En 2022, los polos Norte y Sur sufrieron olas de calor sin precedentes: las temperaturas llegaron a estar hasta 40 grados Celsius por encima de la media estacional regional.
Enormes extensiones de bosques boreales han sido destruidas por incendios forestales en el círculo polar ártico. Por otro lado, el permafrost se está derritiendo, lo que revierte la función del suelo ártico congelado como importante sumidero de carbono.
Los habitantes del Ártico están a la vanguardia de la adaptación al cambio climático que todos debemos llevar a cabo.
La mayoría asociamos los pingüinos, los osos polares y un frío glacial con las regiones polares de la Tierra.
Pero el calentamiento global está transformando esas zonas congeladas desde hace mucho tiempo, en los extremos norte y sur del planeta. Ahora debemos sumar los incendios forestales subterráneos, las olas de calor y el deshielo del permafrost a nuestros conocimientos sobre los efectos del clima en estos entornos desolados y frágiles.
En muchos sentidos, las regiones polares son el canario en la mina de carbón cuando se trata del cambio climático. Los polos Norte y Sur se han convertido en nuestro sistema de alerta temprana, que anticipa cómo quizá deban adaptarse los seres humanos en el resto del mundo a medida que el planeta se calienta.
Aquí presentamos 3 datos sorprendentes sobre el cambio climático en las regiones polares y cómo los pueblos indígenas están a la vanguardia de la adaptación al clima.
Olas de calor en el Ártico y la Antártida
En 2022 se registraron temperaturas récord tanto en el Ártico como en la Antártida. El 18 de marzo, científicos de la estación Concordia, en la Antártida, registraron una temperatura de -11,8 °C. A primera vista, no parece una temperatura especialmente cálida, pero resulta sorprendente al saber que era 40 grados superior a la norma estacional.
La ola de calor antártica de 2022 siguió a un fenómeno similar en 2021, lo que llevó a los científicos a sugerir que había aumentado la intensidad de los episodios meteorológicos extremos en la región.
Al mismo tiempo, las estaciones meteorológicas cercanas al polo Norte registraban temperaturas 30 grados por encima de lo normalpara esa época del año, según informaciones de The Guardian.
Incendios zombis
A medida que aumentan las temperaturas en las regiones polares, crece el riesgo de incendios forestales en el círculo polar ártico. Reuters informa que, en 2021, los incendios forestales que se desataron en Siberia arrasaron 168.000 kilómetros cuadradosde bosque boreal.
En 2021, los incendios forestales del Ártico liberaron, según las estimaciones, 16 millones de toneladas de carbono, según un informe del Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
Aunque la mayoría de los incendios forestales se extinguen al aire libre, hay otro tipo de fuego ártico más difícil de detectar. Los llamados incendios zombis pueden arder sin llama en la turba bajo la superficie helada del Ártico durante todo el invierno. Cuando llega la primavera, los fuegos vuelven a encender la vegetación de la superficie y emiten dióxido de carbono tanto de la vegetación como de la turba, que es un depósito natural de dióxido de carbono. Un informe de científicos del clima concluyó que el aumento del número de estos incendios forestales que sobreviven al invierno está directamente relacionado con el cambio climático.
Sumideros de carbono mermados
Las regiones polares se están calentando mucho más rápido que la media mundial. En el Ártico, 2022 fue el sexto año más cálidode los registros que se remontan a 1900. Este ritmo de calentamiento prolonga una tendencia al alza que lleva décadas.
Una de las consecuencias del calentamiento del Ártico es que el permafrost —suelo que ha permanecido completamente congelado durante milenios— está empezando a descongelarse. El deshielo del permafrost es doblemente perjudicial para el clima. En primer lugar, el permafrost es uno de los mayores sumideros de carbono del planeta. Los científicos estiman que almacena cinco veces más carbono del que la humanidad ha liberado jamás al quemar combustibles fósiles.
En segundo lugar, científicos del Observatorio de la Tierra de la NASA colaboraron en un estudio que constató que el permafrost ártico está pasando de ser un importante sumidero de carbono a una fuente importante de emisiones de CO2. Describen esta transición como «un cambio radical para una región que ha capturado y almacenado carbono durante decenas de miles de años».
El equipo de investigación concluyó lo siguiente: «Cada invierno, entre 2003 y 2017, se perdieron 1.700 millones de toneladas métricas de carbono de las regiones árticas de permafrost. Durante el mismo período, la vegetación absorbió un promedio de 1.000 millones de toneladas métricas de carbono en las temporadas de crecimiento del verano. Esto transforma la región: deja de ser un sumidero neto de dióxido de carbono —donde este se captura de la atmósfera y se almacena— y pasa a ser una fuente neta de emisiones».
Adaptación al cambio climático en las regiones polares
La Antártida es uno de los lugares más aislados e inhóspitos del planeta. Quizá no sorprenda, entonces, que no haya asentamientos humanos permanentes en el continente. En el otro extremo del mundo, el Ártico alberga a cuatro millones de personas, muchas de ellas pertenecientes a comunidades indígenas.
El Consejo Ártico afirma que los habitantes del Ártico ya están sintiendo los efectos del cambio climático y considera que el resto del mundo tendrá mucho que aprender de los pueblos del Ártico mientras se adaptan al cambio climático. El Consejo afirma: «Comprender cómo afectará el cambio climático al sistema climático y los ecosistemas del Ártico es fundamental para adaptar los medios de vida y orientar la toma de decisiones a nivel regional, nacional e internacional».








