Desde hace tiempo, los científicos advierten que el aumento de las temperaturas globales incrementará los riesgos asociados al calor.
Las viviendas de países como el Reino Unido no están preparadas para hacer frente al aumento de las temperaturas, lo que pone vidas en riesgo.
Los países de todo el mundo deben reconocer la gravedad del calor y mejorar las medidas de prevención y preparación, dicen los expertos.
El calor es la señal más clara del cambio climático, y el calor mortal empeorará aún más en los próximos 30 años mientras nos esforzamos por actuar.
Debido al cambio climático, las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas en todo el mundo.
Desde hace tiempo, los científicos advierten que el aumento de la temperatura media global, a medida que se acumulan gases de efecto invernadero en la atmósfera, está incrementando los riesgos asociados al calor.
La amenaza de las olas de calor seguirá aumentando mientras continúen acumulándose los gases de efecto invernadero.
Como 2050 es la fecha más temprana que se debate actualmente para reducir las emisiones globales a cero neto, el clima extremo, incluidas las olas de calor, será cada vez más severo durante al menos los próximos 30 años.
Los países que ya experimentan altas temperaturas tienen que adaptarse a episodios de calor aún más intensos.
Algunos están empezando a prestar más atención a la combinación de calor y humedad que impide que el cuerpo humano se mantenga fresco mediante la sudoración.
La llamada «temperatura de bulbo húmedo» equivalente a 35 grados Celsius con una humedad relativa del 100 % haría peligroso que incluso las personas sanas pasaran largos períodos al aire libre, sobre todo si realizan actividades físicas.
Efectos de las olas de calor
Muchos países cálidos ya reconocen que la gente es menos productiva cuando el calor es extremo, por lo que quienes trabajan en sectores como la construcción y la agricultura evitan trabajar al aire libre durante las horas más calurosas del día.
Sin embargo, los países poco acostumbrados a temperaturas abrasadoras tienen dificultades para hacerles frente. Una ola de calor a finales de junio de 2021 en el noroeste de América del Norte causó cientos de muertes y contribuyó a generar condiciones extremas para los incendios forestales.
Europa occidental tiene un historial aún peor en la gestión del calor extremo. Se estima que una ola de calor en agosto de 2003 causó más de 70.000 muertes.
En el Reino Unido, cientos de personas mueren cada verano durante las olas de calor estivales.
Casi todas las personas que mueren son de edad avanzada y padecen enfermedades preexistentes, en particular afecciones respiratorias. Como resultado, los efectos de las olas de calor en la salud han permanecido en gran medida ocultos y se han subestimado.
A menudo, los certificados de defunción no registran el papel del calor, y la verdadera magnitud de la pérdida de vidas solo se hace patente cuando el análisis de las estadísticas de salud pública revela aumentos de la mortalidad en los días calurosos, por lo general varios meses después.
Se podrían haber salvado muchas vidas si se hubiera prestado más atención a evitar el sobrecalentamiento de las viviendas.
Las personas vulnerables a las altas temperaturas suelen morir dentro de edificios que están mucho más calientes que el exterior.
Posibles soluciones a las olas de calor
El Gobierno británico respondió recientemente a la amenaza del sobrecalentamiento de los edificios endureciendo las normas de construcción para abordar debidamente cuestiones como la ventilación.
Sin embargo, muchas viviendas existentes necesitan reformas para evitar que alcancen temperaturas peligrosas. Evitar el sobrecalentamiento es tan importante como mejorar el aislamiento y la eficiencia energética.
Además, es necesario educar a la población para que tome las precauciones adecuadas, por ejemplo, cerrando las ventanas y las persianas para impedir la entrada de aire caliente y luz solar durante las horas más calurosas del día.
También es necesario crear una red de apoyo social más sólida para que las personas vulnerables que viven solas no queden abandonadas a su suerte en sus hogares.
El calor puede matar mucho más rápido que el frío. Muchas personas que mueren durante los episodios de calor no llegan a alertar a los servicios de emergencia ni a llegar al hospital.
El calor también perjudica los medios de vida y la economía, porque los trabajadores son menos productivos en oficinas sobrecalentadas.
Depender cada vez más del aire acondicionado no es una solución. Su instalación y funcionamiento pueden ser costosos e inasequibles para las personas pobres. Además, los picos de consumo eléctrico generan riesgo de cortes de energía.
Las personas que viven en ciudades están especialmente expuestas a los riesgos de las olas de calor debido al efecto de isla de calor urbana.
¿Cómo está combatiendo el Foro Económico Mundial la crisis climática?
Las zonas urbanizadas suelen estar formadas por superficies artificiales oscuras que absorben la energía del sol y la convierten en calor en lugar de reflejarla. Por ello, suelen estar varios grados más calientes que las zonas rurales circundantes.
Muchos de los desafíos son similares para las ciudades de países ricos y pobres. La ciudad de Ahmedabad, en la India, puso en marcha un Plan de Acción contra el Calor después de que una ola de calor causara 1344 muertes en 2010.
El plan incluye un sistema de alerta temprana para las altas temperaturas y mejores servicios de apoyo sanitario.
La respuesta de Londres al creciente riesgo de olas de calor incluye la creación de «espacios frescos» donde residentes y trabajadores pueden refugiarse durante los días calurosos.
Algunas ciudades, entre ellas Atenas, Miami y Freetown, han intentado mejorar su preparación nombrando responsables principales de calor.
En todo el mundo, las empresas, las ciudades y las comunidades deben reconocer que el clima actual y futuro no es el mismo que el del pasado. Los riesgos del calor extremo están aumentando y seguirán haciéndolo durante muchas décadas.



