El nadador de resistencia y Patrono de los Océanos de la ONU, Lewis Pugh, ha nadado 123 kilómetros a través del mar Rojo para concienciar sobre el impacto del cambio climático en los corales.
Programó la hazaña para coincidir con la COP27 y dijo a los líderes mundiales en la cumbre del clima de la ONU que «cada fracción de grado importa» en lo que respecta al calentamiento global.
Pugh habló con el Foro Económico Mundial tras completar su travesía y explicó los desafíos a los que se enfrentó y por qué es tan importante proteger los arrecifes de coral.
«Estaba mirando hacia abajo, a algunos de los arrecifes de coral más asombrosos del mundo. Había tortugas, mantarrayas, tiburones, pequeños peces dorados y grandes peces loro, y corales en morado, verde y amarillo. Es increíble. Pero corremos el riesgo de perder todo esto si seguimos como vamos».
Así lo afirma Lewis Pugh, el nadador de resistencia, que acaba de convertirse en la primera persona en cruzar a nado el mar Rojo, para visibilizar la difícil situación de los océanos y, en particular, de los arrecifes de coral, que son los «viveros del océano».
Programada para coincidir con la cumbre del clima de la ONU COP27 en Sharm el-Sheij, Pugh, Patrono de los Océanos de la ONU, nadó 123 kilómetros en 16 días desde la isla de Tiran, en Arabia Saudita, y a lo largo de toda la costa del centro turístico que acoge la cumbre, hasta Hurghada, en el lado opuesto del mar Rojo, en Egipto.
Soportó fuertes vientos durante 10 días y se encontró con tiburones y portacontenedores en las rutas marítimas que conducen al canal de Suez, pero también nadó a través del Área Marina Protegida del Parque Nacional de Ras Mohammed.
El año pasado, Pugh habló con el Foro Económico Mundial tras completar una exigente travesía de 12 días a nado por el fiordo de Ilulissat, en Groenlandia. Aquí explica cómo fue la travesía a nado del mar Rojo y su mensaje a los líderes de la COP27.
¿En qué se diferenciaron las dos experiencias?
Cuando nadaba en el Ártico, en Groenlandia, el agua estaba a unos cero grados centígrados. Es increíblemente fría. Y cuando nadas en el mar Rojo, el agua es muy cálida, a veces cerca de 30 grados centígrados. Los riesgos en el Ártico son que te dé hipotermia y en el mar Rojo te arriesgas a lo contrario: hipertermia. Ese era el principal peligro. El agua cálida te roba toda la fuerza y la energía. Las vistas son asombrosas, pero en realidad te lo quita todo.
¿Por qué elegiste el mar Rojo para tu siguiente desafío?
Considero que las regiones polares y los arrecifes de coral son los dos epicentros de la crisis climática: es muy evidente. He pasado 35 años nadando en los océanos del mundo y estos son los dos lugares donde vemos que la crisis climática avanza tan rápidamente. En el Ártico veo glaciares que se derriten, la capa de hielo de Groenlandia que se funde y cada vez menos hielo marino en el Ártico.
¿Cuáles fueron los desafíos más difíciles a los que tuviste que enfrentarte?
No solo lidiamos con aguas muy cálidas y tiburones, sino que además tuve que cruzar una ruta marítima muy transitada, con petroleros y portacontenedores delante de nosotros en todo momento, y el viento era implacable. Día tras día soplaba de costado, de modo que las olas me golpeaban y me retorcían el cuerpo hacia atrás y hacia delante. Me despertaba por la mañana, abría la puerta de mi camarote y pensaba: «Oh, no, otro día más de viento», durante 10 días seguidos. Eso es lo que lo hace tan difícil, porque el viento se canaliza por el golfo de Aqaba y el golfo de Suez, y no hay forma de evitarlo.
¿Cuál fue tu mensaje a los líderes de la COP27?
Fue una oportunidad magnífica, porque ahora podía llevar a los líderes mundiales al lugar del crimen. Mi mensaje ha sido: «Por favor, salgan de la sala de conferencias, bajen a la playa, metan la cabeza en el agua y vean lo que arriesgamos si seguimos por la trayectoria que llevamos». Estos arrecifes de coral se encuentran entre los más resistentes del mundo. Pero la ciencia es muy clara. Si calentamos el planeta 1,5 grados centígrados, perderemos el 70 % de los corales. Si calentamos el planeta 2 grados centígrados, perdemos el 99 % de los corales del mundo. Y actualmente vamos camino de superar con creces esa cifra. Por eso, cada fracción de grado cuenta.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial por el océano?
¿Por qué son tan importantes los arrecifes de coral?
Los arrecifes de coral son los viveros de los océanos. Un cuarto de la vida en nuestros océanos habita en los corales. Esta sería la primera vez en la historia de la humanidad que corremos el riesgo de perder un ecosistema entero. Acudo a las conferencias de la COP, escucho los debates y la gente dice: «Bueno, ya sabes, quizá podamos detenerlo en 2 grados centígrados o quizá en 2,5 grados», como si estas diferencias no importaran. Mira lo que está sucediendo ahora, y solo hemos calentado el planeta unos 1,2 grados. Mira los incendios forestales en Europa. Mira lo que pasó en Pakistán. Más de 50 millones de personas se quedaron sin hogar. Por tanto, hay una urgencia, y se transmite a través de lo que está ocurriendo aquí abajo, en los arrecifes de coral del mundo.
¿Qué respuesta has recibido hasta ahora y qué más debe hacerse?
No creo que mucha gente se diera cuenta de lo que perderíamos. Hablo solo de lo que está ocurriendo en los océanos y los arrecifes de coral. Pero todos ellos están en puntos de inflexión: las regiones polares, los bosques, los arrecifes de coral, las aves, los insectos. Y el impacto acumulado de todos estos puntos de inflexión es profundamente preocupante. El glaciar de Ilulissat, en Groenlandia, se mueve ahora a una velocidad de 40 m por día en verano. Cada año tenemos más tormentas, más inundaciones y más sequías. Es casi como si los glaciares se movieran ahora más deprisa que nuestros líderes mundiales. Por eso nuestra respuesta tiene que ser mucho más rápida y mucho más urgente.
Hace tiempo que deberíamos haber dejado de hablar interminablemente de las cosas. Sí, necesitamos planificar y prepararnos. Necesitamos objetivos a corto, medio y largo plazo. Ahora necesitamos resultados. Creo que esto es lo que frustra a la gente y, sobre todo, a los jóvenes. En mi expedición, había varias personas que rondaban los veinte años. No habían nacido cuando comenzaron estos debates y están indignadas. Se sienten profundamente decepcionadas porque no hemos cumplido. Y ven el futuro como algo extremadamente sombrío. Tenemos que dar la vuelta al barco y necesitamos que todos colaboremos. Líderes empresariales, líderes políticos, líderes religiosos y líderes comunitarios de todos los sectores de la sociedad.
Todos tenemos que arrimar el hombro. Esto va a afectar a cada persona del planeta. Afectará a todas las generaciones futuras y a todo el reino animal. Cuando cruzas el mar Rojo y ves todas estas especies animales, todos estos peces tropicales, hay muchísimos. Pero somos la única especie animal de este planeta con capacidad para destruirlos a todos. Y está ocurriendo en una sola generación.
¿Has visto algo que te dé motivos para la esperanza?
Cada vez que acudo a la COP me preguntan constantemente: «¿Tienes esperanza?». La esperanza es una palabra peligrosa, porque lleva a renunciar a la responsabilidad. Uno espera que otro gobierno vaya a reducir sus emisiones, a dejar de contaminar el medio ambiente. Tenemos que ganarnos la esperanza, y la ganamos actuando cada día. Quiero que los líderes mundiales se despierten cada mañana y se hagan una pregunta muy sencilla: «¿Qué puedo hacer hoy para ayudar a resolver esta crisis?». Y entonces hay que emprender esa acción hoy mismo. Si eres líder mundial, te enfrentas a muchos problemas distintos. Y si no puedes ocuparte de ello hoy, mañana tendrás que hacer doble turno, porque de lo contrario esta crisis nos superará. Tengo 52 años y, en mi vida, hemos perdido casi el 70 % de la fauna silvestre del mundo. Es una situación desesperada.
¿Cuál fue la parte más peligrosa de la travesía?
Cuando cruzas el mar Rojo, tienes que atravesar una ruta marítima por la que pasan en convoy todos los barcos que van y vienen del canal de Suez. Es muy difícil calcular la velocidad de un barco, sobre todo con mar agitada. Nadé todo lo rápido que pude junto a un portacontenedores, sin darme cuenta de que, al otro lado, otro barco nos estaba adelantando. De repente me vi atrapado en medio y, mientras sucedía, un tiburón pasó por debajo de nosotros. Por suerte, mi equipo vio al tiburón, yo subí a la embarcación y luego pasaron a mi lado aquellos grandes portacontenedores.
Me encantan los tiburones. Cuando ves un tiburón, es señal de que el océano está sano, y son fundamentales en el ecosistema. Pero, obviamente, cuando estás nadando no quieres tener tiburones demasiado cerca. En el mar Rojo hay unas 40 especies diferentes de tiburones, y cuatro de ellas hay que tenerlas muy en cuenta: el tiburón martillo, el tiburón oceánico de puntas blancas, el tiburón oceánico de puntas negras y el tiburón tigre. Y este era un tiburón martillo. Fue uno de esos momentos que nunca olvidarás en tu vida.
¿Qué tiene de especial el coral del mar Rojo?
Si observas la geografía del mar Rojo, es muy largo y casi cerrado. Tiene aguas increíblemente cálidas que a veces superan con creces los 30 grados; por eso, si llevaras coral de otras partes del mundo, por ejemplo, la Gran Barrera de Coral, y lo colocaras en la temperatura del mar Rojo, moriría de inmediato. Pero, a lo largo de milenios, este coral ha aprendido a adaptarse a las aguas cálidas. Los científicos creen que, con las trayectorias actuales, este será el último coral que quedará con vida. Por eso es tan importante que protejamos este coral. He instado al gobierno egipcio a ampliar las zonas protegidas a lo largo de esta parte del mar Rojo.
Cuando crucé a nado el Parque Nacional de Ras Mohammed, el contraste fue enorme. Mientras daba una brazada, miré hacia arriba y, en tierra, solo hay desierto árido y hace muchísimo calor. Metes la cabeza en el agua y debajo hay muchísima vida, y los colores son muy vivos. Me demostró lo fundamentales que son estas áreas marinas protegidas. He instado a los líderes mundiales a mantener este compromiso de proteger al menos el 30 % de los océanos del mundo para 2030. Hasta ahora, unas 120 naciones han asumido este compromiso, más de la mitad del mundo. Pero necesitamos que se sumen todas las naciones restantes.








