Se estima que los desastres naturales causaron daños por valor de 210.000 millones de dólares en todo el mundo solo en 2020, y gran parte de esos daños afectó a edificios y otras infraestructuras.
La necesidad de invertir en edificios más resilientes está clara, pero muchos países carecen de los datos necesarios para evaluar adecuadamente estos riesgos.
Las herramientas que ayudan a recopilar y analizar estos datos podrían salvar vidas, reducir al mínimo los costes de construcción y proteger las inversiones en desarrollo.
El informe más reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) dibujó un futuro sombrío: adaptarse al cambio climático será cada vez más difícil si no invertimos ahora en protegernos.
Los ejemplos de desastres ocurridos solo el año pasado muestran la creciente urgencia. Varios tornados dejaron un rastro de destrucción por todo el medio oeste de Estados Unidos, mientras que lluvias mortales inundaron extensas zonas desde China hasta Sudán del Sur y los incendios forestales arrasaron millones de acres en torno al mar Mediterráneo.
Las infraestructuras físicas están en primera línea de esta emergencia. El informe del IPCC muestra que los edificios de las zonas urbanas ya están expuestos a riesgos que se intensifican rápidamente debido a la combinación de fenómenos extremos y al crecimiento de la población. Aunque muchas ciudades cuentan con planes de adaptación, pocas los ejecutan con todo el rigor necesario.
Para el sector privado, las implicaciones están claras. Según algunas estimaciones, los desastres causaron daños por valor de 210.000 millones de dólares en todo el mundo en 2020, un aumento considerable frente a los 166.000 millones de dólares de 2019. En los países más expuestos, como los del Caribe, reconstruir tras un desastre se ha vuelto prohibitivamente caro. Por ejemplo, el huracán María de 2017 le costó a Dominica más del 200 % de su producto interior bruto.
Invertir pronto en construir edificios más resilientes en lugares seguros salvará vidas, reducirá los costes y protegerá las inversiones en desarrollo. El beneficio neto de invertir en la resiliencia de las infraestructuras en países de ingresos bajos y medios ascendería a 4,2 billones de dólares, con un rendimiento de 4 dólares por cada dólar invertido.
Datos necesarios para evaluar el riesgo
El argumento económico está claro. Entonces, ¿por qué los países de todo el mundo aún no han puesto en práctica estos principios?
Las economías emergentes se enfrentan a una escasez de datos fiables para evaluar los costes y beneficios de invertir en infraestructuras resilientes. La falta de métricas que evalúen de forma sistemática los riesgos climáticos locales y la falta de información sobre el estado actual de las infraestructuras urbanas son dos obstáculos para destinar los limitados recursos a mejorar la resiliencia. Esto ha dificultado mucho que aseguradoras, promotores, inversores y gobiernos tomen decisiones basadas en pruebas y den forma al mercado inmobiliario del futuro.
Varios países han puesto a prueba iniciativas para colmar esas lagunas de datos. Por ejemplo, el Gobierno de Filipinas, un foco de riesgo de diversos desastres naturales, ha desarrollado una aplicación móvil que permite a los usuarios crear sus propios mapas locales para mostrar el nivel de peligros asociados a terremotos, tifones y otros posibles desastres.
Una de las mayores instituciones financieras del país, Bank of the Philippine Islands, ya utiliza la herramienta. El banco la emplea para evaluar su cartera y la exposición de sus clientes a los riesgos climáticos físicos, y toma en consecuencia decisiones de inversión clave. Sin embargo, incluso cuando se dispone de datos adecuados sobre los posibles riesgos de fenómenos meteorológicos extremos, sigue siendo difícil abordar las vulnerabilidades mediante la rehabilitación y mejora de las estructuras existentes.
El Índice de Resiliencia de los Edificios mide la exposición a peligros
Para tratar de resolver este problema, la Corporación Financiera Internacional (IFC) ha desarrollado el Índice de Resiliencia de los Edificios (BRI). Esta herramienta en línea utiliza un sistema estandarizado de calificación con letras para evaluar la capacidad de un edificio de resistir impactos y seguir funcionando. Puede aplicarse a viviendas, escuelas, hospitales y cualquier otro tipo de construcción.
Desarrollado con el apoyo de los gobiernos de Australia y los Países Bajos, el BRI mide la exposición de un edificio a los peligros naturales y tiene en cuenta las mejoras ya realizadas para mitigar estos riesgos.
El último informe del IPCC muestra que los edificios de las zonas urbanas ya están expuestos a riesgos que se intensifican rápidamente debido a la combinación de fenómenos extremos y al crecimiento de la población.
Ommid Saberi. Naz Baykan, IFC
El BRI refleja y complementa eficazmente la aplicación EDGE de IFC, que certifica edificios ecológicos y añade una perspectiva de adaptación climática a nuestro trabajo en este sector. Por ejemplo, ¿está situado el edificio en una zona propensa a las inundaciones? ¿Tiene un diseño estructural capaz de resistirlas y mantener a salvo a sus ocupantes?
Los datos y herramientas como esta, que respaldan la evaluación de los riesgos climáticos para las infraestructuras, tendrán varios efectos favorables en el mercado:
Permitir que una diversidad de partes interesadas —incluidas instituciones financieras, aseguradoras y gobiernos— evalúe y divulgue la resiliencia de sus proyectos o carteras, y tome decisiones más informadas sobre dónde invertir.
Ayudar a los promotores con acceso limitado al capital para diseñar y construir edificios más resilientes a encontrar nuevas formas de atraer inversores y acceder a nuevas fuentes de financiación municipal.
Permitir que las entidades del sector privado colaboren más estrechamente con los gobiernos para definir normativas sobre el uso del suelo y códigos de construcción que regulen dónde y qué construir.
Filipinas era un candidato natural para el proyecto piloto del BRI, pero se prevé que muchos más países de todo el mundo se beneficien de este tipo de iniciativas para integrar la resiliencia climática en las infraestructuras mundiales.





