El mijo es un cultivo nutritivo y resistente a la sequía que está recuperando protagonismo a medida que el cambio climático se convierte en un problema más apremiante.
Las Naciones Unidas han declarado 2023 Año Internacional del Mijo para dar a conocer el potencial de este cultivo.
El estado indio de Odisha lidera la promoción del mijo con una iniciativa estatal que ha duplicado la producción de mijo en el estado desde su puesta en marcha en 2017.
La promoción del mijo afronta retos, como la necesidad de informar a los consumidores sobre los beneficios de este cultivo y la escasez de opciones de mijo listas para consumir.
Montada en un scooter eléctrico rojo por las carreteras rurales del este de la India, Sanjulata Mahanta se ha convertido en una auténtica imagen del mijo desde que, hace tres años, sorprendió a sus vecinos al plantar este resistente cereal y obtener beneficios.
«Se reían de mí y decían que estaba cultivando hierba», declaró Mahanta, de 35 años, una mañana húmeda, mientras los agricultores de la aldea de Kaurikala, en el estado de Odisha, se reunían bajo un árbol para un taller sobre el mijo que combinaba historia, gastronomía y adaptación al cambio climático.
Mahanta ha ayudado ya a una docena de agricultoras a sembrar mijo, un alimento básico durante mucho tiempo en Asia y África, antes de que el arroz, el trigo y el maíz empezaran a ocupar su lugar en los campos y en los menús hace unas seis décadas.
Pero este cultivo olvidado está viviendo un resurgimiento mundial gracias a su alto valor nutricional y a su capacidad para crecer en tierras áridas, un atractivo fundamental a medida que el cambio climático provoca sequías más frecuentes e intensas.
Sentados bajo la sombra del árbol, a la espera de un monzón esquivo, los voluntarios picaban hojas de curri y chiles verdes en una masa de mijo para preparar buñuelos, mientras los organizadores destacaban sus beneficios para la dieta.
Cuando Bhanumati Mahanta, de 62 años, sembró mijo en su granja por primera vez el año pasado, no pretendía combatir los problemas que plantean las lluvias cada vez más irregulares de la región, sino garantizar que su difunto marido comiera de forma saludable para ayudarle con su diabetes.
«Mi marido me había animado a cultivar mijo, pero no llegó a ver la cosecha», explicó a la Fundación Thomson Reuters, mientras hundía un dedo en la tierra seca para trasplantar plántulas de mijo bajo el duro sol de la mañana.
«Durante décadas cultivamos arroz híbrido con fertilizantes y pesticidas. Consumíamos el mismo arroz. Ahora entiendo que todo era tóxico», añadió.
Una revolución agrícola en la década de 1960 impulsó políticas de apoyo al arroz y al trigo, así como su venta a precios garantizados, lo que redujo la participación del mijo en la cesta de granos de la India a alrededor del 6 % en la actualidad, frente al 20 % de los años cincuenta.
Pero el mijo se está presentando ahora como un cultivo salvador, ya que los impactos del cambio climático —entre ellos, el calor extremo, las sequías y las inundaciones, que pueden arrasar las cosechas, favorecer nuevas plagas y acelerar el desperdicio de alimentos— se están convirtiendo en una grave amenaza emergente para la seguridad alimentaria mundial.
Es necesario replantear el comercio, la ayuda y la especulación alimentarios, junto con formas de equilibrar la protección de la naturaleza, la agricultura y los cambios dietéticos inteligentes desde el punto de vista climático, en un mundo en el que un número creciente de personas padece hambre a pesar de que la producción alimentaria mundial es suficiente.
2023: el año del mijo
Con este objetivo en mente, la ONU declaró 2023 Año Internacional del Mijo, y este humilde cereal figuró en la cena vegetariana que la Casa Blanca ofreció al primer ministro indio, Narendra Modi, durante su visita en junio.
En Odisha, donde una iniciativa estatal promueve este cultivo, el mijo también está volviendo a las cocinas.
Un chef del moderno Bocca Cafe, en la capital del estado, Bhubaneshwar, ha sustituido el arroz por mijo integral en un plato de inspiración mexicana, mientras que en las reuniones gubernamentales se sirven galletas de mijo con el té.
De vuelta en la aldea de Kaurikala, Bhanumati Mahanta utiliza mijo para preparar unas gachas dulces, en sustitución del arroz que había venido utilizando hasta ahora.
Odisha no es uno de los principales estados productores de mijo de la India ni un gran consumidor como los estados del oeste y del sur; sin embargo, la Misión del Mijo de Odisha, puesta en marcha en 2017, está siendo imitada en otras partes del país y ha sido calificada de «ejemplo inspirador» por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Situado en la costa de la volátil bahía de Bengala, Odisha sufre con frecuencia ciclones, inundaciones y sequías que han afectado a vidas e ingresos, y que han alimentado la migración y el hambre.
La apuesta del estado por el mijo pretende proteger los ingresos de los agricultores, combatir la desnutrición y promover alternativas alimentarias saludables, y las autoridades citan una estrategia de «del tenedor a la granja» para fomentar la demanda de los consumidores necesaria para que los agricultores lo cultiven.
«Tenemos que explicar a la próxima generación que es bueno para el medioambiente y también para los agricultores», afirmó Arabinda Kumar Padhee, secretario principal del departamento de agricultura del estado de Odisha, que dirige la misión del mijo.
«Queremos revitalizar el mijo no solo en las granjas, sino también en los platos de los consumidores. Queremos que esté en su menú», declaró.
Iniciativas similares están echando raíces en Nigeria, el mayor productor de mijo de África, donde el gobierno ha incluido el biskin gero, un plato similar al cuscús que se sirve con una salsa de pescado picante, en los menús escolares de los niños de la región norte.
La India, el mayor productor de mijo del mundo, y Nigeria organizaron conjuntamente a principios de este año un festival gastronómico en la capital, Abuja, en el que se mostró el uso del cereal en recetas populares de ambos países, que comparten una historia común de consumo de mijo.
En Nigeria, el gobierno promueve el mijo como un cultivo «saludable, sostenible y resiliente» para combatir el hambre y la desnutrición en un país en el que, según las Naciones Unidas, al menos 25 millones de personas se enfrentan a una crisis alimentaria.
«Sabemos que este cultivo es nutritivo, inteligente y asequible. Todo el mundo debería conocer el valor de este cereal», afirmó Olusegun Adekunle, profesor de agricultura de la Universidad de Ilorin, en el oeste de Nigeria.
Mientras que un plato a base de arroz cuesta unos 500 nairas (0,65 dólares) por ración, una porción de comida de mijo cuesta solo 100 nairas, según explicó Adekunle.
Una tarea ardua
Sin embargo, en última instancia, el éxito de estas iniciativas depende de la disposición de los consumidores a sustituir la harina de trigo o de arroz refinada por mijos más granulosos, que siguen siendo poco populares en gran parte de la India, donde a veces se consideran aptos únicamente como forraje para animales.
En una escuela residencial de Odisha, los niños no se mostraron impresionados por las bolas de laddu dulces elaboradas con mijo que se les sirvieron como parte de las actividades de divulgación del proyecto del mijo.
«Probablemente sea la primera vez que intentamos recuperar los hábitos alimentarios de antaño. Ahora bien, esa es una tarea ardua, ya que el mijo intenta reemplazar a los alimentos básicos de cereales refinados, el arroz y el trigo», afirmó Sreenath Dixit, científico principal del Instituto Internacional de Investigación de Cultivos para los Trópicos Semiáridos.
En la tienda de mijo Select Fresh de Bhubaneshwar, su propietario, Sidhartha Rout, abrió una cafetería para presentar sándwiches y pastas de mijo y mejorar las ventas.
«Es difícil convencer a la gente de que coma mijo. Hace falta una revolución», declaró.
En Nigeria, el mijo también ocupa un lugar nostálgico en la historia culinaria, pero reinventar los platos tradicionales para adaptarlos a la vida moderna y a los paladares actuales podría resultar complicado.
En un evento para promover este cultivo en Lagos, la ciudad más grande de Nigeria, la profesora Sekinat Lawal recordó con cariño las gachas de mijo que preparaba su madre con leche fresca y jarabe de dátiles, así como el kunu, una bebida cremosa de mijo elaborada con cereales integrales.
Pero Lawal, que tiene dos hijos, afirmó que preparar estas recetas, que requieren mucho trabajo, supondría un reto, y lamentó la falta de opciones de mijo listas para consumir.
«Hay anuncios de fideos instantáneos en televisión con niños comiendo en una mesa. No veo lo mismo para los platos de mijo», afirmó.
A unas 5000 millas (8000 km) de Lagos, en el distrito de Keonjhar, en el este de la India, una cafetería de mijo gestionada por un grupo de autoayuda de mujeres, en unas instalaciones cedidas por el estado, intenta cubrir ese vacío y despertar el apetito por este cultivo.
«Nos gusta esta comida. Incluso traje a mi familia para probar estos platos», declaró el empleado bancario Sankarshan Khatua, mientras daba cuenta de un plato caliente de buñuelos de mijo con chutney.
«Pero no consigo encontrar mijo en las tiendas para preparar estos platos en casa», añadió Khatua.
Mientras los gobiernos promueven el «superalimento», la oferta en Odisha tiene dificultades para satisfacer la demanda.
La producción de mijo del estado se ha duplicado hasta alcanzar las 208 000 toneladas desde el lanzamiento del proyecto, y ofrece incentivos económicos de 26 000 rupias (314 dólares) durante un periodo de cinco años a los agricultores que cultiven este cereal.
Aun así, para muchos agricultores que no conocen el mijo, el arroz sigue pareciendo una opción más segura, según afirmaron los trabajadores de base de WASSAN (Watershed Support Services and Activities Network), una organización sin ánimo de lucro que ejecuta el proyecto del mijo para el gobierno de Odisha.
Las autoridades afirman que la producción pronto se equiparará a la creciente demanda, ya que los agricultores ven un mercado del mijo ya consolidado; una esperanza que comparten las personas que trabajan en las unidades de procesamiento de mijo creadas como parte del programa estatal.
«El trabajo se detiene de forma intermitente, por lo que nuestros pagos fluctúan», afirmó Yashoda Tanti, de 42 años, que trabaja en una planta de procesamiento de mijo en el distrito de Keonjhar, donde se encuentra Kaurikala.
«Solo queremos más trabajo», añadió.
Mientras las gotas de lluvia empezaban por fin a caer desde los plomizos cielos del monzón sobre Kaurikala, Bhanumati Mahanta afirmó que estaba decidida a continuar con el experimento de cultivo de mijo que su difunto marido había alentado.
«Cultivar mijo es un trabajo duro», dijo. «Pero lo hago para que mis hijos aprendan que así se cultiva comida sana.»




