Quienes menos responsabilidad tienen en el calentamiento global serán quienes más sufran. Los países más pobres —que han contribuido mucho menos al cambio climático— suelen estar situados en regiones más cálidas, donde un calentamiento adicional causa los mayores estragos. Los fenómenos meteorológicos extremos, como la prolongada sequía de Siria, las catastróficas inundaciones monzónicas del sur de Asia y el ciclón Idai en el sureste de África, el tercer ciclón más mortífero del que se tiene constancia, son cada vez más probables y más intensos.
Estos fenómenos provocan de manera desproporcionada muertes, desplazamientos y pérdidas de cosechas. Como resultado, las proyecciones estiman que el cambio climático perjudicará gravemente a las economías de los países más pobres y cálidos en las próximas décadas, mientras que los países más ricos y fríos, responsables de la gran mayoría del CO2 adicional en la atmósfera, incluso podrían beneficiarse a corto plazo. Sin embargo, como revela una nueva investigación, no se trata solo de una preocupación futura: la injusticia económica del cambio climático lleva 60 años produciéndose.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, comparó el PIB per cápita de distintos países —una medida del nivel de vida económico de la persona promedio— entre 1961 y 2010. Después, utilizó modelos climáticos para estimar cuál habría sido el PIB de cada país sin los efectos del cambio climático. Los resultados son contundentes.
Las economías de muchos países más pobres han crecido rápidamente en los últimos 50 años, aunque a menudo a un gran coste social y medioambiental y en beneficio de la economía globalizada. Pero incluso ese crecimiento se ha visto frenado sustancialmente por el cambio climático: la brecha del PIB per cápita entre los países más ricos y los más pobres es un 25 % mayor de lo que habría sido en un mundo con un clima estable. Además, como la mayoría de los países más ricos se encuentran por debajo de los 13 ℃ de temperatura media anual y los más pobres por encima de ese umbral, en el que la productividad económica alcanza su máximo, el aumento de la temperatura global es un factor inmediato de esta desigualdad.
De los 36 países con las menores emisiones históricas de carbono, que también se cuentan entre los más pobres y cálidos del mundo, 34 han sufrido un perjuicio económico en comparación con un mundo sin calentamiento, con una pérdida media del 24 % del PIB per cápita. El 40 % de los países más pobres, muchos de ellos situados en el África subsahariana, Asia y América Central y del Sur, ha perdido entre el 17 y el 31 % del PIB en el último medio siglo.
India, uno de los países con menores emisiones per cápita, ha sido considerada una campeona del crecimiento económico en las últimas décadas, pero el cambio climático ha ralentizado su avance un 30 %. Mientras el sector servicios del país ha experimentado un auge, el sector agrícola —que emplea a la mitad de la población activa total de India— ha sufrido enormemente. La triplicación de los episodios de lluvias extremas y el aumento de las sequías graves han reducido el rendimiento de los cultivos y causado daños de entre 9.000 y 10.000 millones de dólares al año únicamente en el sector agrícola.
Los mismos fenómenos también paralizan con regularidad los centros económicos urbanos de India. Con 12 millones de habitantes, Bombay tiene la mayor población del mundo expuesta a inundaciones costeras. Los aguaceros de 2005 y 2014 obligaron a cerrar el aeropuerto internacional y las carreteras de la ciudad, y causaron daños materiales por valor de millones.
Los veranos cada vez más intensos de India, que ahora alcanzan regularmente más de 45 ℃ reducen la productividad, causan la muerte de miles de personas y llevan a miles más a suicidarse. A esto se suman los costes de miles de millones de libras de las operaciones de rescate y reconstrucción tras ciclones como la tormenta de 1999 en Odisha, que dejó a dos millones de personas sin hogar. Así se entiende fácilmente cómo el cambio climático puede frenar el crecimiento económico de India y de países afectados de manera similar.
Sin embargo, en los países más ricos del mundo, el cambio climático ha aumentado la riqueza: 14 de los 19 países con mayores emisiones se encuentran ahora en una mejor situación económica de la que habrían tenido si la temperatura del planeta se hubiera mantenido constante, con un aumento medio del 13 %. La economía de Estados Unidos se ha visto perjudicada, pero apenas un 0,2 %, mientras que el Reino Unido está un 10 % mejor. La ola de calor de 2018 supuso riesgos para la salud y los cultivos, pero también impulsó enormemente las ventas de helados y el turismo.
Cancelar las deudas
Cada vez está más claro que no hay soluciones rápidas ni fáciles para el cambio climático o la desigualdad. Lamentablemente, reducir las emisiones no basta, y conceder aún más préstamos con intereses elevados para «ayudar» a los países más pobres a adaptarse a un mundo más cálido solo profundizará la desigualdad global. Además de transformar radicalmente las economías de los países más ricos del mundo, debemos exigir que se paguen reparaciones por las injusticias del pasado, que se cancelen las deudas del Sur Global, que se revierta la privatización de las industrias y tierras locales y que se desmantelen los brutales regímenes fronterizos que rodean a los países ricos del mundo. Solo entonces podrá abordarse de verdad la desigualdad global.







