En Oriente Medio y Asia Central, cada año desde 2000, los desastres climáticos han causado más de 2.600 muertes y 2.000 millones de dólares en daños.
Según un análisis del FMI, los desastres climáticos en la región también han reducido el crecimiento económico anual entre 1 y 2 puntos porcentuales per cápita.
La cooperación internacional es esencial para gestionar los costos y maximizar los beneficios de la adaptación, afirma el FMI.
Entre los países con baja resiliencia climática figuran Estados frágiles y afectados por conflictos, como Afganistán, Somalia y Sudán, así como Pakistán.
El cambio climático está causando pérdidas devastadoras en Oriente Medio y Asia Central, y los países pobres y afectados por conflictos son los que más sufren el aumento de las temperaturas y los fenómenos meteorológicos extremos.
Cada año desde 2000, los desastres climáticos han causado más de 2.600 muertes, afectado a otros 7 millones de personas y provocado daños materiales directos por valor de 2.000 millones de dólares.
Un nuevo documento del personal del FMI evalúa el impacto económico del cambio climático en la región y muestra cómo las políticas de adaptación se han convertido en una prioridad urgente. Subraya la necesidad de apoyo internacional para financiar la adaptación.
Según nuestro análisis, los desastres climáticos en la región reducen el crecimiento económico anual entre 1 y 2 puntos porcentuales per cápita. Se prevé que estos fenómenos sean más frecuentes y graves a medida que se calienta el planeta.
En las últimas tres décadas, las temperaturas de la región han aumentado 1,5 grados Celsius, el doble del incremento global de 0,7 grados Celsius. Esto ha sido especialmente perjudicial para los países que ya son calurosos.
Un aumento de 1 grado Celsius en cinco de los países más calurosos (Baréin, Yibuti, Mauritania, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos) provoca una caída inmediata de alrededor de 2 puntos porcentuales en el crecimiento económico per cápita.
Además, gran parte de la región se encuentra en zonas climáticas extremas, donde el calentamiento global está agravando la desertificación, el estrés hídrico y el aumento del nivel del mar. Las precipitaciones son más variables y los desastres climáticos, como las sequías y las inundaciones, más frecuentes. La vida y los medios de subsistencia están en riesgo.
En Túnez, por ejemplo, el 90 % del turismo se concentra en las costas, amenazadas por la erosión y vulnerables a nuevas subidas del nivel del mar. En Irán, una grave sequía el año pasado provocó protestas, ya que la escasez de agua dejó a los agricultores sin trabajo.
El cambio climático tiene elevados costos humanos y económicos
Los países con baja resiliencia climática, incluidos Estados frágiles y afectados por conflictos como Afganistán, Somalia y Sudán, así como Pakistán, un país de ingreso mediano bajo, han sufrido gravemente —como reflejan tanto su exposición como su vulnerabilidad a los peligros climáticos—, con más personas fallecidas o afectadas.
Muchas personas de estos países dependen de la agricultura de subsistencia de secano, especialmente vulnerable a las perturbaciones climáticas. La inestabilidad política y macroeconómica, el escaso desarrollo socioeconómico y financiero, y los riesgos para la seguridad alimentaria y social agravan el desafío.
Los países con instituciones más sólidas e infraestructura resiliente al clima —por ejemplo, edificios resistentes al calor o sistemas de riego eficientes— suelen registrar menos pérdidas humanas. Lo mismo ocurre en aquellos con mayores niveles de desarrollo socioeconómico y humano, como los países del Consejo de Cooperación del Golfo.
Pese a los esfuerzos mundiales por limitar las emisiones de carbono, parece inevitable que las presiones climáticas sigan intensificándose. Para 2050, las temperaturas medias del verano podrían superar los 30 grados Celsius en la mitad de los países de la región.
También es probable que las estaciones sean más secas en Oriente Medio y el Norte de África, y que las precipitaciones sean más irregulares en el Cáucaso, Asia Central y Pakistán, lo que aumentaría la probabilidad de sequías. En Tayikistán, la probabilidad anual de sequías causadas por el clima podría multiplicarse por diez, del 3 % actual a más del 30 % para finales de este siglo.
Una prioridad urgente
La mayoría de los países reconoce ahora que la adaptación climática es una prioridad urgente y ha comenzado a abordar los desafíos climáticos. Debe darse prioridad a las medidas muy beneficiosas en todos los escenarios plausibles de cambio climático (las llamadas «medidas de alto valor y sin arrepentimiento») y al desarrollo de la capacidad para adaptarse a los desafíos climáticos futuros.
Túnez, por ejemplo, ha ampliado su capacidad para producir agua dulce mediante la desalinización. Pakistán ha fortalecido su red de protección social al ampliar las transferencias monetarias focalizadas. Tayikistán y Uzbekistán han modernizado los sistemas transfronterizos de alerta temprana ante desastres naturales.
No existe una solución única que sirva para todos, porque cada país enfrenta sus propios desafíos, pero hay algunos principios comunes aplicables a toda la región.
Como destacó recientemente la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva en la Cumbre Mundial de Gobiernos de Dubái, las políticas de adaptación deben integrarse en todas las estrategias económicas nacionales. Deben elaborarse marcos macroeconómicos que reflejen los riesgos climáticos para determinar las respuestas de política adecuadas.
Además, las medidas específicas podrían centrarse en aumentar la inversión pública en infraestructura resiliente, fomentar una mayor participación del sector privado en la adaptación y ajustar los programas de crecimiento inclusivo y desarrollo para reflejar los riesgos climáticos, por ejemplo, apoyando a las empresas afectadas por el cambio climático y reforzando la protección social de los hogares vulnerables.
Las simulaciones para Marruecos muestran que invertir en infraestructura hídrica mejoraría la resiliencia frente a las sequías, reduciría las pérdidas del PIB casi un 60 % y limitaría el aumento de la deuda pública.
Para los países de menores ingresos, frágiles y afectados por conflictos, que históricamente han sufrido grandes pérdidas, la prioridad inmediata debe ser reforzar la preparación ante desastres, al tiempo que se mejora la capacidad de las instituciones para abordar el cambio climático y la capacidad de las comunidades para responder a las perturbaciones.
Intensificar los esfuerzos de adaptación requerirá un gasto adicional considerable y, por tanto, financiación.
Apoyo internacional
Movilizar ingresos internos adicionales puede contribuir de manera importante a financiar el gasto en adaptación climática y, al mismo tiempo, reducir cualquier aumento de la deuda pública. Sin embargo, los países también necesitan más apoyo internacional para financiar la adaptación, idealmente en condiciones concesionarias, así como transferencias de conocimientos especializados y tecnología que les permitan desarrollar su propia capacidad de adaptación al cambio climático.
Entre 2009 y 2019, organizaciones bilaterales y multilaterales aportaron alrededor de 70.000 millones de dólares en financiación climática a la región, según nuestros cálculos basados en datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Sin embargo, una gran proporción se destinó a iniciativas de mitigación y solo alrededor de una cuarta parte exclusivamente a la adaptación. Las necesidades estimadas de adaptación son mucho mayores.
La cumbre COP27 en Egipto, que se celebrará a finales de este año, ofrece a la comunidad internacional la oportunidad de aumentar sus contribuciones a la financiación climática y apoyar la adaptación en las economías en desarrollo.
Fortalecer la capacidad de adaptación al cambio climático es fundamental para Oriente Medio y Asia Central, y debe hacerse en paralelo con los esfuerzos mundiales de mitigación y transición. Los países que se adapten a tiempo tendrán oportunidades de crear empleos sostenibles y apoyar la recuperación económica y la resiliencia tras la pandemia.
El FMI apoya a sus países miembros en estos esfuerzos mediante asesoramiento sobre políticas, desarrollo de capacidades y préstamos. El propuesto Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad respaldará aún más las reformas que aumenten la resiliencia de los países al cambio climático.





