El cambio climático dominó la agenda de Davos.
La ciencia será clave para encontrar soluciones para un mundo sostenible.
Desde comprender el deshielo hasta construir drones con forma de ave para vigilar la contaminación, las innovaciones nos ayudan a afrontar la emergencia.
Tras mi primera participación en la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, merece la pena echar la vista atrás. Bajo el lema Partes interesadas por un mundo cohesionado y sostenible, el tema general que surgió en los debates de todos los ámbitos fue el enorme desafío que el cambio climático plantea a la sociedad mundial y a la propia humanidad. La pregunta que todos se hacen es: ¿cómo podemos construir un mundo más sostenible?
La reunión anual también fue una ocasión para mostrar el compromiso de Europa como líder en la respuesta al cambio climático.
Europa hará lo que haga falta para movilizar la inversión, la innovación y la creatividad necesarias para la transición ecológica, como señaló la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Este impulso se refleja en el nuevo Pacto Verde de la Comisión, la respuesta más completa a la emergencia climática que el mundo ha visto hasta ahora. Su objetivo es lograr la neutralidad de carbono en la UE para 2050. Muestra la clara ambición de Europa y sitúa la investigación y la innovación entre los principales motores para alcanzar este objetivo.
La ciencia y los ODS
Llamó la atención la frecuencia con que se aludió a la ciencia en los debates de Davos como prueba de que el mundo se enfrenta, efectivamente, a una emergencia climática. Las pruebas son claras y no auguran un buen futuro. Pero no olvidemos que la ciencia no solo ofrece advertencias contundentes. También puede aportar muchas de las respuestas que tanto necesitamos, así como soluciones para cambiar nuestra forma de vivir y de trabajar. La investigación de vanguardia es fundamental para hacer frente colectivamente al cambio climático y redoblar nuestros esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Considero que esta situación representa una oportunidad para una amplia variedad de disciplinas.

Entonces, ¿deberíamos pedir a los científicos que trabajen específicamente en soluciones climáticas? Los enormes y multifacéticos desafíos que trae consigo el cambio climático no pueden resolverse únicamente mediante investigaciones directas y a corto plazo. Requieren un enfoque amplio, multidisciplinario y abierto, con una perspectiva a largo plazo. Una fórmula de éxito probada consiste en dar rienda suelta a las mentes más brillantes para que sigan su curiosidad científica y se adentren en campos del conocimiento inexplorados, donde podrían encontrarse soluciones a muchos de los desafíos que afrontamos.
La historia nos enseña que este enfoque no prescriptivo propicia muchos de los avances más importantes y, a menudo, inesperados, como destacamos la comisaria europea Mariya Gabriel y yo en una sesión.
Ciencia «blue sky» para un Pacto Verde
Este enfoque constituye la base del funcionamiento del Consejo Europeo de Investigación (CEI). Nuestra investigación «blue sky», que ya recibía financiación desde abajo, ahora también contribuye a la prioridad política del Pacto Verde. Esto es posible gracias a la visión de futuro de investigadores que abrieron nuevos caminos antes incluso de que conociéramos los desafíos que se avecinaban, con independencia de la agenda política del momento.
Hasta la fecha, hemos apoyado a más de 9.000 investigadores destacados para ampliar nuestras fronteras en todos los campos. Ya se han destinado alrededor de 850 millones de euros a investigaciones relacionadas de algún modo con el ámbito climático, como las ciencias atmosféricas, la oceanografía y la demografía. Es probable que muchos otros proyectos tengan repercusiones en el cambio climático: desde las matemáticas hasta la informática, desde la química hasta la ingeniería, desde la economía hasta la historia, y desde la genética hasta el estudio de las enfermedades infecciosas. En conjunto, pueden ayudarnos a abordar la amplia variedad de campos que abarcan los ODS.
Una vez más, la reunión anual brindó una valiosa plataforma en la que destacados científicos contribuyeron a los debates, entre ellos el beneficiario de una subvención del CEI Johan Rockström, reconocido experto en cuestiones de sostenibilidad mundial. Su investigación sobre los puntos de inflexión, en relación con la creciente amenaza de un cambio climático abrupto e irreversible en los sistemas que sustentan la vida de nuestro planeta, es pionera. Su trabajo aporta esperanza y orientación para avanzar hacia un futuro próspero, resiliente y sin emisiones de carbono.
La naturaleza interdisciplinaria de los proyectos del CEI hace que sean pertinentes en una amplia variedad de campos relacionados con el clima. Un ejemplo destacado de investigación que ha aportado nuevos conocimientos cruciales sobre los ecosistemas de las profundidades marinas y las regiones polares ayuda a comprender cómo se derriten los casquetes polares. Otro proyecto mejora la agilidad y la robustez de pequeños vehículos aéreos no tripulados con forma de ave, que ya permiten realizar previsiones climáticas y vigilar, por ejemplo, los incendios forestales y la contaminación.
Otro proyecto pionero está creando una solución de reciclaje de agua que utiliza membranas inspiradas en la propia naturaleza para abordar los problemas de sequía y desalinización del agua de mar. Se está desarrollando un prototipo para demostrar la viabilidad del concepto a posibles socios o inversores. Un nuevo estudio sobre la distribución de beneficios ofrece perspectivas prometedoras para sociedades más inclusivas y equitativas: muestra cómo el derecho internacional puede utilizarse para establecer alianzas justas entre el Norte y el Sur globales, con vistas a la transición hacia una economía verde. Estos son solo algunos de los innumerables ejemplos que aportan nuevos conocimientos y soluciones concretas ante la emergencia climática y, en algunos casos, generan nuevas oportunidades de negocio.
Para que la investigación «blue sky» pueda seguir desempeñando un papel fundamental, no basta con creer en las pruebas y las soluciones que aporta, aunque eso sea un buen comienzo. También debemos estar dispuestos a invertir en ella. Eso es lo que la UE se propone hacer en el próximo programa marco, Horizonte Europa, a partir de 2021. La inversión dará sus frutos.
Una conclusión clara de Davos de este año es que la emergencia climática está en la mente de todos y que la magnitud del desafío que tenemos por delante ha quedado patente. Se necesitan tecnologías radicalmente nuevas, así como investigación e innovación disruptivas, para impulsar las transiciones sociales, económicas y ecológicas que exige el futuro. Los avances propiciados por la investigación exploratoria conducen a soluciones que mejoran nuestra vida cotidiana. La investigación está al servicio de la comunidad, pues los resultados de la ciencia son un bien común de alcance mundial. Esto puede ayudarnos a avanzar hacia la justicia global, en beneficio de toda la humanidad.




