Tuscon, Arizona, tuvo este año su tercer monzón más lluvioso de la historia.
La predicción de los monzones se complica cada vez más debido al cambio climático, pero su importancia es evidente, ya que afecta a 20 millones de personas en el suroeste de Estados Unidos.
Los monzones son vitales para los ecosistemas, ya que favorecen el crecimiento de las plantas y proporcionan sustento a los animales.
Si nunca ha vivido en el suroeste de EE. UU. ni lo ha visitado, es posible que lo imagine como un desierto siempre caluroso y seco. Sin embargo, en esta región, a finales del verano, se produce un monzón que genera tormentas eléctricas y fenómenos meteorológicos severos, muy parecido a los famosos aguaceros de verano.
Y este año ha traído mucha lluvia.
Julio de 2021 fue el mes más lluvioso desde que se empezaron a registrar datos en el aeropuerto de Tucson (Arizona), en 1895, con 8,06 pulgadas (205 milímetros) de precipitación, lo que equivale al 70 % de lo que recibe la ciudad en un año promedio. El monzón de este año es el tercero más lluvioso de la historia de Tucson, con 12,80 pulgadas (325 milímetros) de lluvia.
Fue completamente lo contrario en 2020: Tucson tuvo un “no monzón” seco, con menos de 2 pulgadas de lluvia. Estas condiciones y temperaturas máximas récord que alimentaron la mayor temporada de incendios forestales de la última década en Arizona, incluido el incendio Bighorn, que arrasó más del 60 % del bosque de las montañas Catalina, al norte de Tucson.
Nuestro sistema de monzones afecta a unos 20 millones de personas en el suroeste. Como investigadores que estudian el agua y el clima, analizamos la predicción de los monzones, que se complica cada vez más debido al cambio climático. Comprender los monzones es fundamental para informar a las comunidades sobre sus beneficios y riesgos, y sobre cómo protegerse de efectos como las inundaciones repentinas.
De seco a húmedo
La palabra monzón procede del término árabe mausim, que significa estación. Su uso más tradicional describe el gran cambio de viento que, desde el océano, se dirige hacia el subcontinente indio y coincide con las intensas lluvias estivales de la zona. Pero los monzones también se producen en África, Australia y Sudamérica, así como en México y en el suroeste de EE. UU..
Las circulaciones monzónicas transportan aire cálido y húmedo desde el océano hacia el interior, lo que provoca lluvias durante la estación estival. En el suroeste, este patrón comienza cuando una zona de alta presión, denominada cresta monzónica, se forma sobre las zonas montañosas de México y se desplaza hacia el oeste de EE. UU.
En mayo y junio, cuando el centro de la cresta se sitúa directamente sobre la región, el suroeste es muy caluroso y seco. Las lluvias del monzón comienzan cuando el aire cálido y húmedo se desplaza hacia la región por el lado sur de la cresta. El monzón en Arizona comienza oficialmente el 15 de junio y termina el 30 de septiembre, y la mayor parte de las precipitaciones suele producirse en julio y agosto.
El monzón ha sido vital para los ecosistemas del suroeste durante miles de años. Muchas especies han evolucionado y se han adaptado para aprovechar las lluvias del monzón. Las primeras tormentas indican a las plantas de algodoncillo que deben florecer, lo que atrae a las mariposas para que pongan sus huevos. sapos de las Grandes Llanuras y renacuajos de manchas rojas inician sus ciclos reproductivos en charcos llenos de lluvia. Los frutos de cactus y los insectos proporcionan alimento a colibríes, palomas aliblancas y muchas otras aves y animales.
Inundaciones en el desierto
Las tormentas eléctricas del monzón se producen cuando las nubes se forman sobre las montañas durante el día, provocando lluvias por la tarde y a primeras horas de la noche. Crean peligros únicos y graves en el entorno desértico.
Las inundaciones repentinas se producen cuando el suelo seco no puede absorber con rapidez chubascos breves y de gran intensidad. Los cauces secos y las arroyadas (canales de drenaje que permanecen secos salvo durante las lluvias torrenciales) pueden convertirse en corrientes impetuosas en cuestión de minutos, lo bastante fuertes como para arrastrar coches y personas.
Las tormentas eléctricas intensas pueden generar microrráfagas, es decir, fuertes vientos de superficie que alcanzan rachas cercanas a la fuerza de un huracán. También pueden desencadenar tormentas de polvo conocidas como haboobs, enormes muros de polvo de una milla o más de altura que reducen la visibilidad a casi cero.
Las tormentas eléctricas secas y racheadas que anuncian el comienzo del monzón pueden iniciar y propagar incendios forestales. Una de estas tormentas provocó el tristemente célebre incendio de Yarnell Hill en junio de 2013, en el que murieron 19 bomberos. Las lluvias monzónicas sobre las cicatrices de los incendios pueden provocar flujos de lodo y escombros, agravando los daños iniciales del incendio forestal.
El patrón de circulación atmosférica en julio y agosto de 2021 fue especialmente favorable para un monzón activo y para fenómenos meteorológicos severos en el suroeste. La mayor parte del sur de Arizona sufrió lluvias torrenciales durante varios días y semanas. Estas tormentas provocaron inundaciones repentinas, vientos fuertes, tormentas de polvo, flujos de lodo y escombros y fuertes relámpagos. Los equipos de emergencia llevaron a cabo casi 100 rescates en aguas bravas en Tucson. Los meteorólogos de Phoenix emitieron más de 100 avisos de inundaciones repentinas en agosto.
El récord de monzón de este año también aportó beneficios. Repuso los suministros locales de agua en todo Arizona, estado que se encuentra en una sequía prolongada e intensa. En la cuenca de Tucson, el monzón generó caudales sostenidos en los afluentes del río Santa Cruz, lo que contribuyó a recargar las aguas subterráneas. Las reservas de agua aumentaron un 5 % en los embalses gestionados por el Salt River Project, que abastece de agua a más de 2 millones de personas en el centro de Arizona, mientras que en otras zonas del oeste las reservas están descendiendo a mínimos históricos.
Las lluvias del monzón también devolvieron la vida al desierto de Sonora, incluidas las zonas donde en 2020 el incendio Bighorn mató a miles de sahuaros.
El futuro del monzón
Predecir el monzón y cómo puede cambiar es complicado. Los modelos atmosféricos de alta resolución que simulan explícitamente tormentas individuales, incluido nuestro propio sistema regional de modelización de la Universidad de Arizona, han mejorado notablemente las previsiones meteorológicas diarias en las últimas décadas. Pero sigue siendo prácticamente imposible predecir con exactitud cuándo y dónde se producirán las tormentas en un día determinado.
También es prácticamente imposible pronosticar con meses de antelación la intensidad de las lluvias del monzón. Este año, las previsiones a largo plazo no empezaron a apuntar a un tiempo húmedo hasta mediados o finales de junio. El cambio climático está haciendo que las lluvias del monzón sean más extremas y variables, impulsadas por veranos más calurosos y caracterizadas por tormentas menos frecuentes pero más intensas.
Si los últimos años son indicativos, nuestra región ya está experimentando estos efectos, con olas de calor récord, incendios forestales cada vez más grandes y catastróficos, y un monzón prácticamente inexistente un año que después da lugar a lluvias récord y fenómenos meteorológicos severos al siguiente. Estos cambios están agravando la exposición de la población a los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en el suroeste.
La gran preocupación es si un monzón más extremo e irregular provocará un aumento de los puntos de fallo críticos, por ejemplo, infraestructuras de control de inundaciones que colapsen por lluvias intensas, o incendios forestales tan devastadores que los bosques no puedan recuperarse. Comprender con claridad este tipo de riesgos es fundamental para construir un futuro más resiliente y sostenible para el suroeste.



