Cómo afectará a la economía la Ley de Reducción de la Inflación de EE. UU.

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  • La nueva legislación estadounidense cambiará drásticamente la economía de la descarbonización industrial.

  • Los críticos de la Ley de Reducción de la Inflación afirman que aumentará la inflación al hacer subir los precios de la energía.

  • En realidad, las nuevas leyes no agravan la inflación ahora y probablemente tendrán un efecto deflacionario a largo plazo.

La Ley de Reducción de la Inflación (IRA, por sus siglas en inglés) es ampliamente reconocida como un impulso convincente del Gobierno de EE. UU. al sector privado y a los inversores para descarbonizar los sectores difíciles de descarbonizar. Abre el camino para que numerosos financiadores e inversores climáticos impulsen a las empresas hacia las cero emisiones netas. Pero ¿pueden funcionar sus políticas basadas en incentivos en un contexto de recesión inminente, inflación disparada y escasez de petróleo?

Entre la IRA y la Ley de Inversión en Infraestructura y Empleo, aprobada a finales de 2021, el Gobierno de EE. UU. se ha comprometido a destinar 479.000 millones de dólares a nuevos gastos en clima y energía en todos los ámbitos. Esto cambiará sustancialmente la economía de la descarbonización industrial. Estas inversiones se centran en cuatro áreas clave: energía sin carbono, manufactura, transporte y tecnología limpia.

Los grandes compradores corporativos de materiales para la industria pesada y de transporte están interesados en beneficiarse de las diversas disposiciones que impulsarán la descarbonización industrial. Se han establecido diversos programas de créditos fiscales por un total de 35.000 millones de dólares para fomentar la inversión en tecnologías limpias innovadoras, como el hidrógeno, la captura directa de aire y los combustibles de aviación sostenibles. Según un informe de Boston Consulting Group, estos incentivos han equiparado la competitividad de los costes de la producción tradicional de hidrógeno con la del hidrógeno verde (energía renovable con electrólisis del agua) y el hidrógeno azul (hidrógeno derivado de combustibles fósiles con captura de carbono). Gracias a estos incentivos, para 2030 las fuentes de energía limpia, como el hidrógeno verde y el azul, serán incluso más baratas que el hidrógeno tradicional.

En el sector del transporte, el Gobierno de EE. UU. ofrecerá hasta 7.500 dólares por la compra de un vehículo eléctrico de pasajeros nuevo y hasta 400 dólares por uno usado. Esto adelantará cinco años la paridad del precio de compra entre los vehículos eléctricos y los vehículos con motor de combustión interna. La IRA exige que los minerales para las baterías procedan de Estados Unidos o de un país con un acuerdo de libre comercio, lo que excluye a los vehículos fabricados en China y Rusia.

La Ley de Reducción de la Inflación es una política con visión de futuro, basada en incentivos, que impulsará las inversiones en tecnologías de energía limpia de aquí a 2030Image: CRFB.org

La inversión en tecnologías limpias tiene un impacto positivo en toda la cadena de valor. Es probable que estos incentivos aceleren el despliegue del hidrógeno en el sector naviero; la captura, utilización y almacenamiento de carbono en los sectores del acero y el cemento; y la captura directa de aire, que puede aplicarse en el punto de emisión en varios procesos industriales.

El impacto en la inflación

La Ley de Reducción de la Inflación es una política con visión de futuro, basada en incentivos, que impulsará las inversiones en tecnologías de energía limpia y aumentará la demanda de fuentes de energía limpia de aquí a 2030. Pero ¿logrará frenar la inflación? No hay una respuesta sencilla. Centros de estudios conservadores, como la Heritage Foundation, creen que la IRA aumentará los precios que pagan los estadounidenses por la energía, ya que un aumento de la demanda de fuentes de energía limpia elevará el precio de esos productos. Esto es especialmente cierto en el contexto de una demanda de energía creciente.

Por otro lado, la inversión en productos de energía limpia también creará nuevos empleos en el sector energético, lo que aumentará la oferta de tecnología limpia y reducirá los precios. Un informe de investigación de la Universidad de Massachusetts prevé que «durante un período de 10 años, la IRA generará un promedio de alrededor de 912.000 empleos al año mediante inversiones públicas y privadas combinadas de 98.000 millones de dólares anuales».

Algunos políticos de izquierda han criticado la IRA por financiar la construcción de un gasoducto. Si fuera posible crear ahora una red eléctrica totalmente renovable, no habría duda de que la IRA tendría de inmediato un enorme efecto deflacionario. Sin embargo, sabemos que las fuentes de energía necesarias para sustituir los combustibles fósiles no están disponibles de inmediato, y la IRA no impide que el Gobierno invierta hoy en combustibles fósiles para reducir los precios de la energía. Al contrario, exige al Departamento del Interior ofrecer cada año concesiones de explotación de petróleo y gas en 2 millones de acres en tierra y 60 millones de acres en alta mar. También restablece las ventas de concesiones para la exploración de petróleo y gas en el golfo de México y Cook Inlet, en Alaska. Estas disposiciones se apartan notablemente de los objetivos climáticos, pero tendrán un efecto deflacionario a corto y medio plazo.

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Una mirada al largo plazo

A corto plazo, el Gobierno de EE. UU. y los bancos de inversión seguirán invirtiendo en activos que pueden generar más emisiones. Sin embargo, a medio y largo plazo, es probable que la IRA tenga un efecto deflacionario. Esto se debe a que la IRA no promueve la desinversión en combustibles fósiles, sino que fomenta la inversión en tecnologías limpias. Los inversores privados e institucionales destinarán su capital a largo plazo a fuentes de energía más limpias. Las nuevas empresas emergentes y las inversiones corporativas generarán nuevos empleos.

Mientras tanto, las empresas, los gobiernos y la sociedad civil deben seguir reduciendo sus emisiones de carbono en origen, y no solo mediante compensaciones de carbono. La IRA crea una oportunidad para descarbonizar toda la cadena de suministro, aunque no pretenda eliminar el uso de combustibles fósiles. Con el inicio de la COP27 el 6 de noviembre en Sharm el-Sheij, los gobiernos y las empresas presentarán compromisos más ambiciosos. Lo harán en un contexto de incertidumbre económica, por lo que deberán centrarse tanto en estrategias a corto plazo para gestionar la recesión inminente como en inversiones a largo plazo en un planeta más limpio.

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