En sus deliberaciones sobre política monetaria, los responsables de política de la Reserva Federal deben tener en cuenta muchos factores, pero hasta ahora el cambio climático no ha sido uno de ellos.

Pero, a medida que aumentan las preocupaciones por el calentamiento del planeta, el banco central estadounidense analiza más de cerca los efectos económicos de las temperaturas más altas, los fenómenos meteorológicos severos más frecuentes y el aumento del nivel del mar.
Una “tasa de interés verde” es una de las ideas que se presentarán el viernes, cuando la Fed de San Francisco reúna la primera conferencia de la historia del banco central estadounidense sobre cambio climático y economía. El evento tiene tanta demanda que se ha creado una transmisión web para atender el interés.
Mientras la Fed se queda rezagada frente a bancos centrales de referencia, como el Banco de Inglaterra, al incluir de forma explícita el cambio climático en su mandato de estabilidad financiera, la conferencia es la última señal de que la Fed ha empezado a tomar en serio los riesgos y costos del calentamiento global.
“Para nosotros es importante, desde la perspectiva de la política monetaria, saber cuál es la tasa de crecimiento potencial de la economía y si los eventos climáticos o el riesgo climático la reducirán, aunque sea a largo plazo”, dijo Mary Daly, directora de la Fed de San Francisco, en Nueva York a principios de esta semana.
Los documentos que se presentarán en la conferencia de esta semana aportan esa perspectiva de diversas maneras. Uno estima que el cambio climático podría restar un 7% al PIB per cápita real mundial en 2100; otro concluye que los subsidios a las energías verdes, como la eólica y la solar, no son una herramienta eficaz contra el calentamiento global, pero que los impuestos al carbono, si se implementaran en muchas partes del mundo, sí lo serían. Otros documentos describen cómo el cambio climático afecta a los precios de los activos y muestran que la política comercial subvenciona las emisiones de gases de efecto invernadero.

El banco central estadounidense se centra cada vez más en el calentamiento global, incluso cuando la administración del presidente Donald Trump niega que este exista. Trump, que ha calificado el cambio climático de “engaño”, notificó oficialmente el lunes a las Naciones Unidas que Estados Unidos dejará el Acuerdo de París sobre el Clima dentro de 12 meses; en virtud de dicho acuerdo, 195 países se comprometieron a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para tratar de evitar un calentamiento planetario catastrófico.
Los científicos coinciden en gran medida en que el dióxido de carbono procedente de los automóviles, las centrales eléctricas y otras fuentes humanas es el origen del cambio climático que ya está haciendo que los huracanes intensos, las sequías severas y otros fenómenos meteorológicos extremos sean más frecuentes.
Ya blanco de la ira de Trump por no bajar las tasas de interés aún más de lo que ya lo ha hecho, el presidente de la Fed, Jerome Powell, afirmó recientemente que los bancos centrales están estudiando hasta qué punto deben abordar directamente el cambio climático.
“No nos encontramos en una situación en la que considere que deberíamos aplicar la política monetaria para hacer frente a problemas de tipo climático”, dijo Powell el mes pasado en Denver, “pero se está llevando a cabo mucho análisis con visión de futuro”.
Powell no asistirá a la conferencia del viernes, pero sí estará presente Lael Brainard, una de los cinco gobernadores de la Fed que, junto con los 12 presidentes de los bancos regionales de la Fed, fijan las tasas de interés de Estados Unidos.
Ella no es ajena a las ideas que se presentarán en la conferencia del viernes: hace más de una década ayudó a editar un libro sobre la amenaza económica del cambio climático. Pero desde que el presidente Barack Obama la nombró en 2014, ha dicho poco sobre el tema.
¿Pueden las tasas de interés ser verdes?
Para algunos economistas, tiene sentido que la Fed considere cómo el cambio climático podría afectar al crecimiento de la misma forma en que analizaría otras cuestiones potencialmente de largo plazo, como las tendencias demográficas.
En la conferencia, el profesor de la Universidad Carnegie Mellon Nicholas Muller presentará una “tasa de interés verde”. En pocas palabras, sugiere que la fijación de las tasas de interés debería tener en cuenta el lastre económico que, según las proyecciones, provocarán las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Las tasas deberían ser más bajas cuando los daños por contaminación aumentan”, dijo Muller en una entrevista. Su documento también muestra cómo el uso prudente de la política de tasas puede sesgar la inversión de maneras que podrían contribuir a los objetivos ambientales y salvar vidas humanas.
Aunque esa idea podría ser excesivamente ambiciosa en el futuro previsible, la Fed ha producido en el último año una cantidad extraordinaria de investigación sobre cambio climático y economía.
La Fed de Dallas dedicó gran parte de una publicación trimestral reciente al cambio climático, incluido un análisis de las emisiones de carbono en el estado de Texas.
La Fed de Richmond abordó el mes pasado, en su propia publicación trimestral, la cuestión de los bancos centrales y el cambio climático. Hace dos semanas, la Fed de San Francisco publicó un informe de 168 páginas sobre el impacto de los fenómenos meteorológicos severos en las comunidades pobres y propuso una serie de respuestas, entre ellas desalentar a los bancos a conceder préstamos para reconstruir zonas afectadas por desastres que no adopten medidas para reducir el riesgo futuro.

Aun así, la Fed sigue muy rezagada frente a otros grandes bancos centrales, y parte de la investigación que se presentará en la próxima conferencia sugiere por qué eso podría ser problemático.
“Mientras los economistas siguen debatiendo si el calentamiento global afecta al nivel o a la tasa de crecimiento de la economía, ignorar estos efectos podría llevar a los bancos centrales a juzgar erróneamente la evolución de la brecha del producto y de las presiones inflacionarias”, señala Sandra Batten, investigadora del Banco de Inglaterra, en su presentación.
Nigel Purvis, cofundador del grupo de defensa Climate Advisers, que trabajó con Brainard para editar “Climate Change and Global Poverty” y no asistirá a la conferencia, es más directo.
“El cambio climático crea riesgos materiales para las instituciones financieras de Estados Unidos y, por extensión, para toda la economía estadounidense”, dijo Purvis en un correo electrónico. “Otros reguladores financieros, incluido el Banco de Inglaterra, están adaptando sus sectores financieros al clima al exigir divulgaciones climáticas y una gestión más activa de los riesgos climáticos. La Fed debería hacer lo mismo”.




