Una nueva película sobre dos activistas climáticos utiliza tecnología de aprendizaje automático para adaptar la historia en función de la respuesta emocional del espectador.
Mediante una cámara de ordenador y un programa informático, la película observa al público mientras ve imágenes de desastres climáticos y se le plantean implícitamente preguntas difíciles.
En este artículo, su director comparte su enfoque narrativo y su opinión sobre la tecnología interactiva como una forma de ampliar el repertorio de herramientas de los cineastas.
La mayoría de las películas ofrecen exactamente la misma experiencia de visionado. Te sientas, empieza la película, se desarrolla la trama y sigues lo que ocurre en pantalla hasta que termina la historia. Es una experiencia lineal. Mi nueva película, Before We Disappear —sobre dos activistas climáticos que buscan vengarse de las empresas responsables del calentamiento global— pretende cambiar esa experiencia de visionado.
Lo que diferencia mi película es que adapta la historia a la respuesta emocional del espectador. Mediante una cámara de ordenador y un programa informático, la película observa al público mientras ve imágenes de desastres climáticos. Se invita implícitamente a los espectadores a elegir un bando.
Elegí utilizar esta tecnología para hacer una película sobre la crisis climática y lograr que la gente reflexione de verdad sobre aquello que está dispuesta a sacrificar para tener un futuro viable.
La narración siempre ha sido interactiva: los narradores orales tradicionales interactuaban con sus oyentes y respondían a ellos. Desde hace casi un siglo, los directores de cine han estado experimentando con la interactividad; la última década ha presenciado una explosión de contenido interactivo.
Los servicios de streaming ofrecen a los espectadores la oportunidad de elegir su propia aventura. Sin embargo, permitir que el espectador controle la acción ha supuesto un desafío durante mucho tiempo: entra en conflicto con la inmersión narrativa, en la que el espectador se adentra en el mundo creado por la historia.
Uno de los experimentos recientes más destacados de cine interactivo, Bandersnatch, de Netflix, lo ilustra claramente. En ella, la acción se detiene para preguntar al usuario qué hacer a continuación, lo que interrumpe el ritmo de la historia e implica activamente al espectador. Resolver este problema de la ruptura de la experiencia inmersiva sigue siendo una cuestión clave para los artistas que exploran el cine interactivo.
Las películas que creo y dirijo siguen otro camino: recurren al control no consciente para influir en una película mientras el público la ve. Mis anteriores películas controladas por el cerebro, The Moment (2018) y The Disadvantages of Time Travel (2014), utilizaron interfaces cerebro-computadora (BCI). Estos sistemas usan ordenadores para analizar las señales eléctricas del cerebro, lo que permite a las personas controlar eficazmente un dispositivo con la mente.
A partir de estos datos cerebrales, el público crea una edición no consciente de la película en tiempo real, reforzando las respectivas historias de distopía de ciencia ficción y de una mente errante y soñadora.
Sin embargo, la interfaz BCI requiere equipos especializados. Para Before We Disappear, quería utilizar una tecnología más accesible para el público, que permitiera compartir películas por internet.
Controlar la narrativa
Before We Disappear utiliza una cámara de ordenador corriente para detectar señales emocionales y guiar la edición de la película en tiempo real. Para conseguirlo, necesitábamos comprender bien cómo reacciona la gente ante las películas.
Realizamos varios estudios para explorar las emociones que los cineastas pretenden evocar y cómo expresan visualmente sus emociones los espectadores mientras ven una película. Mediante técnicas de visión artificial y aprendizaje automático de nuestro socio BlueSkeye AI, analizamos las emociones faciales y las reacciones de los espectadores ante fragmentos de películas y desarrollamos varios algoritmos para utilizar esos datos en el control de una narrativa.
Aunque observamos que el público no suele expresar emociones de forma intensa mientras ve una película, las herramientas de BlueSkeye para analizar el rostro y las emociones son lo bastante sensibles como para detectar pequeñas variaciones y señales emocionales y adaptar la película a las reacciones del espectador.
El programa de análisis mide el movimiento de los músculos faciales junto con la intensidad de la activación emocional, es decir, cuánto se emociona el espectador en un momento determinado. También evalúa si la emoción es positiva o negativa, algo que llamamos «valencia».
Estamos experimentando con diversos algoritmos en los que los datos de activación y valencia contribuyen a las decisiones de edición en tiempo real, haciendo que la historia se reconfigure. La primera escena sirve de referencia para medir la siguiente. Según la respuesta, la narrativa tomará una de unas 500 formas posibles. En Before We Disappear, utilizo una narrativa no lineal que ofrece al público distintos finales y recorridos emocionales.
Recorrido emocional
Considero que la tecnología interactiva es una forma de ampliar el repertorio de herramientas de los cineastas, para contar mejor una historia y permitir que la película se adapte a cada espectador, cuestionando y distribuyendo el poder del director.
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Sin embargo, las respuestas emocionales podrían utilizarse indebidamente o tener consecuencias imprevistas. No es difícil imaginar un sistema en línea que muestre únicamente contenido que provoque emociones positivas en el usuario. Esto podría utilizarse para crear una cámara de eco, donde las personas solo ven contenido que coincide con las preferencias que ya tienen.
También podría utilizarse con fines propagandísticos. El escándalo de Cambridge Analytica mostró cómo se recopilaron grandes cantidades de información personal de Facebook y se utilizaron para publicidad política.
Nuestra investigación pretende generar un diálogo sobre cómo utilizar de forma responsable los datos emocionales de los usuarios, con su consentimiento informado y permitiéndoles controlar su propia información personal. En nuestro sistema, los datos se analizan en el dispositivo de los usuarios y no, por ejemplo, en la nube.
Grandes empresas, gran responsabilidad
La interacción no consciente es un gran negocio. Plataformas como TikTok y YouTube analizan las interacciones anteriores de los usuarios en sus plataformas para influir en el nuevo contenido que ven. Los usuarios no siempre saben qué información personal se genera o almacena, ni pueden influir en los algoritmos que decidirán qué se les mostrará a continuación.
Es importante crear un sistema que no almacene los datos del público. El vídeo del espectador y los datos sobre sus expresiones faciales no deberían cargarse ni analizarse en ningún lugar que no sea el propio dispositivo de reproducción. Tenemos previsto lanzar la película como una aplicación interactiva, teniendo en cuenta los posibles usos indebidos de los datos de los usuarios y protegiendo cualquier dato personal en el dispositivo utilizado para verla.
Las películas adaptativas ofrecen una alternativa a la narración tradicional de «elige tu propia aventura». Cuando la historia puede cambiar en función de las respuestas inconscientes del público, en lugar de una interacción intencionada, es posible mantener su atención en la historia.
Esto significa que pueden disfrutar de una experiencia cinematográfica más personalizada. Resulta que las antiguas tradiciones narrativas todavía tienen mucho que enseñarnos en el siglo XXI.







