Cómo los gobiernos pueden impulsar una transición energética más rápida, más amplia y mejor

A holistic approach to policy-making by governments is required to bring out the energy transition.
A holistic approach to policy-making by governments is required to bring out the energy transition.Image: Myriams-Fotos from Pixabay
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  • La transición energética debe respaldarse con un enfoque sólido e integral en la elaboración de políticas por parte de los gobiernos.

  • La clave reside en contribuciones determinadas a nivel nacional más específicas, y el año de la COP26 es el momento de hacerlo.

Los primeros automóviles, introducidos en la década de 1880, eran caros, de nicho y solo los utilizaban los ricos. En un plazo de 30 años, el Model T de Ford entró en producción en masa. Esto elevó el número de hogares con automóvil en el EE. UU. del 8 % en 1918 al 60 % en 1928, y desencadenó la expansión de la electrificación, los suburbios, los cines, los centros comerciales, la publicidad sofisticada y mucho más.

No se trata de un crecimiento lineal, sino exponencial. Lo hemos visto suceder una y otra vez a lo largo de la historia, ya sea de los caballos a los automóviles o de las válvulas a los transistores, y cada vez ha cambiado fundamentalmente la forma en que vivimos y operamos. Nuestra carrera hacia un sistema energético con cero emisiones de carbono no será diferente.

Pero, del mismo modo que las políticas proempresariales impulsaron el auge económico estadounidense y la innovación, como el Model T en la década de 1920 (que, por cierto, siguió a la pandemia de gripe española), la transición a la energía limpia debe respaldarse con una política gubernamental integral.

Clave para ello es lograr una mayor especificidad en las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN) de los países en el marco del Acuerdo de París: establecer cómo y cuándo alcanzará cada sector las cero emisiones, e involucrar a todos los agentes económicos y a los ministerios gubernamentales. Los beneficios de descarbonizar la energía se extienden mucho más allá de sectores individuales, hasta la salud, el empleo, la educación, la igualdad y la conservación de la naturaleza. Pero el trabajo que hay detrás también.

Este es el año para hacerlo, antes de la cumbre sobre el clima COP26 de noviembre en Glasgow, donde todos los países deben elevar sus CDN. Como primer paso, los gobiernos deben reunir a sus ministros de energía, clima, transporte, salud y otras carteras en torno al mismo objetivo: una energía con cero emisiones de carbono. Después, los ministros pueden alinear sus políticas con los objetivos de las CDN y comenzar a aplicarlas.

Estadísticas sobre la transición energética

El sector energético ya lidera la carrera hacia las cero emisiones, con avances y rápidas caídas de precios en los sectores del automóvil, la electricidad y la iluminación. A nivel mundial, el número de vehículos eléctricos en circulación ha pasado de 17 000 en 2010 a más de 7,2 millones en la actualidad. La instalación de energía solar creció de 290 MW en 2001 a casi 127 000 MW en 2020. La cuota de bombillas LED en el mercado de la iluminación ha crecido del 1 % en 2010 a un 69 % previsto en 2020, y será casi del 100 % en 2025.

El crecimiento se produce incluso donde los gobiernos van a la zaga. Pero es más rápido si está guiado por políticas. China cuenta con 420 000 autobuses eléctricos en circulación, impulsados por la guerra de Pekín contra la contaminación atmosférica. Noruega se convirtió el año pasado en el primer país en vender más vehículos eléctricos que de gasolina, diésel e híbridos, respaldado por el objetivo de Oslo de poner fin a las ventas de vehículos de combustión interna en 2025.

Emisiones de las grandes economías desde 1990, con hojas de ruta de transición energética hacia las CDN y las cero emisiones netasImage: Carbon Brief / Climate Watch

Transformación de toda la sociedad

Estos avances impulsan una transformación de toda la sociedad. Ellos crean empleos bien remunerados, previenen muertes prematuras mediante la reducción de la contaminación atmosférica y llevan energía asequible a las zonas rurales, lo que permite a las personas refrigerar alimentos o medicamentos y a los niños estudiar con luz después del atardecer.

Pero para alcanzar el ritmo y la escala necesarios se requiere lo que el secretario general de la ONU, António Guterres, ha denominado “multilateralismo inclusivo y en red”. Cuanta más ambición exijan los líderes políticos, más retos tendrán las empresas, los inversores, las ciudades y las regiones para avanzar. Cuanto más lejos lleguen, más alto podrán fijar los gobiernos sus objetivos, y así sucesivamente. Es un bucle de ambición. Plataformas como las de la Asociación de Marrakech Climate Action Pathways, la Mission Possible Partnership y la Race to Zero Breakthroughs están posibilitando este tipo de colaboración precompetitiva, lo que reduce el riesgo de la transición energética.

La transición energética está cobrando impulso incluso en medio de la crisis sanitaria y económica de la COVID-19, con países de altas emisiones que fijan objetivos de cero emisiones netas: China para 2060, y la UE, EE. UU., Canadá, Corea del Sur, Japón y Sudáfrica para 2050.

La nueva CDN del Reino Unido se basa en el plan para una revolución industrial verde que creará 250 000 empleos británicos en esta década. En 2030, Londres pretende haber puesto fin a la venta de automóviles de gasolina y diésel, haber alcanzado una capacidad de producción de hidrógeno verde de 5 GW y haber cuadruplicado la capacidad eólica marina, entre otros planes.

La nueva meta de Sudáfrica de alcanzar las cero emisiones netas para 2050 se respalda con una estrategia para reducir el suministro de energía eléctrica de origen carbonífero, del 90 % aproximadamente en la actualidad al 46 % en 2030 y al 30 % en 2050, a la vez que se impulsa la energía eólica, solar e hidroeléctrica. Esto se queda corto respecto a los objetivos de París, pero la ambición, planteada frente a un grave golpe económico por las altas tasas de COVID-19, es loable.

Tres formas innovadoras en que las empresas de energía y extracción de recursos se están volviendo ecológicas.
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Sin embargo, las señales más importantes de la transformación energética proceden del sector privado. International Airlines Group y Oneworld Alliance van por delante de la Organización de Aviación Civil Internacional en el establecimiento de objetivos de cero emisiones netas. General Motors aspira a alcanzar las cero emisiones netas para 2040 y pide al gobierno estadounidense que impulse un programa nacional de vehículos de cero emisiones. Nestlé pretende reducir a la mitad sus emisiones para 2030 apoyando el cambio hacia la agricultura regenerativa y plantando cientos de millones de árboles.

Impacto de la elaboración de políticas en la transición energética

Las políticas gubernamentales ayudarán tanto a hacer realidad estas ambiciones como a aumentarlas de forma continua a la escala que exige el Acuerdo de París. Las CDN podrían impulsar la descarbonización poniendo fin a los subsidios a los combustibles fósiles y fijando un precio al carbono, desplazando las inversiones de los combustibles fósiles a las energías renovables, poniendo fin a la venta de vehículos de gasolina y diésel, y acabando con la deforestación, tal como recomienda la NDC Partnership. Y, como señala la Coalition for Urban Transitions, invertir en ciudades, incluidos los edificios y la movilidad de bajas emisiones de carbono, la energía renovable y los espacios verdes, también mejoraría tanto las recuperaciones nacionales de la COVID-19 como las contribuciones a París.

Por supuesto, todas estas políticas deben sustentarse en dos pilares en la carrera hacia un mundo sano, resiliente y con cero emisiones: la transición justa y la regeneración de la naturaleza.

Sabemos que la transición energética creará empleos, pero estos deben estar disponibles en los lugares donde los trabajadores y las comunidades dependen de los combustibles fósiles. La transición justa es un desafío local, y los líderes políticos y empresariales deberían tratarla como tal.

Y sabemos que reducir drásticamente las emisiones solo nos llevará a recorrer una parte del camino hacia una mayor salud y resiliencia; debemos regenerar la naturaleza al mismo tiempo. Al reformar su medida del éxito económico y dar prioridad a trabajar y vivir de forma sostenible en lugar de destruir la naturaleza, los gobiernos pueden restablecer la relación de la humanidad con su “activo más preciado”, tal como Economics of Biodiversity: Dasgupta Review deja claro.

El mundo en el que vivimos hoy ha sido moldeado por los avances de nuestro pasado, desde la cadena de montaje del Model T hasta la expansión de los teléfonos móviles por zonas rurales antes desconectadas. Estos avances siguen impulsándonos hacia un futuro más seguro, siempre que los gobiernos se aseguren de que toda la sociedad participe.

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