enemiga en esta parte del mundo. Sin embargo, observadores afirman que podría haberse propagado en los últimos años debido a las sequías, cada vez más frecuentes, vinculadas al cambio climático.
En respuesta, los habitantes de Borgo Beri y de otras aldeas escucharon y se pusieron manos a la obra cuando la agencia internacional de ayuda Catholic Relief Services (CRS) propuso una solución que no conocían.
El método, que se remonta a 1997, es bastante sencillo: se libera la diminuta avispa Habrobracon hebetor, enemiga natural del gusano del mijo, y esta pone sus huevos en la oruga, que es devorada cuando nacen las avispas.
Su uso está resurgiendo rápidamente a medida que crece la amenaza del minador de la espiga del mijo. Este proyecto y al menos otro, dirigido por la organización local sin ánimo de lucro Union Haraybane Tera Mooriben, complementan los esfuerzos del Gobierno por criar y propagar la avispa.
Existen alternativas químicas para combatir la plaga, pero son ineficaces y costosas, dijo Madougou Garba, quien dirige los estudios sobre insectos en la Dirección General de Protección Vegetal de Níger.
Cada año, más de 2 millones de hectáreas (5 millones de acres) de cultivos de mijo en todo el país son vulnerables a la plaga, dijo Garba.

«Aterrador»
Hima mantiene su preciado cultivo de mijo a poca distancia de su casa: sus 6 hectáreas están frente a su amplia vivienda de adobe, rodeada por un muro, donde 13 personas —sus dos esposas y 11 hijos— dependen de la cosecha para tener comida en la mesa.
Pero la escasez de lluvias hizo que 2017 fuera un año especialmente propicio para la plaga, dijo Salifou Ousmane, director de agricultura del departamento de Balleyara, que incluye Borgo Beri.
«Eso le indica a esta oruga: “Tengo que empezar a trabajar, tengo que empezar a pensar en prepararme para la posteridad”», dijo.
Para Hima, el rey del mijo, de 57 años, fue aterrador.
Su cosecha cayó de un máximo de 2.750 kg (6.000 lb) de mijo a 550 kg. El orgulloso agricultor tuvo que vender casi todas sus ovejas y vacas para comprar el grano necesario para una temporada, que suele importarse del vecino Benín.
Es «muy probable» que el empeoramiento de las sequías explique la propagación de la plaga, ya que ambas suelen estar relacionadas en la región, dijo Amadou Mahamadou Laouali, agrónomo de CRS, quien afirmó no conocer estudios sobre el tema.
Según las autoridades locales, las precipitaciones en Balleyara se han reducido a la mitad desde la década de 1980.
Laboratorio local
Los habitantes recuerdan que en 2017, cuando atacó la plaga, las polillas en las que se convierten las orugas estaban por todas partes.
Si aquel año hubiera afectado a otro cultivo local, la moringa, «podríamos haber muerto», dijo Aissa Bale Bale, una agricultora de 70 años que guarda amargos recuerdos del reciente festín del gusano.
Ese año, sus nueve hijos perdieron peso porque tuvieron que racionar la comida, dijo. Y este año habría pasado por la misma penuria de no haber sido por su vecino Ousseini Soumana, de 51 años, afirmó.
Soumana no pierde la sonrisa, pero este año ha librado una implacable guerra biológica contra el minador de la espiga del mijo.
Es uno de los 69 agricultores formados por CRS en el marco de un programa financiado por el Gobierno británico llamado Building Resilience and Adaptation to Climate Extremes and Disasters (BRACED).
En una choza de adobe, mostró con la seguridad de un químico su equipo de alta tecnología —placas de Petri, tubos de ensayo y una lupa plegable fabricada en Suiza—, con el que crió este año su primer ejército de avispas Habrobracon hebetor.
Las autoridades de Níger proporcionan el insecto gratis a los agricultores de mijo, dijo Ousmane, director de agricultura del departamento de Balleyara, pero los trámites administrativos para recibirlo hacen que a veces llegue tarde.
El proyecto BRACED buscaba ayudar a los agricultores de esta aldea y de otras 20 a criar las avispas que devoran las orugas y venderlas en bolsas de yute listas para usar, como forma de complementar sus ingresos y proteger a sus comunidades.
Cada bolsa puede eliminar el minador de la espiga de los campos de mijo en un radio de 3 a 6 millas (5 a 10 km).
Sin embargo, los agricultores recibieron formación una sola vez en cada aldea seleccionada, por lo que solo un centro logró criar suficientes avispas para venderlas a otros, dijo Ibrahim Bakoye, otro agrónomo de CRS.
BRACED, en colaboración con funcionarios del Gobierno, también distribuyó unas 1.500 bolsas de avispas desde 2017, antes de que el programa multinacional, dotado con 180 millones de dólares, concluyera en septiembre, dijo.
«Ese es un poco el problema», añadió. «Por lo general, lo que ocurre es que justo cuando la gente empieza a generar algo, el proyecto termina».
En su húmeda oficina, Ousmane dijo que los gobiernos entienden que los programas de ayuda no continúan indefinidamente. Pero ahora los agricultores «tendrán menos recursos», afirmó.
En Borgo Beri, donde hasta ahora solo han criado avispas suficientes para uso propio, Soumana vio el comienzo de una nueva era para su comunidad, que gracias a él sabe cómo remediar el mal del mijo.
«Si Dios quiere, continuaré con el trabajo», dijo.
En cuanto a su papel para mantener al rey del mijo, Hima, en su trono al proteger la cosecha de este año, «me debe una», bromeó Soumana.




