Es hora de la primera revolución industrial verde

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  • Más de 200 ciudades de todo el mundo cuentan con planes propios para reducir las emisiones.

  • Las medidas aisladas contra el cambio climático no bastan.

  • La tecnología 5G desempeñará un papel clave en la construcción de una economía más verde.

El invierno en Finlandia es espectacular. Sol radiante, calor como para llevar camiseta y tumbonas en todos los balcones.

Bueno, quizá no tanto. Pero vamos por buen camino.

El ritmo de calentamiento de Finlandia es aproximadamente el doble de la media mundial, una aceleración que está derritiendo la nieve, trastocando el turismo y amenazando la fauna autóctona.

En todas partes se están produciendo cambios similares.

Más tormentas de arena en Argelia.

Incendios devastadores en California.

Y aquí, en Davos, los Alpes ya están cambiando de forma por el deshielo, las lluvias más intensas y los desprendimientos de rocas.

El cambio climático es una realidad. Por eso, estamos obligados a actuar.

Se han logrado algunos avances. Por ejemplo, más de 200 ciudades de todo el mundo cuentan con planes propios para reducir las emisiones.

Pero lo cierto es que un enfoque fragmentario no es suficiente. Las crisis mundiales exigen respuestas mundiales.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial frente al cambio climático?

¿Y qué chispa podría unirnos y movilizarnos a todos, en un momento de incertidumbre social, económica y geopolítica? ¿En un momento en que la voluntad política de apostar por el multilateralismo parece escasa?

La respuesta es la Industria 4.0, impulsada por el 5G.

Tiene el poder de hacer que nuestra sociedad sea mucho más sostenible gracias a una triple revolución: en nuestras economías, nuestras industrias y nuestra conectividad.

La revolución económica

Las estimaciones recientes indican que «ecologizar» las ciudades del mundo, responsables de la mayoría de las emisiones de CO2, costaría aproximadamente el 2 % del PIB mundial.

Es una inversión enorme, sobre todo en un contexto en que las economías siguen siendo frágiles.

Para cambiar esto, hay que aumentar la productividad. En el pasado, los grandes saltos de productividad se debieron a que las tecnologías físicas alcanzaron un nuevo nivel de difusión o eficiencia.

Pensemos en principios de la década de 1950, cuando la sanidad, el transporte, la energía y las comunicaciones mejoraron casi al mismo tiempo.

A continuación llegó una década dorada en la que el crecimiento anual de la productividad se disparó un 33 %, y el nivel de vida y la esperanza de vida aumentaron de forma espectacular.

Hoy vemos que esas mismas tecnologías —la sanidad, el transporte, la energía y las comunicaciones— alcanzan nuevos niveles de eficiencia gracias a la digitalización.

Pensemos en la salud digital, con diagnósticos basados en IA. O en la energía digital, con redes inteligentes.

También asistimos a la llegada de una quinta tecnología transformadora: la industria avanzada, caracterizada por robots conectados en red y sistemas de control inteligentes.

En conjunto, estas redes digitalizadas sentarán las bases de una nueva era de productividad. Los datos apuntan a que comenzará en torno a 2028 en Estados Unidos, y después en China, India y otros lugares.

Cuando esto ocurra, prevemos que la productividad aumentará entre un 30 y un 35 %, lo que añadirá billones de dólares a la economía mundial y compensará con creces el coste de «ecologizar».

La revolución industrial

La segunda revolución es industrial. En pocas palabras, consiste en hacer que sectores enteros sean más productivos y generen menos residuos al mismo tiempo.

Pensemos en la agricultura. Alrededor del 40 % de los alimentos del mundo se cultiva con riego, lo que representa casi el 70 % de todo el consumo de agua dulce.

La Cuarta Revolución Industrial nos permite garantizar que las explotaciones agrícolas utilicen solo el agua que necesitan: ni más ni menos.

Por ejemplo, Nokia colaboró con un agricultor de melocotones en Argelia para enterrar sondas justo debajo de sus líneas de riego.

Las sondas recogían datos sobre la temperatura y la humedad del suelo, entre otros indicadores. El aprendizaje automático analizó estas mediciones, las cotejó con datos históricos de precipitaciones y las transmitió a las tuberías de riego, que liberaron la cantidad de agua necesaria para optimizar los nutrientes del suelo.

Al cabo de un mes, el agricultor pudo reducir un 40 % el consumo de agua por línea de riego y aumentar sus ingresos un 5 %.

En casi todos los sectores proliferan soluciones similares, sobre todo en las industrias físicas, que en cierta medida se han quedado rezagadas respecto a los avances tecnológicos anteriores.

La minería, por ejemplo. El Foro Económico Mundial estima que la Cuarta Revolución Industrial podría liberar más de 425.000 millones de dólares en valor en el sector minero de aquí a 2025. Al mismo tiempo, reduciría las emisiones de CO2 en nada menos que 610 millones de toneladas.

O la industria manufacturera, una de las beneficiarias más evidentes de la Cuarta Revolución Industrial, con un valor añadido potencial de casi 2,7 billones de dólares cada año.

Un estudio de 2014 estimó que, para 2025, los fabricantes podrían reducir las emisiones de CO2 hasta en 525,5 megatoneladas utilizando únicamente la impresión 3D.

Grandes avances. En todos los sectores.

La revolución de la conectividad

Y eso me lleva a la tercera revolución que se avecina: la conectividad.

Esta revolución, cuyo eje es el 5G, ya está echando raíces.

El 5G es ecológico por naturaleza. Su función «lean carrier» mejora la eficiencia espectral, lo que reduce hasta un 60 % el consumo de energía por bit.

Pero no solo cambiará el consumo de energía. También cambiarán los operadores.

La Cuarta Revolución Industrial los encaminará a ofrecer más servicios —y de mejor calidad— a las empresas. Serán soluciones a medida y de rápida evolución, capaces de respaldar las nuevas eficiencias que he mencionado antes y, al mismo tiempo, abrir un nuevo mercado potencial de alrededor de un billón de dólares para los operadores.

Ese es el camino hacia el crecimiento para los operadores y hacia una mayor productividad y sostenibilidad para las empresas.

Próximos pasos

Ese es el trío de revoluciones que se avecina: en las economías, las industrias y la conectividad.

Hay mucho que ganar, pero también queda mucho por hacer.

Los gobiernos deberían apoyar políticas favorables a la Industria 4.0. Deben considerar las subastas de espectro como un medio para impulsar la infraestructura, no como una fuente de ingresos. También deben respaldar las alianzas público-privadas.

Se agota el tiempo para actuar contra el cambio climáticoImage: Foro Económico Mundial/ Boston Consulting Group

Las empresas también deben hacerlo, con valentía y dispuestas a probar cosas nuevas.

Deberían explorar cómo la Cuarta Revolución Industrial puede generar ahorros de costes y aumentos de productividad mediante la automatización, la nube en el borde y una mayor seguridad. Las empresas dispuestas a conectar sus activos y a ser ambiciosas tienen un enorme potencial.

Y los operadores deben invertir en 5G, movilizarse para vender servicios a las empresas y aprovechar la ventaja de ser los primeros en actuar.

Y una cosa más, para todos nosotros: por una vez, no nos limitemos a hablar. Actuemos.

Solo tenemos una oportunidad para hacerlo.

Sí, requerirá inversión.

Sí, requerirá una transformación profunda.

Pero creo firmemente —y los datos lo demuestran claramente— que la Industria 4.0, desarrollada de la manera adecuada, puede impulsar el crecimiento económico y reducir nuestro impacto ambiental por primera vez en la historia de la humanidad.

Si lo hacemos, ofreceremos a nuestras comunidades, nuestras empresas y nuestro planeta el mejor futuro posible.

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