Cómo las recientes inundaciones de Sudáfrica impulsan la acción climática

Durban and surrounding areas were recently subjected to immense flooding
Durban and surrounding areas were recently subjected to immense floodingImage: Reuters/Rogan Ward
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  • Sudáfrica se está recuperando del mayor desastre natural que ha azotado el país en la historia reciente.

  • El país está respondiendo de forma proactiva al cambio climático mediante regulaciones centradas en la adaptación e inversiones en energía verde.

  • Una transición justa que proteja tanto las vidas como los medios de subsistencia es la mejor estrategia para Sudáfrica.

En abril de 2022, las fuertes lluvias, las inundaciones y los posteriores aludes de lodo azotaron la costa de KwaZulu-Natal, en Sudáfrica. Aunque se están haciendo esfuerzos para determinar el alcance de los daños, cientos de personas han perdido la vida y muchas más siguen desaparecidas. Durante una visita a las zonas afectadas por el desastre en los alrededores de la ciudad de Durban, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, compartió su perspectiva sobre las causas del peor desastre natural registrado en el país: «Ya no podemos aplazar lo que tenemos que hacer; debemos abordar el cambio climático».

El impacto del desastre no se sintió por igual. Sudáfrica es el país más desigual del mundo, y las consecuencias del clima extremo fueron más graves en las regiones más pobres. Este impacto pone de manifiesto el reclamo de muchas naciones africanas: las comunidades pobres son las que menos contribuyen a la contaminación mundial, pero son las que más sufren.

Adaptación mediante leyes climáticas

Desastres como estos pueden marcar la conciencia nacional e impulsar la urgencia de actuar. Dada la historia singular del país, los sudafricanos son un pueblo que participa en la acción ciudadana. Tras el desastre, miles de voluntarios están ayudando en las labores de socorro, mientras que los movimientos por la justicia climática piden al Gobierno que adopte medidas prácticas para abordar la crisis climática. Estas peticiones públicas no caen en saco roto: el parlamento del país está debatiendo actualmente un proyecto de ley sobre el cambio climático. Si se aprueba, esta ley impondrá a todos los gobiernos locales y provinciales la obligación legal de realizar evaluaciones de las necesidades relacionadas con el cambio climático, seguidas de planes de implementación de respuestas al cambio climático. Como siguiente paso, estos planes de respuesta al cambio climático deberán integrarse en todos los planes de desarrollo social existentes.

El proyecto de ley establece objetivos de adaptación para el país. Estos objetivos son metas verdes específicas que el Gobierno debe alcanzar dentro de plazos estrictos. El proyecto también contempla impuestos al carbono para los grandes contaminadores y presupuestos sectoriales de carbono. La ministra de Medio Ambiente, Barbara Creecy, ha calificado el proyecto de ley de «un sueño hecho realidad» y ha dicho que reúne todos los esfuerzos del país para abordar el cambio climático en un solo instrumento legislativo. Creecy ha destacado que «África subsahariana es una de las regiones del mundo más vulnerables al cambio climático. Esta vulnerabilidad supone una amenaza existencial para las poblaciones humanas y la biodiversidad».

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Una transición justa

Uno de los resultados de la COP26 fue el lanzamiento de la Asociación para una Transición Energética Justa (JETP, por sus siglas en inglés). Esta asociación entre Sudáfrica, Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos tiene como objetivo apoyar la transición justa de Sudáfrica hacia una economía con bajas emisiones de carbono y una sociedad resiliente al clima. Como país más industrializado de África y séptimo mayor productor de carbón del mundo, Sudáfrica es el duodécimo mayor emisor de dióxido de carbono (C02) del mundo y es responsable de casi la mitad del C02 de África.

La industria energética es responsable de la mayor parte de las emisiones, y la empresa eléctrica estatal Eskom ha sido criticada por ser la empresa eléctrica más contaminante del mundo. Aunque el 80% de la energía del país todavía se genera a partir del carbón, la guerra en curso en Ucrania está aumentando la demanda mundial de carbón sudafricano.

La minería del carbón da empleo a miles de personas, especialmente en la provincia nororiental de Mpumalanga, y el impacto de esta industria en el medio ambiente y los medios de subsistencia es grave. Greenpeace ha identificado la ciudad de Witbank, en la zona carbonífera de Mpumalanga, como el mayor foco de dióxido de nitrógeno del mundo. Además, un reciente fallo judicial determinó que la contaminación atmosférica de la zona vulnera el derecho constitucional de sus residentes a un medio ambiente que no sea perjudicial para su salud. Esta transición justa para abandonar el carbón es necesaria no solo para quienes sufren las consecuencias del clima extremo, sino también para las personas cuyas vidas dependen del peso económico del carbón en regiones como Mpumalanga.

Un mandato clave de la asociación consiste en lograr una transición equitativa e inclusiva que permita a los trabajadores y las comunidades vulnerables abandonar sus actuales dependencias económicas. Aunque la minería del carbón ha sido un pilar de la economía, Sudáfrica cuenta con un enorme potencial de energía renovable para avanzar hacia una transición justa: disfruta de un promedio de 2.500 horas de sol al año y de niveles de radiación solar de entre 4,5 y 6,6 kWh/m2, además de un potencial de energía eólica de hasta 6.7000 GWs.

La asociación tiene como objetivo movilizar 8,5 mil millones de dólares en un plazo de 3-5 años para que las emisiones de carbono de Sudáfrica se ajusten a los objetivos del Acuerdo de París, mediante el abandono de los combustibles fósiles en favor de fuentes renovables. Las energías renovables ya han creado más de 55.000 empleos en el país, y solo en Mpumalanga se pueden crear hasta 72.000 empleos en la transición energética hasta 2030. Lamentablemente, el aspecto negativo es que unos 74.000 empleos están en riesgo. Es fundamental ofrecer alternativas de empleo sostenible a esos trabajadores.

Proteger vidas y medios de subsistencia

El lema del presidente Ramaphosa durante la COVID-19 ha sido «Proteger vidas y medios de subsistencia», en referencia a la importancia de proteger a las personas tanto física como económicamente. A medida que el país afronta el desafío del cambio climático, este enfoque seguirá siendo pertinente. Las medidas regulatorias, como el proyecto de ley sobre el cambio climático, y las iniciativas proactivas de inversión verde, como la JETP, serán cruciales mientras el país se prepara para lo que viene. El panorama energético del país ya está transformándose. El Grupo de Acción Regional para África del Foro Económico Mundial prevé que la transición energética hacia las cero emisiones netas estará impulsada por tres «D»: descarbonización, descentralización y digitalización. La descarbonización supone alejarse de los combustibles fósiles, con inversiones importantes como la plataforma de inversión en energías renovables Absa-AREP. La descentralización refleja el paso de las empresas de energía centralizadas a la incorporación a la red de más productores independientes de electricidad, mientras que la digitalización implica aprovechar la tecnología digital para impulsar la transición.

El expresidente Thabo Mbeki dijo célebremente: «Soy africano. Debo mi existencia a las colinas y los valles, las montañas y los claros, los ríos, los desiertos, los árboles, las flores, los mares y las estaciones siempre cambiantes que definen el rostro de nuestra tierra natal».

Las inundaciones de KwaZulu-Natal podrían acrecentar entre todos la urgencia de abandonar los combustibles fósiles y adaptarse a las amenazas futuras. Proteger este país de belleza singular y a la diversidad de personas que lo llaman hogar quizá sea el mayor desafío unificador que aguarda a todos los sudafricanos.

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