Las temperaturas de julio de 2016, 2019 y 2020 fueron las más altas jamás registradas.
La última plataforma de hielo completamente intacta del Ártico canadiense se derrumbó durante la ola de calor de julio.
El cambio climático podría duplicar, hacia la segunda mitad del siglo, la superficie de Europa central afectada por sequías severas.
El mes de julio que acaba de terminar fue el tercero más cálido jamás registrado, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus. Esto no es el resultado de una ola de calor aislada ni de un frente meteorológico excepcional, sino parte de una tendencia alarmante que ha registrado tres de los meses de julio más cálidos jamás registrados –con un pico en 2016, seguido de 2019– en los últimos cinco años.
Junio de 2020 registró, junto con 2019, las temperaturas medias más altas para este mes. Ambos junios tuvieron temperaturas medias globales 0,5 °C por encima de la media de 1981-2010.
En las regiones más templadas del mundo, los veranos más calurosos son motivo de preocupación. Pero ¿qué ocurre cuando los veranos se vuelven aún más calurosos en lugares que ya son muy cálidos?
Demasiado calor para sobrevivir sin aire acondicionado
Este verano, la capital de Irak, Bagdad ha soportado algunos de los días más calurosos jamás registrados, con temperaturas superiores a 50 °C, durante una ola de calor que ha afectado a gran parte de Oriente Medio. Aunque la región está acostumbrada al clima cálido, países como Israel y Líbano han experimentado extremos de calor inusuales, una señal de lo que está por venir a medida que el cambio climático sigue calentando el planeta.
La humanidad podría enfrentarse a un futuro que sea demasiado caluroso para sobrevivir sin aire acondicionado. La exposición al calor extremo puede someter al cuerpo a un estrés tal que los órganos dejan de funcionar, lo que supone condiciones potencialmente mortales para muchas personas que viven en países en desarrollo.
Pero el clima cálido es solo una parte de la historia de la crisis climática.
El calentamiento de las temperaturas hace que los fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, tormentas y sequías, sean más probables y potencialmente más intensos.
El calentamiento de las temperaturas podría hacer que las sequías extremas sean hasta siete veces más probables, según nuevas investigaciones. Esto significa que la superficie de tierras de cultivo afectadas por sequías extremas en Europa central podría duplicarse en la segunda mitad de este siglo, hasta superar los 40 millones de hectáreas (aproximadamente 400.000 kilómetros cuadrados), según informó The Guardian.
Utilizando datos de precipitación y temperatura de registros que se remontan hasta 1766 para alimentar modelos informáticos de cambio climático, investigadores del Centro Helmholtz UFZ de Investigación Ambiental, en la ciudad alemana de Leipzig, pronosticaron que las reducciones moderadas de las emisiones de gases de efecto invernadero podrían reducir en un 40 % la superficie de Europa central afectada por la sequía.
Islas que se hunden
En las gélidas regiones salvajes del norte remoto de Canadá, la amenaza de las sequías no es una preocupación, pero la región no se ve menos afectada por el cambio climático.
En la periferia de la isla de Ellesmere se encuentra la plataforma de hielo Milne, la última plataforma de hielo completamente intacta del Ártico canadiense. El calor extremo de julio provocó que dos quintos de esta maravilla natural se fracturaran en tan solo dos días.
“Esta era la mayor plataforma de hielo intacta que quedaba, y prácticamente se ha desintegrado”, afirmó Luke Copland, glaciólogo de la Universidad de Ottawa, en Canadá, en declaraciones a Reuters, explicando que las temperaturas estivales en el Ártico canadiense este año se elevaron 5 °C por encima de la media de 30 años.
“Te sientes como si estuvieras en una isla que se hunde persiguiendo estos elementos, y son elementos de gran tamaño. No es como si fuera un pequeño trozo de hielo que encuentras en tu jardín.”

Las temperaturas extremas de julio han afectado a toda la región ártica, que, según los científicos, se calienta más del doble de rápido que el resto del planeta. El deshielo estival de 2020 produjo la menor cobertura de hielo registrada para el mes de julio desde que se iniciaron los registros en 1981.
Aunque el impacto del calentamiento global es evidente, todavía no es demasiado tarde para frenar las emisiones y abordar la crisis climática, pero se necesita una acción urgente para acelerar el camino hacia las emisiones netas cero.



