«¿Qué haces aquí?»
Llevo varias semanas pensando en mi respuesta a esta pregunta. Soy fundadora de una empresa social centrada en la inclusión de las personas con discapacidad y fui una de los 50 Global Shapers del Foro Económico Mundial seleccionados para asistir a la 36.ª edición de la capacitación del Climate Reality Leadership Corps de Al Gore, exvicepresidente de Estados Unidos y ganador del Premio Nobel. Muchos de mis compañeros que me acompañaron trabajan en proyectos extraordinarios para abordar la crisis climática, desde asesorar a empresas emergentes de Nueva York que combaten el cambio climático hasta poner en marcha un programa de reciclaje en Kazajistán.
Me sentía un poco fuera de lugar.
¿Por qué yo? ¿Por qué me eligieron para estar aquí?
A escala local, he estado pensando en los incendios del norte de California y su impacto en la calidad del aire de San Francisco. San Francisco también tuvo su día más caluroso registradoa principios de septiembre, con 106 grados Fahrenheit.
Pero ¿qué lugar ocupa la comunidad de personas con discapacidad en todo esto?
Cuando entre nuestras principales preocupaciones figuran problemas como la discriminación, el acceso a una atención médica adecuada, el desempleo y la pobreza, el cambio climático suele quedar en segundo plano. Cuando luchamos por los derechos humanos básicos y la igualdad, ¿cómo vamos a tener tiempo para pensar en el cambio climático?
Preocuparse por la justicia climática y luchar por ella es un privilegio.
Lo que aprendí es que nosotros —la comunidad de personas con discapacidad— debemos estar a la vanguardia de este movimiento. En definitiva, la justicia climática trata de las personas y el cambio climático es una cuestión de derechos humanos. El cambio climático afecta sobre todo a comunidades vulnerables como la mía. La oportunidad y la justicia no pueden quedar en segundo plano.
Esto es lo que sabemos:
Los científicos coinciden: el cambio climático es real y nos está causando problemas.
Las temperaturas globales han ido en aumento. 16 de los 17 años más calurosos registrados han ocurrido desde 2001. La mayor fuente de contaminación que provoca el calentamiento global es la quema de combustibles fósiles para conducir automóviles, generar electricidad y hacer funcionar nuestros hogares y empresas.
Los fenómenos meteorológicos extremos han provocado olas de calor, inundaciones y sequías sin precedentes, que ponen en riesgo el bienestar de mi comunidad. Las discapacidades relacionadas con la movilidad, la audición, el aprendizaje o la visión pueden generar necesidades específicas que requieren más tiempo o consideración durante una evacuación de emergencia, sobre todo cuando escasean las opciones accesibles.
Alex Ghenis, del World Institute on Disability, quien ha trabajado mucho sobre el cambio climático y la discapacidad, señaló que hay poca investigación con cifras concretas sobre el impacto del cambio climático en nuestra comunidad, pero confía en que esto cambiará a medida que se destinen más recursos a la investigación climática.
Calor
Los episodios de calor extremo causan más muertes al año en Estados Unidos que todos los demás fenómenos meteorológicos extremos juntos. Algunos miembros de la comunidad de personas con discapacidad son especialmente vulnerables al calor extremo porque les resulta más difícil mantener el cuerpo lo suficientemente fresco. Por ejemplo, se ha demostrado que las personas con esclerosis múltiple sienten más dolor y fatiga en los días calurosos, y algunas personas con lesiones de la médula espinal no pueden sudar para refrescarse. Por ello, el calor extremo supone un peligro físico para muchas personas con discapacidad.
Huracanes
El cambio climático no provoca la formación de huracanes, pero las temperaturas más altas de las aguas superficiales los hacen más fuertes. Esto supone una grave amenaza para la seguridad de la comunidad de personas con discapacidad. Por ejemplo, en 2005, casi la mitad de las muertes causadas por el huracán Katrina correspondieron a personas mayores de 75 años, y más del 10 % del total de las muertes ocurrieron en residencias de ancianos. La mayoría de esas personas padecían problemas de salud y discapacidades que las hacían vulnerables a las condiciones meteorológicas extremas. Más recientemente, los huracanes Harvey, Irma y María fueron aún más intensos: provocaron lluvias torrenciales más fuertes, elevaron el nivel del mar y permanecieron más tiempo en el mismo lugar. Estos huracanes dejaron a millones de personas sin electricidad (el 34 % de Puerto Rico seguía sin electricidad más de dos meses después del huracán), algo especialmente problemático porque muchas personas con discapacidad necesitan equipos médicos eléctricos para sobrevivir.
Sequías
El mismo calor adicional que hace que se evapore más agua del océano, lo que provoca lluvias torrenciales e inundaciones más intensas, también extrae la humedad del suelo con mayor rapidez y causa sequías más prolongadas y graves. Esto genera inseguridad alimentaria e hídrica en muchas partes del mundo. Debido a otros factores sociales, como el número desproporcionado de personas con discapacidad atrapadas en un ciclo interminable de pobreza, la comunidad de personas con discapacidad es especialmente vulnerable durante estos periodos de escasez.
Incendios
El aumento de las temperaturas también ha hecho que los incendios forestales sean más frecuentes e intensos. Más de 5.000 viviendas y empresas han sido destruidas por los incendios del norte de California, que se convirtieron en los más destructivos de la historia del estado. Entre los cientos de personas que aún no han sido localizadas en la zona afectada por los incendios podría haber miembros de nuestra comunidad que carecen de una red de apoyo sólida. Las labores de recuperación tras los incendios forestales incluyen la creación del Fondo de ayuda ante desastres Richard Devylder por parte de la California Foundation for Independent Living Centers, destinado a las personas supervivientes que perdieron en los incendios dispositivos esenciales de movilidad y accesibilidad (sillas de ruedas, scooters, andadores, bastones, audífonos y dispositivos de comunicación).
Desplazamiento
Las temperaturas extremas y los desastres han hecho y seguirán haciendo que algunas regiones sean inhabitables, lo que genera presión para migrar y crea personas refugiadas por el clima, que se ven empujadas hacia ciudades ya superpobladas. El desplazamiento afecta negativamente nuestra vida cotidiana, porque necesitamos acceso a servicios de salud y apoyo médico, financiero y social a largo plazo. Además, puede causar angustia psicológica o trauma.
Y si no podemos migrar, a menudo formamos parte de las comunidades vulnerables que se quedan atrás. Es entonces cuando vemos injusticia ambiental y racismo: nuestras comunidades quedan ubicadas cerca de entornos peligrosos o degradados desde el punto de vista ambiental, como zonas con residuos tóxicos, contaminación y deterioro urbano.
El lugar donde vives es el determinante social de la salud más importante.
Afecta el tipo de alimentos que comes, el suministro de agua y el aire que respiras. La contaminación del aire afecta la función pulmonar de todas las personas, tengan o no una discapacidad. En algunos lugares, el esmog, el ozono y las partículas finas procedentes de la extracción no convencional de gas natural (fracturación hidráulica) y del carbón tienen graves efectos en la salud, como un aumento de los casos de agua contaminada, asma, bronquitis y neumonía, así como una reducción de la esperanza de vida. La contaminación del aire también afecta la salud mental y las capacidades cognitivas, especialmente en la infancia.
¿Qué podemos hacer?
Durante mi participación en la capacitación del Climate Reality Leadership Corps, me di cuenta de que las cuestiones ambientales y los derechos de las personas con discapacidad van de la mano. El calor extremo, la contaminación del aire y la falta de espacios verdes afectan nuestra salud física y mental.
Y, por fin, entendí por qué estaba en la capacitación. Mi comunidad debe estar aquí. Debemos estar representados. Estas conversaciones están teniendo lugar, y debemos ocupar un lugar en la mesa. Debemos tener voz.
Estas son algunas cosas que podemos hacer en el día a día:
Infórmate. Un buen punto de partida es New Earth Disability, una iniciativa del World Institute on Disability. Habla con otras personas sobre la realidad de lo que está ocurriendo en el mundo. El máximo dirigente de nuestro país es uno de los mayores críticos del cambio climático. Pero esta no es una cuestión política. Se trata de la salud y la prosperidad futuras de nuestras comunidades. Si quieres informar a grupos sobre el cambio climático, únete a mí como Climate Reality Leader. Exige a tus representantes electos de todos los niveles que den prioridad a la eficiencia energética y a las iniciativas de conservación, poniéndote en contacto con ellos o asistiendo a una asamblea ciudadana. Anima a tu empresa a reducir su huella de carbono, desde asegurarte de que se apliquen las normas y los códigos de construcción hasta incentivar a los empleados para que adopten prácticas ecológicas. Piensa en tu propio impacto ambiental. ¿Cómo puedes incorporar la perspectiva del cambio climático a lo que haces y esforzarte por ampliar tu impacto?
Exijámonos a nosotros mismos, a nuestras empresas y a nuestros representantes electos que se comprometan a hablar de este tema y a abandonar los combustibles fósiles para avanzar hacia las energías renovables, sin dejar a nadie atrás.
Nuestra vida depende de ello.




