Los machos de ballena jorobada ballena jorobada son conocidos por sus evocadores cantos, pero investigadores japoneses descubrieron que sus melodías características se acortan o se silencian en respuesta al ruido del tráfico marítimo.
Las ballenas barbadas, como las jorobadas, usan sus cantos para comunicarse, buscar alimento, encontrar pareja y orientarse en el mar, pero en Japón sus voces quedan ahogadas por el estruendo de la cacofónica actividad humana.
El nuevo estudio, publicado el miércoles en la revista PLOS ONE, aporta más pruebas de que la contaminación acústica generada por los humanos interfiere con la vida marina. Nuestros océanos son cada vez más ruidosos debido al aumento de la actividad humana, incluido el tráfico marítimo, el sonar militar, las construcciones submarinas y las explosiones sísmicas para extraer petróleo y gas. Estudios anteriores han demostrado que estas agresiones sonoras pueden poner en peligro la salud y la vida de diversas criaturas marinas.
En el nuevo estudio, investigadores de la Asociación de Observación de Ballenas de Ogasawara y de la Universidad de Hokkaido, en Japón, utilizaron grabadoras submarinas para examinar cómo afecta el ruido de un único barco en tránsito a los cantos de las ballenas jorobadas en torno a las islas Ogasawara. De febrero a mayo de 2017, registraron el canto de entre una y tres ballenas al día, y de 26 cantoras en total.
«Este estudio presenta una situación realmente especial y única», Rosalind Rolland, experta en ballenas y veterinaria del Anderson Cabot Center for Ocean Life del New England Aquarium, que no participó en la investigación, explicó a NOVA. «Es muy difícil encontrar en el océano algún lugar donde haya una sola fuente de ruido. La mayoría de las veces, hay ruido procedente de todas direcciones».
Tras escuchar las grabaciones, los investigadores determinaron que, cuando un barco atravesaba la zona remota, cantaban menos machos de ballena jorobada a menos de 500 metros de la ruta marítima que en otros lugares. Las ballenas situadas a menos de 1.200 metros tendían a reducir temporalmente el canto o a dejar de cantar por completo después del paso del barco. La mayoría de las ballenas que dejaron de cantar no reanudaron sus cantos hasta al menos 30 minutos después del paso del barco.
«Al parecer, las ballenas jorobadas dejaban de cantar temporalmente en vez de modificar las características sonoras de su canto ante el ruido generado por un buque de carga y pasajeros», escribieron los autores en el artículo. «Dejar de vocalizar y alejarse podrían ser adaptaciones eficaces en términos de coste ante una fuente de ruido que se desplaza rápidamente».
Spencer Fire, profesor adjunto del Departamento de Ingeniería Oceánica y Ciencias Marinas de Florida Tech, dijo a CNN que el nuevo estudio era «sólido» y subraya el impacto negativo que pueden tener en estos gentiles gigantes los ruidos que producimos los humanos.
Por ejemplo, «si [las ballenas] tienen que esperar para comunicarse, quizá no puedan reproducirse, lo que tendría consecuencias reproductivas», explicó Fire.
El ruido también podría expulsar a las ballenas de sus hábitats y obligarlas a instalarse en zonas «donde quizá persigan alimento que se mueve demasiado rápido o que no tiene suficiente valor nutricional», añadió Fire. «Y, por lo general, la ingesta de energía es lo que determina la supervivencia de un animal».




