Esta semana, las temperaturas llegaron a estar 47 °C por encima de lo normal en la Antártida y 30 °C por encima del promedio en el Ártico.
El cambio climático está haciendo que las olas de calor polares sean más frecuentes e intensas, y los polos se están calentando más rápido que el promedio mundial.
La ola de calor de la Antártida fue provocada por un intenso sistema meteorológico de altas presiones frente a Australia, que transportaba enormes cantidades de aire cálido y humedad.
El Ártico se vio afectado por un sistema de bajas presiones que canalizó aire cálido desde la costa noreste de Estados Unidos.
Esta semana, olas de calor récord azotaron simultáneamente la Antártida y el Ártico, con temperaturas que llegaron a estar 47 °C y 30 °C por encima de lo normal, respectivamente.
Las olas de calor son insólitas en cualquier momento en la Antártida, pero especialmente ahora, en el equinoccio, cuando está a punto de sumirse en la oscuridad invernal. Del mismo modo, al norte, el Ártico apenas está saliendo del invierno.
¿Están relacionadas estas dos olas de calor? Aún no lo sabemos, y lo más probable es que sea una coincidencia. Pero sí sabemos que los sistemas meteorológicos de la Antártida y el Ártico están conectados con las regiones más cercanas a ellos, y que estas conexiones a veces llegan hasta los trópicos.
¿Y el cambio climático es la causa? Podría serlo. Aunque es demasiado pronto para afirmarlo con certeza, sí sabemos que el cambio climático está haciendo que las olas de calor polares sean más frecuentes e intensas, y que los polos se están calentando más rápido que el promedio mundial.
Veamos más de cerca qué está provocando las anomalías extremas en cada región y cuáles son sus efectos en la fauna polar, como los pingüinos y los osos polares.
¿Qué ocurrió en la Antártida?
La ola de calor de la Antártida fue provocada por un sistema de altas presiones lento e intenso, situado al sureste de Australia, que transportó enormes cantidades de aire cálido y humedad hasta el interior de la Antártida. Estuvo acompañado por un sistema de bajas presiones muy intenso sobre el interior de la Antártida oriental.
Para empeorar las cosas, la nubosidad sobre la meseta de hielo antártica atrapó el calor irradiado desde la superficie.
Como es otoño en la Antártida, las temperaturas en el interior del continente no fueron lo bastante altas como para derretir los glaciares y el casquete de hielo. Pero eso no significa que no se produjeran grandes oscilaciones de temperatura.
Por ejemplo, en Vostok, en el centro de la meseta de hielo, se registró un máximo provisional de -17,7 °C (15 °C más que el récord anterior de -32,6 °C). Concordia, la estación de investigación franco-italiana, también situada en la meseta elevada, registró la temperatura más alta de su historia para cualquier mes, unos 40 °C por encima del promedio de marzo.
La situación en la costa fue muy distinta: llovió, algo que no es muy común en el continente.
La lluvia fue provocada principalmente por un río atmosférico: una estrecha franja de humedad acumulada sobre océanos cálidos. Los ríos atmosféricos se encuentran en los bordes de los sistemas de bajas presiones y pueden transportar grandes cantidades de agua a enormes distancias, a escalas que superan las de los continentes.
A pesar de ser poco frecuentes, los ríos atmosféricos contribuyen de manera importante a las capas de hielo del continente, pues depositan cantidades relativamente grandes de nieve. Cuando la temperatura de la superficie supera el punto de congelación, en la Antártida cae lluvia en lugar de nieve.
El lunes pasado (14 de marzo), la temperatura del aire en la estación Casey australiana alcanzó un máximo de -1,9 °C. Dos días después, se acercaba más a las temperaturas de pleno verano y alcanzó un nuevo máximo para marzo de 5,6 °C, lo que derretirá el hielo.
Esta es la segunda ola de calor en la estación Casey en dos años. En febrero de 2020, Casey registró 9,2 °C, seguido de un máximo sorprendente de 18,3 °C en la península Antártica.
¿Qué podría significar esto para la fauna?
Los pingüinos Adelia, que viven a lo largo de toda la costa antártica, acaban de terminar su temporada de reproducción de verano. Por suerte, las crías de pingüino Adelia ya se habían marchado al mar para empezar a buscar alimento por su cuenta, así que la ola de calor no las afectó.
La lluvia podría haber afectado a la flora local, como los musgos, especialmente porque se encontraban en su fase anual de secado para el invierno. Pero no sabremos si las plantas sufrieron daños hasta el próximo verano, cuando podamos volver a visitar los lechos de musgo.
¿Y qué ocurre en el Ártico?
La semana pasada se produjo un patrón meteorológico similar en el Ártico. Empezó a formarse un intenso sistema de bajas presiones frente a la costa noreste de Estados Unidos. En su encuentro con un sistema de altas presiones adyacente se formó un río atmosférico.
Este patrón meteorológico canalizó aire cálido hacia el círculo polar ártico. Svalbard, en Noruega, registró una nueva temperatura máxima de 3,9 °C.
Investigadores estadounidenses llamaron al sistema de bajas presiones «ciclón bomba» porque se formó con gran rapidez, en un proceso denominado, de manera llamativa, «ciclogénesis explosiva».
Las condiciones del hielo marino invernal ya eran muy precarias este año y, en tierra firme, recientemente se registraron lluvias récord en Groenlandia.
Si las condiciones cálidas hacen que el hielo marino se fragmente antes de lo normal, las consecuencias podrían ser graves para muchos animales. Por ejemplo, el hielo marino es un hábitat crucial para los osos polares, pues les permite cazar focas y recorrer largas distancias
Muchas personas viven en el Ártico, incluidos los pueblos indígenas del Ártico, y sabemos que la pérdida de hielo marino trastoca la caza de subsistencia y las prácticas culturales.
Además, el sistema meteorológico del ciclón bomba provocó condiciones meteorológicas caóticas en muchas zonas habitadas del hemisferio norte. En el norte de Noruega, por ejemplo, las flores han empezado a florecer antes de tiempo debido a tres semanas de temperaturas anormalmente cálidas.
Un presagio del futuro
Los modelos sugieren que los patrones climáticos a gran escala son cada vez más variables. Esto significa que esta ola de calor, aparentemente aislada, podría ser un presagio de lo que nos depara el futuro bajo el cambio climático.
En particular, el Ártico se ha estado calentando el doble de rápido que el resto del mundo. Esto se debe a que el deshielo marino deja al descubierto más superficie oceánica, y el océano absorbe más calor porque es más oscuro.
De hecho, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) prevé que el hielo marino del Ártico siga retrocediendo al ritmo actual, y que los veranos sin hielo podrían ser posibles para la década de 2050.
El futuro de la Antártida suscita una preocupación similar. El IPCC concluye que un calentamiento global de entre 2 °C y 3 °C durante este siglo provocaría que la capa de hielo de la Antártida occidental desapareciera casi por completo. Reducir las emisiones globales hasta alcanzar las cero netas lo antes posible ayudará a evitar los peores efectos del cambio climático.




