En todo el planeta hay extensas zonas verdes que funcionan como poderosos pulmones para todos nosotros.
Los bosques cubren un tercio de la superficie terrestre del mundo. Desempeñan un papel crucial en la lucha continua contra los efectos del cambio climático. Absorben contaminantes nocivos, regulan el flujo de las aguas y sostienen los hábitats de plantas y animales migratorios.
Pero están amenazados. Desde 1990, el planeta ha perdido 1,3 millones de kilómetros cuadrados de cobertura arbórea –una superficie mayor que Sudáfrica– a causa de la deforestación para la producción de productos forestales y de papel, y para la agricultura, según el Banco Mundial.
Cuando se destruyen los árboles, los gases de efecto invernadero se liberan a la atmósfera. En la Amazonía, los incendios recientes han liberado 228 megatoneladas de dióxido de carbono. Extensas áreas de la selva tropical arden en Brasil, país que ha registrado el mayor número de incendios en agosto desde 2010.
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Proteger este recurso esencial y evitar una mayor deforestación podría reducir las emisiones de CO2 hasta en 4.000 millones de toneladas al año –lo equivalente a retirar de la circulación la mitad de los automóviles del mundo–, según la Alianza para los Bosques Tropicales, una iniciativa alojada por el Foro Económico Mundial que trabaja con gobiernos y empresas para abordar el problema.
En cada uno de los 10 países con mayor cobertura forestal del mundo, los bosques representan un porcentaje enorme de la superficie terrestre, desde poco menos de tres cuartas partes en Papúa Nueva Guinea hasta más del 98 % en Surinam, en América del Sur.
Veamos cómo los tres países con la cobertura arbórea más densa del mundo trabajan para preservar uno de los recursos más valiosos del planeta.

Surinam: ecoturismo
Más del 98 % de esta antigua colonia neerlandesa, situada en la costa noreste de América del Sur, está cubierta por selva tropical: un paisaje extraordinario y exuberante que atrae a viajeros audaces, pero que requiere una gestión cuidadosa para compensar el posible impacto de actividades como la minería de oro y la tala.
La deforestación excesiva podría dañar los delicados ecosistemas del país y alterar el suministro de alimentos de las comunidades indígenas.
Como parte de una estrategia a largo plazo para el turismo sostenible, el Gobierno de Surinam ha trabajado con ONG y comunidades locales para proteger sus selvas tropicales vírgenes y sus recursos de agua dulce, mediante iniciativas como el Corredor de Conservación del Sur de Surinam.
Desde la creación de la Reserva Natural Central de Surinam, de 1,6 millones de hectáreas, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2000, el ecoturismo se ha convertido en la tercera fuente de divisas extranjeras más importante del país.

Micronesia: agricultura sostenible
Repartidos a lo largo de 1,6 millones de kilómetros cuadrados del océano Pacífico, los Estados Federados de Micronesia (FSM) están formados por más de 600 islas, divididas entre cuatro estados: Yap, Chuuk, Kosrae y Pohnpei.
Cerca del 92 % de las islas están cubiertas de bosques, en parte gracias al trabajo de organizaciones como The Conservation Society of Pohnpei (CSP), que promueve el desarrollo sostenible basado en la gestión de los recursos dirigida por las comunidades.
La CSP llevó a cabo en Pohnpei una campaña educativa denominada «Grow Low», para concienciar sobre los peligros de la deforestación en las zonas altas de las cuencas hidrográficas, donde los agricultores talaban y sembraban para satisfacer la intensa demanda de kava, una bebida popular con propiedades sedantes.
Se ha enseñado a los agricultores técnicas más eficaces para cultivar sus cosechas en las tierras bajas y se les han entregado plántulas para iniciar sus nuevas explotaciones, lo que ha supuesto una reducción del 70 % en los nuevos desmontes de kava en las zonas altas.
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Gabón: salvar al elefante del bosque
La mayor concentración de elefantes de bosque del mundo vive en la nación centroafricana de Gabón, cuyo 90 % está cubierto de árboles.
Hasta hace poco, los animales se enfrentaban a una amenaza existencial por parte de los cazadores furtivos, con más de 25 000 elefantes del Parque Nacional de Minkébé, que se cree que fueron matados por sus colmillos de marfil entre 2004 y 2014.
No solo los elefantes están en peligro, también lo está el bosque, según John Poulsen, profesor adjunto de ecología tropical de la Escuela de Medio Ambiente Nicholas de la Universidad de Duke, quien describe a los animales como «ingenieros ecológicos», ya que dispersan las semillas de los árboles a grandes distancias y abren el sotobosque al comer o pisotear plantas de crecimiento lento.
Gabón está adoptando ahora medidas decisivas: en junio, el presidente Ali Bongo Ondimba nombró a un nuevo ministro de Bosques, el biólogo Lee White, cuyo compromiso de acabar con la caza furtiva contribuye a proteger tanto a los elefantes como los parques nacionales de Gabón en beneficio de las generaciones futuras.




