Restaurar los bosques del mundo a una escala sin precedentes es «la mejor solución disponible frente al cambio climático», según un nuevo estudio. Los investigadores afirman que cubrir con árboles 900 millones de hectáreas de terreno (aproximadamente el tamaño de la parte continental de EE. UU.) podría almacenar hasta 205 000 millones de toneladas de carbono, cerca de dos tercios del carbono que la humanidad ya ha emitido a la atmósfera.
Aunque la mejor solución al cambio climático sigue siendo dejar los combustibles fósiles bajo tierra, este siglo seguiremos necesitando extraer dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera si queremos mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 ˚C. Por tanto, la idea de reforestar gran parte del mundo no es tan descabellada como parece.
Desde el alba de la agricultura, los humanos han talado tres billones de árboles (aproximadamente la mitad de los árboles de la Tierra). Ya son 43 los países que se han comprometido a restaurar 292 millones de hectáreas de tierras degradadas con bosques en todo el mundo. Es una superficie diez veces mayor que el Reino Unido. Pero lo que propone el nuevo estudio es reforestar algo así como diez veces esa cantidad.
La renaturalización de hábitats y la reforestación podrían resultar más fáciles en el futuro, ya que el mundo ya se está volviendo más salvaje en muchas zonas. Puede parecer una predicción extraña, dado que la población mundial crecerá de 7700 millones a 10 000 millones en 2050, pero para entonces casi el 70 % de las personas vivirán en ciudades y habrán abandonado las zonas rurales, lo que las convertirá en candidatas idóneas para la restauración. En Europa, ya 2,2 millones de hectáreas de bosque volvieron a crecer cada año entre 2000 y 2015, y la superficie forestal de España ha pasado del 8 % del territorio del país en 1900 al 25 % actual.
La reforestación masiva no es un sueño imposible y puede tener beneficios reales para las personas. A finales de los años noventa, el deterioro ambiental en China se volvió crítico, con vastas zonas que se asemejaban al Dust Bowl del Medio Oeste estadounidense en los años treinta. Se pusieron en marcha seis programas ambiciosos que tenían como objetivo reforestar más de 100 millones de hectáreas.
Grain for Green es el más grande y el más conocido de estos. Redujo la erosión del suelo y estabilizó los patrones de precipitación locales. El programa, que sigue en marcha, también ha contribuido a aliviar la pobreza al realizar pagos directamente a los agricultores que dejaron sus tierras para la reforestación.
Mejor aún, el nuevo estudio sugiere que recuperar 900 millones de hectáreas de bosque no afectaría a nuestra capacidad para reservar tierras para el cultivo de alimentos. Esto es sin duda posible y coincide con otras estimaciones. La reforestación incluso podría aumentar la producción de las tierras agrícolas, como se comprobó en China cuando, tras el regreso de los bosques, las lluvias se estabilizaron y el suelo se volvió más fértil.
No hay solución sin reducción de emisiones
Sin embargo, deberían existir más reservas sobre la cantidad de CO₂ que podrían almacenar 900 millones de hectáreas de nuevo bosque. El artículo insiste en 205 000 millones de toneladas de carbono, pero esta cifra parece demasiado alta en comparación con estudios anteriores o modelos climáticos. Los autores han pasado por alto el carbono que ya está almacenado en la vegetación y el suelo de las tierras degradadas que sus nuevos bosques reemplazarían. La cantidad de carbono que la reforestación podría fijar es la diferencia entre ambas cifras.
Los bosques maduros pueden almacenar mucho carbono, pero esa capacidad solo se alcanza tras cientos de años, no tras un par de décadas de crecimiento de nuevos bosques, como supone este estudio. La estimación más reciente del IPCC sugiere que los nuevos bosques podrían almacenar, de media, 57 000 millones de toneladas adicionales de carbono para finales de siglo. Sigue siendo una cifra enorme y podría absorber aproximadamente una sexta parte del carbono que ya hay en la atmósfera, pero la reforestación debería considerarse una solución más entre muchas frente al cambio climático.
Aun si el calentamiento se estabiliza en 1,5 ˚C, el estudio indica que una quinta parte de las tierras propuestas para la reforestación podría resultar demasiado caliente para el crecimiento de nuevos bosques en 2050. Pero esta preocupación ignora el papel de la fertilización por dióxido de carbono (cuando hay mayores niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, la fotosíntesis es más eficiente, lo que significa que las plantas necesitan menos agua y pueden seguir siendo productivas a temperaturas más altas). Hoy en día, la amenaza más inmediata para los bosques tropicales es la deforestación provocada por las personas
y los incendios que provocan y que se descontrolan, y no los efectos más sutiles del aumento de las temperaturas.
Reforestar una superficie del tamaño de EE. UU. tendría enormes beneficios para los entornos locales y almacenaría una gran cantidad de las emisiones de carbono de origen humano. Sin embargo, no sustituye a la reducción de esas emisiones de carbono.
Aunque el mundo reduzca sus emisiones de carbono a cero en 2050, seguirán siendo necesarias emisiones globales negativas durante el resto del siglo: extraer CO₂ de la atmósfera para estabilizar el calentamiento global en 1,5 ˚C. La reforestación es esencial para generar emisiones negativas, no para reducir la cantidad de carbono que la humanidad sigue emitiendo.
Hay otro inconveniente. La reforestación masiva solo funciona si la cubierta forestal actual del mundo se mantiene y aumenta. La deforestación de la Amazonía (la selva tropical más grande del mundo) ha aumentado desde que llegó al poder el nuevo presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro. Las estimaciones actuales sugieren que se están talando superficies de selva tropical del tamaño de un campo de fútbol cada minuto.
Será difícil, pero la sociedad debe proteger los bosques que tenemos y proteger los nuevos bosques de forma perpetua, para mantener el carbono secuestrado de forma permanente en los árboles y fuera de la atmósfera.









