Miles de millones de personas dependen de los glaciares como fuente de agua. Entonces, ¿por qué no están en nuestros acuerdos climáticos?

A rescue and relief operation at the site of a destroyed hydroelectric power station after a flash flood caused by a glacier break-off swept down a mountain valley destroying dams and bridges, in Raini village in the northern state of Uttarakhand, India, February 10, 2021. REUTERS/Anshree Fadnavis
A rescue and relief operation at the site of a destroyed hydroelectric power station after a flash flood caused by a glacier break-off swept down a mountain valley destroying dams and bridges, in Raini village in the northern state of Uttarakhand, India, February 10, 2021.Image: Reuters/Anshree Fadnavis
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  • Los glaciares del Hindu Kush Himalaya abastecen de agua a más de dos mil millones de personas, pero su hielo retrocede a medida que la región se calienta al doble del promedio mundial.

  • Este deshielo es consecuencia de las emisiones de otras partes del mundo, y, sin embargo, los glaciares siguen estando en gran medida ausentes de las negociaciones mundiales sobre financiación climática.

  • Los responsables de las políticas de todo el mundo deben corregir esta injusticia climática actuando ya para proteger los glaciares y a las comunidades que dependen de ellos.

Se llama Stanzin. Tiene 53 años y vive en una aldea situada sobre el valle del Indo, en Ladakh, en el norte de la India, a una altitud en la que el aire del invierno obliga a los pulmones a trabajar en cada respiración.

La conocí en 2021, durante una travesía por el valle de Markha. Cuando le pregunté por el arroyo cercano a su aldea –alimentado por glaciares, estacional, esencial–, señaló la ladera que se alzaba sobre nosotros.

“Antes llegaba en abril”, dijo. “Ahora a veces llega en marzo. Otras veces no llega en absoluto.”

No hablaba de una molestia. Stanzin hablaba del agua que bebe su familia, del agua que riega la cebada, que sostiene al ganado que constituye su único margen frente a un duro invierno. Dos frases transmitían lo que los científicos del clima llenan informes enteros intentando explicar.

No tenía idea de que las fuerzas que estaban desmantelando su suministro de agua se habían puesto en marcha por emisiones producidas en gran medida al otro lado del planeta.

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Stanzin no es la única. Según los informes de 2026 del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de Montañas (ICIMOD), el Hindu Kush Himalaya –conocido como el «Tercer Polo»– alberga unos 63.700 glaciares que abarcan ocho países y casi 56.000 kilómetros cuadrados.

Los ríos que nacen en ese hielo –el Indo, el Ganges, el Brahmaputra– atraviesan algunos de los paisajes más densamente poblados de la Tierra. Más de dos mil millones de personas dependen del agua de estos glaciares para la agricultura, la energía y la supervivencia.

Sin embargo, cuando los líderes mundiales negocian la financiación climática, los glaciares están casi por completo ausentes. Los bosques tienen marcos, los océanos tienen protocolos, pero la criosfera –el hielo de la Tierra en todas sus formas– tiene, a veces, un párrafo en las notas a pie de página.

No se trata de un descuido, sino de una injusticia estructural. Y es uno de los fracasos más graves de la gobernanza climática mundial en la actualidad.

Estadísticas clave sobre los glaciares del Hindu Kush Himalaya. Image: Anurag Maloo

Los glaciares son una infraestructura que está desapareciendo

Los glaciares no son simplemente indicadores climáticos ni pruebas de que el calentamiento se está produciendo.

Son infraestructura y funcionan como una cuenta de ahorro: acumulan nieve en invierno y liberan agua de deshielo durante la estación seca, manteniendo los ríos en funcionamiento cuando no llega la lluvia. Durante generaciones, esa reserva fue lo bastante fiable como para construir civilizaciones a su alrededor, pero esa fiabilidad ha desaparecido.

El Hindu Kush Himalaya se está calentando a un ritmo aproximadamente el doble del promedio mundial. La pérdida de masa glaciar se ha casi duplicado desde 2000 en comparación con las décadas anteriores, y la región ya ha perdido más del 40 % de su masa glaciar en cuatro décadas. Si el calentamiento supera los 1,5 ºC, hasta dos tercios del volumen restante de los glaciares del Himalaya podrían desaparecer para 2100. Se trata de proyecciones de rango medio, no del peor escenario.

Esto genera una crisis hídrica en dos fases. Hasta aproximadamente 2050, la aceleración del deshielo implica más agua, más rápida, en los lugares equivocados: inundaciones, desbordamientos de lagos glaciares y sistemas hidroeléctricos desbordados. Después de 2050, a medida que los glaciares se agoten, la contribución del deshielo disminuirá drásticamente. Los ríos de los que dependen miles de millones de personas discurrirán con menor caudal y de forma menos predecible, de maneras que la infraestructura existente no puede absorber.

Por qué la justicia climática fracasa en los glaciares

La justicia climática –el principio según el cual quienes menos contribuyeron al calentamiento no deberían soportar los costes más elevados– fracasa en el glaciar.

Las comunidades más cercanas al hielo del Himalaya no produjeron las emisiones que provocan su pérdida. La huella de carbono per cápita de un agricultor de Ladakh es una fracción del promedio mundial. Sin embargo, son sus manantiales los que se secan primero, sus ciclos agrícolas los que se derrumban y sus fondos de valle los que se inundan cuando un lago glaciar cede.

Cuando el lago South Lhonak se desbordó en Sikkim, India, en 2023, unos 50 millones de metros cúbicos de agua movilizaron aguas abajo cinco veces ese volumen en sedimentos. Los científicos habían identificado el lago como de alto riesgo años antes, pero no se tomaron medidas reglamentarias. Más de 400 lagos glaciares peligrosos han sido identificados en el Hindu Kush Himalaya, y las inundaciones por desbordamiento por década son casi cinco veces más frecuentes que antes de 1950.

Daños causados por las inundaciones repentinas de 2023 en la aldea de Naga-Namgor tras un deslizamiento de tierra en permafrost. Image: Reuters/Francis Mascarenhas

Los flujos mundiales de financiación climática se dirigen abrumadoramente hacia la mitigación –energías renovables, mercados de carbono, tecnología–, mientras que la adaptación recibe solo una fracción. El conjunto del Programa Nacional de Mitigación del Riesgo de GLOF de la India funciona con unos 20 millones de dólares, menos de la mitad de lo que las empresas indias gastaron en bienestar animal mediante la responsabilidad social corporativa en un solo año.

La criosfera es la crisis huérfana de la arquitectura climática del sur de Asia: se sitúa entre la respuesta a desastres, la mitigación climática y la financiación del desarrollo, y no pertenece a ninguna de ellas.

Tres cambios para la equidad en la justicia climática en los glaciares

Cerrar esta brecha de justicia climática exige tres cambios.

1. Hacer visibles los glaciares en la financiación climática

Los marcos de pérdidas y daños, los fondos de adaptación y las estrategias climáticas nacionales deben nombrar explícitamente a las comunidades criosféricas como beneficiarias prioritarias. Ellas asumen un riesgo que no crearon. La financiación que las ignora no es financiación climática, sino inversión con temática climática.

2. Tratar el conocimiento comunitario como infraestructura

Las comunidades de montaña de todo el Hindu Kush Himalaya llevan generaciones observando estos sistemas. Saben cuándo un lago se comporta de forma extraña o cuándo una ladera que ha resistido durante un siglo empieza a moverse.

En la catástrofe del South Lhonak, el 36 % de las alertas tempranas llegó a través de WhatsApp: familiares que avisaban a familiares y observadores aguas arriba que enviaban mensajes a quienes estaban aguas abajo. Un pastor de Gilgit-Baltistán notó algo anómalo en un lago glaciar, dio la alarma y su comunidad fue evacuada. Cientos de personas sobrevivieron.

Las personas más cercanas al peligro poseen conocimientos que los sistemas formales no recogen. Cualquier estrategia de adaptación seria debe incorporar este conocimiento en su arquitectura.

3. Dejar de construir en zonas de riesgo conocido y llamarlo desarrollo

Las inundaciones de Dharali de 2025 arrasaron hoteles construidos sobre antiguos conos de deyección de deslizamientos. La catástrofe de Chamoli destruyó infraestructuras hidroeléctricas situadas en corredores de alto riesgo de desbordamiento de lagos glaciares. En Nepal, una inundación por desbordamiento de un lago glaciar (GLOF) destruyó el Puente de la Amistad e inutilizó instalaciones hidroeléctricas. Nepal necesita un estimado de 1.000 millones de dólares para la preparación frente a GLOF hasta 2030. Ha recibido 7 millones de dólares.

Necesidad urgente de una acción mundial sobre los glaciares

El año pasado se designó el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares de las Naciones Unidas. La Declaración de Dusambé fue firmada por 80 naciones, comprometidas con la protección coordinada de los glaciares.

El Programa Nacional de Mitigación del Riesgo de los Glaciares (NGRMP) de la India –respaldado por una partida de 20 millones de dólares de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (NDMA), ampliado ahora para abarcar 195 lagos glaciares de alto riesgo en Ladakh, Jammu y Cachemira, Himachal Pradesh, Uttarakhand, Sikkim y Arunachal Pradesh, ha visitado 40 lagos de alto riesgo e instalado sensores satelitales de 10 minutos. Son comienzos reales, pero siguen siendo islas, sin una arquitectura común que los conecte con la vida de las personas más expuestas al riesgo.

La India ya ha demostrado que puede convertir una crisis en competencia a lo largo de una generación. La India transformó su preparación frente a los ciclones tras el desastre de Odisha de 1999 que causó miles de muertes con casi ninguna alerta temprana; una inversión institucional sostenida dio lugar a los sistemas de previsión que hoy permiten a los magistrados de distrito evacuar aldeas costeras antes de que una tormenta toque tierra.

Dos décadas de inversión sostenida dieron lugar a sistemas de previsión que hoy salvan vidas, y la misma trayectoria está al alcance de los riesgos glaciares. La cuestión es si los glaciares recibirán el mismo compromiso antes de que la siguiente inundación obligue a dar una respuesta.

Pienso a menudo en Stanzin. En el arroyo que llega en marzo en lugar de en abril, cuando llega. En el cultivo de cebada, que depende de un calendario que ella no puede controlar. En que ningún acuerdo climático internacional incluye su suministro de agua entre sus objetivos.

Dos mil millones de personas beben de un hielo que está desapareciendo. Incluir su seguridad en nuestros acuerdos climáticos no es un problema técnico. Es una decisión: sobre lo que significa la justicia cuando llega la factura de un siglo de emisiones y sobre quién decidimos que debe pagarla.

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