Lo que Biden y Kerry podrían significar para el futuro de la acción contra el cambio climático

Democratic 2020 U.S. presidential candidate and former U.S. Vice President Joe Biden shakes hands with former 2004 Democratic presidential nominee John Kerry during a campaign event in Cedar Rapids, Iowa, U.S., December 6, 2019. REUTERS/Shannon Stapleton TPX IMAGES OF THE DAY - RC2TPD9I1RPI
Kerry’s decades of experience may give him a chance of making real progress.Image: REUTERS/Shannon Stapleton TPX IMAGES OF THE DAY - RC2TPD9I1RPI
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  • La administración Trump revirtió muchas políticas sobre el cambio climático, en particular al retirarse del Acuerdo de París.

  • El presidente electo Joe Biden ha seleccionado a John Kerry como su enviado para el clima.

  • John Kerry contribuyó a forjar el Acuerdo de París y amplió la reputación de Estados Unidos como líder climático, la cual planea restablecer.

John Kerry ayudó a incorporar al mundo al acuerdo climático de París y amplió la reputación de Estados Unidos como líder climático. Esa reputación está hoy en ruinas, y el presidente electo Joe Biden le pide a Kerry que la reconstruya una vez más, esta vez como enviado para el clima, un cargo que Biden planea incluir en el Consejo de Seguridad Nacional.

No será fácil, pero las décadas de experiencia de Kerry y las relaciones internacionales que forjó como senador y secretario de Estado pueden darle la oportunidad de lograr avances reales, sobre todo si ese trabajo se lleva a cabo con el espíritu de reparar relaciones en lugar de “señalar y avergonzar” a otros países.

Durante los últimos cuatro años, la administración Trump sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre el cambio climático, revirtió políticas diseñadas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y trató de impedir cualquier debate sobre el cambio climático en cumbres internacionales como las del G-7 y el G-20.

Mientras tanto, la comunidad internacional avanzó en gran medida. Muchos países y regiones se han comprometido a orientar sus economías hacia “cero neto” de emisiones de gases de efecto invernadero a mediados de siglo, incluidos China, la Unión Europea, Corea del Sur y Japón. Un número creciente de ciudades y estados se han fijado objetivos similares. La línea dura de Trump puede incluso haber envalentonado a algunos, en particular a China, a hacer tales anuncios.

Lo que importa ahora es que esos compromisos se implementen, y eso requerirá liderazgo, planificación detallada y una diplomacia cuidadosa. La conferencia climática de la ONU de noviembre de 2021 será especial. Será la primera vez que los países evalúen sus avances en el Acuerdo de París, y se espera que refuercen sus compromisos. Biden ya ha anunciado que devolverá a Estados Unidos al acuerdo en cuanto asuma el cargo.

Como especialistas en energía y política que llevan más de dos décadas participando en la política climática internacional, hemos observado cómo los países respondieron a la participación de Estados Unidos y cómo la confianza en la capacidad de Estados Unidos para liderar el mundo se debilitó durante los últimos cuatro años.

Estados Unidos es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo después de China. También es el mayor emisor histórico. Las acciones nacionales concretas para reducir esas emisiones serán fundamentales para recuperar la confianza y la posición en el escenario mundial.

La energía está en el centro del desafío climático

Los efectos del cambio climático ya son evidentes en todo el planeta, desde olas de calor extremo hasta el aumento del nivel del mar. Pero, aunque el desafío es abrumador, hay esperanza. La energía solar y eólica se han convertido en las formas de generación de energía más baratas del mundo, y el progreso tecnológico y la innovación avanzan a buen ritmo para respaldar la transición hacia una energía limpia.

En Estados Unidos, con una administración Biden, la legislación climática nacional a largo plazo dependerá de quién controle el Senado, algo que no quedará claro hasta después de dos elecciones de segunda vuelta en Georgia en enero.

Pero no faltan ideas sobre las formas en que Biden podría seguir actuando incluso si sus propuestas son bloqueadas en el Congreso. Por ejemplo, podría usar órdenes ejecutivas y dirigir a las agencias gubernamentales para endurecer las regulaciones sobre las emisiones de gases de efecto invernadero; aumentar la investigación y el desarrollo en tecnologías de energía limpia; y facultar a los estados para superar las normas nacionales, como hizo California en el pasado con las normas de emisiones de los automóviles. Centrarse en una transición justa y equitativa para las comunidades y personas afectadas por el declive de los combustibles fósiles también será clave para crear una transición sostenible.

Al firmar el tratado climático de París, el entonces secretario de Estado John Kerry sostenía a su nieta en brazos.Image: Foto: AP/Mark Lennihan

La posición de Estados Unidos como mayor productor y consumidor de petróleo y gas del mundo plantea desafíos políticos para cualquier administración. Las incursiones de Estados Unidos en la seguridad energética europea suelen verse con recelo. Recientemente, Francia bloqueó un contrato multimillonario en dólares para comprar gas natural licuado estadounidense debido a preocupaciones por la limitada normativa de emisiones en Texas.

Fortalecer la cooperación y las alianzas con países de ideas afines será fundamental para lograr una transición hacia una energía más limpia, así como la sostenibilidad en la agricultura, la silvicultura, el agua y otros sectores de la economía mundial.

Cómo crear una transición sostenible a nivel mundial

La forma en que el mundo se recupere de los daños económicos de la COVID-19 podría impulsar un cambio duradero en la combinación energética mundial.

Casi un tercio del paquete europeo de alivio económico de 2 billones de US$ incluye inversiones que también son beneficiosas para el clima. La Unión Europea también está reforzando sus objetivos climáticos para 2030, aunque los planes energéticos y climáticos de cada país serán fundamentales para aplicarlos con éxito. El plan Biden –que incluye un compromiso de 2 billones de dólares para el desarrollo de energía e infraestructura sostenibles– se alinea con una transición energética global, pero su implementación también es incierta.

Una vez que Biden asuma el cargo, Kerry se unirá a las discusiones de alto nivel en curso sobre la transición energética en la Asamblea General de la ONU y otros foros de líderes internacionales. Con Estados Unidos ya no obstaculizando el trabajo en materia climática, el G-7 y el G-20 tienen más potencial para avanzar en energía y clima.

Todavía quedan por resolver muchos detalles técnicos, incluidos los marcos y normas de comercio internacional que pueden ayudar a los países a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero lo suficiente como para contener el calentamiento global. El precio del carbono y los impuestos de ajuste en frontera por carbono, que crean incentivos para que las empresas reduzcan sus emisiones, podrían formar parte de ello. También se necesitará un conjunto coherente e integral de planes nacionales de transición energética.

El cambio global hacia la energía limpia también tendrá implicaciones geopolíticas para los países y las regiones, y esto tendrá un impacto profundo en las relaciones internacionales más amplias. Kerry, con su experiencia como secretario de Estado en la administración Obama, y el plan de Biden de incluir el cargo de enviado para el clima en el Consejo de Seguridad Nacional, podrían ayudar a reparar estas relaciones. Al hacerlo, Estados Unidos podría volver a unirse a la comunidad más amplia de países dispuestos a liderar.

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