Hace entre 50 y 60 millones de años, Groenlandia tenía un clima subtropical, debido a una mayor actividad volcánica y a un clima mundial en general más cálido.
Un evento de calentamiento rápido provocó la liberación a la atmósfera de billones de toneladas de gases de efecto invernadero y causó un aumento de las temperaturas globales.
Este acontecimiento histórico pone de relieve los riesgos del cambio climático actual y sirve como ejemplo real de lo que podría depararnos el futuro.
El gélido noreste de Groenlandia parece un lugar poco probable para obtener información sobre nuestro mundo, cada vez más cálido. Sin embargo, entre hace 50 y 60 millones de años, la región era un lugar muy diferente.
En aquella época, Groenlandia tenía un clima subtropical acorde con su nombre. Fue escenario de una actividad volcánica que reestructuró las conexiones terrestres y oceánicas e impulsó un calentamiento rápido.
El abrupto evento de calentamiento global ocurrido hace 56 millones de años, conocido como el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM, por sus siglas en inglés), se utiliza con frecuencia como un análogo preocupante de nuestra crisis climática actual.
Nuestra investigación, publicada hoy en Communications Earth and Environment, aporta detalles fundamentales sobre el evento, con especial atención al papel que desempeñó Groenlandia en él.
Lecciones del pasado de la Tierra
Hace unos 56 millones de años, una mayor actividad volcánica dio lugar a la erupción de enormes volúmenes de roca fundida, en una vasta área que rodeaba lo que con el tiempo se convertiría en Islandia. Bajo tierra, el magma prácticamente "coció" sedimentos ricos en materia orgánica, convirtiendo el carbono almacenado en gas.
Esto provocó la liberación a la atmósfera de billones de toneladas de gases de efecto invernadero. Impulsó un aumento de la acidez oceánica y un incremento de las temperaturas globales de entre 5 y 8 ℃.
Las consecuencias ambientales y ecológicas fueron inmensas. Las extinciones masivas y las migraciones animales se produjeron en solo unos pocos miles de años. Avanzando hasta la publicación del último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, se comprueba que nunca ha existido una necesidad mayor de comprender los sistemas climáticos de la Tierra.
El registro geológico ofrece la oportunidad de aprender de episodios climáticos pasados que ocurrieron en una escala de tiempo mucho más larga que la vida humana o que cualquier historia escrita.
Lo más importante es que podría advertirnos de las consecuencias de la actual convulsión climática de la Tierra, que se desarrolla mucho más rápidamente.
La exótica tierra de Groenlandia
El noreste de Groenlandia es el parque nacional más grande del mundo y una de las zonas más remotas e inexploradas del planeta.
Para nuestro estudio, nos propusimos cartografiar la evolución ambiental y la respuesta geográfica a la actividad volcánica durante todo el evento del PETM en el noreste de Groenlandia. La actividad volcánica ha sido identificada como la "prueba definitiva" de lo que impulsó el calentamiento del PETM.
Groenlandia también actuó como guardián del estrecho marino, en otro tiempo angosto, que conectaba los océanos Ártico y Atlántico (antes de que el movimiento de las placas tectónicas abriera más plenamente el Atlántico).
Por tanto, Groenlandia desempeñó un papel significativo en la regulación de las conexiones oceánicas críticas para el clima. Estos canales controlan la distribución del calor, de los gases disueltos, como el oxígeno y el dióxido de carbono, de los nutrientes y de la humedad en la atmósfera.
Nuestro equipo internacional de geólogos cartografió cuidadosamente sedimentos y coladas de lava en tierra firme, en el noreste de Groenlandia, así como en testigos de roca extraídos del lecho marino cercano.
Identificamos y datamos diversos fósiles microscópicos de plantas y plancton, que proporcionaron información detallada sobre el entorno en el que habrían vivido. Esto se combinó con los hallazgos obtenidos al rastrear los ecos de las ondas sonoras bajo el lecho marino.
Al medir cómo se reflejan las ondas sonoras en los sedimentos enterrados, cartografiamos el grosor y la evolución de las capas geológicas. Esto reveló cómo evolucionó con el tiempo el paisaje, hoy parcialmente cubierto por el océano.
Con ello, reconstruimos cuidadosamente una imagen del noreste de Groenlandia tal como era hace entre 47 y 63 millones de años.
Un planeta más cálido y húmedo
Descubrimos que, en torno a la época del PETM, el levantamiento volcánico convirtió los entornos marinos más profundos del noreste de Groenlandia en estuarios someros, ríos y llanuras aluviales pantanosas con vegetación.
Hace unos 56 millones de años, la lava comenzó a brotar en toda la región, formando montones de roca volcánica de cientos de metros de altura. A medida que se sucedían las coladas de lava, el clima cálido y húmedo de la época acabó provocando la descomposición de la superficie en un suelo rojo denominado laterita.
Nuestros datos del noreste de Groenlandia son coherentes con las reconstrucciones más amplias de los gases de efecto invernadero del Ártico de la época. Ambas describen un paisaje de bosques exuberantes y pantanosos habitados por reptiles de sangre fría, primates y bestias semejantes a hipopótamos, muy distintos de cualquier cosa que se pudiera ver en el mundo actual, más frío.
Pasos oceánicos y puentes terrestres
Nuestro trabajo también reconstruye el levantamiento del lecho marino y la emergencia de grandes extensiones de tierra desde el océano. Esto es importante, ya que habría provocado una grave obstrucción del estrecho que separaba Groenlandia y Noruega.
Tales bloqueos son malas noticias. Sabemos por el registro geológico que, si se detiene la circulación oceánica crítica, puede dar lugar a acidificación peligrosa y océanos privados de oxígeno, además de una mayor perturbación climática.
Dicho esto, cuando el flujo de agua entre el Atlántico y el Ártico se vio restringido por la emergencia de tierras durante el PETM, hubo más oportunidades para que las plantas y los animales se desplazaran. La conexión continental permitió a las especies migrar hacia climas más fríos y escapar de los efectos del calentamiento.
De vuelta al futuro
Los entornos actuales han sido en gran medida fragmentados por la actividad humana a través de la agricultura y la urbanización, lo que da a las especies sometidas a estrés ambiental menos oportunidades de desplazarse a otros lugares para sobrevivir a cualquier cambio.
Y aunque todavía estamos lejos de igualar el volumen total de emisiones de gases de efecto invernadero liberadas durante el PETM, las tasas actuales de emisión están aumentando casi diez veces más rápido. Nuestros ecosistemas ya muestran signos de desestabilización.
Estudios recientes han advertido de la debilitación de la circulación oceánica, lo que podría dar lugar a puntos de inflexión climáticos. Sin una intervención urgente, la crisis climática y ecológica en curso podría resultar una carga mucho mayor de la que el mundo puede soportar.








