La transición a una economía verde tendrá un impacto en la industria petroquímica mundial.
Necesitamos que empresas y gobiernos de todo el mundo adopten un enfoque sistémico para abordar el problema del plástico y proteger el medioambiente.
Las medidas contra la contaminación por plásticos deben combinarse con una gestión más eficaz de la industria petroquímica.
Las alteraciones de las cadenas de suministro globales y los confinamientos revelaron que las energías renovables son una alternativa mejor que los combustibles fósiles y aceleraron la transición a una economía circular. En los próximos años, probablemente veremos cambios sustanciales en los patrones tecnológicos de todo el mundo. Sin embargo, a medida que disminuya la dependencia del petróleo y el gas, otras industrias, como la petroquímica, aumentarán su peso económico.
Comprender estas tendencias nos da más tiempo para prepararnos para un futuro mejor, en el que las industrias y las tecnologías dependan cada vez más de sus políticas de responsabilidad social corporativa y de sus políticas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG).
El petróleo seguirá presente durante años, pero su era llega inevitablemente a su fin. Los estudios muestran que la demanda mundial de petróleo no volverá a los niveles del año pasado y que pronto podría caer rápidamente ante medidas climáticas más decisivas: un 10 % en esta década y un 50 % en los próximos 20 años.
Está previsto que las tecnologías verdes desempeñen un papel más importante en nuestras economías. Las alteraciones de las cadenas de suministro globales y la volatilidad económica pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de los combustibles fósiles como sector. En cambio, las energías renovables resultaron ser más resilientes. Su implementación a mayor escala se ha vuelto más urgente debido al impacto negativo de la humanidad en el medioambiente y al cambio climático en curso.
Las energías renovables ya representan casi el 30 % de la generación mundial de electricidad, y el mundo podría estar encaminado a registrar la mayor caída anual de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta la fecha.
Actualmente, no faltan programas estatales que buscan facilitar la transición a una economía verde. El Pacto Verde, anunciado el pasado diciembre por la Comisión Europea, es el ambicioso plan para que Europa alcance la neutralidad de carbono para 2050, acelerando la transformación económica y la adopción de tecnologías verdes. Países como Alemania, Noruega, Canadá y Australia presentaron sus estrategias sobre el hidrógeno y se comprometieron a aumentar sus inversiones en energías renovables.
También hubo cambios en el ámbito empresarial. Durante el último año, grandes corporaciones globales aumentaron sus inversiones en energías renovables. BP, una importante empresa de petróleo y gas, quiere contar con 50 gigavatios (GW) de energías renovables en su cartera para 2030, frente a los apenas 2,5 GW actuales. Empresas como Shell y Rosneft también aspiran a reforzar su compromiso con las causas verdes.
La transición a una economía verde tendrá un impacto en la industria petroquímica mundial. El mercado seguirá creciendo, mientras que en las economías emergentes aumentará el número de empresas petroquímicas. Al mismo tiempo, crece la preocupación por la dependencia del plástico y su impacto ambiental.
Hoy está claro que necesitamos que empresas y gobiernos de todo el mundo adopten un enfoque sistémico para abordar el problema del plástico y proteger el medioambiente.
El año pasado había una expectativa compartida de que el consumo de plástico acabaría disminuyendo, pero la pandemia provocó un repunte. El material resultó ser higiénico y eficaz para proteger contra la transmisión de la COVID-19, y su uso en la atención sanitaria y los servicios relacionados ha alcanzado niveles récord.
Las limitaciones existentes en los servicios de gestión de residuos suscitan de forma constante preocupación por la contaminación. El sector de la gestión de residuos y el reciclaje, afectado por las interrupciones, tardará en recuperarse. No podremos gestionar de forma correcta y oportuna los enormes volúmenes de plástico generados después de la pandemia.
Necesitamos prácticas de reciclaje más complejas y políticas que promuevan una gestión responsable de los residuos y se apoyen en amplias redes de vínculos transnacionales.
Todo el mundo debe tener claro que las políticas ambientales deben articularse en un plan de acción universal. Necesitamos establecer la infraestructura y sólidos incentivos regulatorios para impulsar el reciclaje. Hoy, se recicla menos del 10 % de todos los plásticos. Las empresas y los gobiernos deberían adoptar una postura más firme sobre este asunto.
Las medidas contra la contaminación por plásticos deben combinarse con una gestión más eficaz de la industria petroquímica. Como cualquier otro sector que opera en medio de las alteraciones de la Cuarta Revolución Industrial y los desafíos que plantea el cambio climático, los principales actores de la industria petroquímica deben comprometerse firmemente con las políticas ESG.
Dada la creciente importancia de la industria, los países y las empresas de todo el mundo deberían coordinar sus esfuerzos para configurar un marco jurídico integral e introducir mejores incentivos regulatorios.
La industria petroquímica tiene capacidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Entre 1990 y 2016, la industria química europea redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 60,5 %, mientras aumentaba su producción un 85 %. Está previsto que las emisiones de CO2 del sector químico disminuyan un 45 % para 2050 en un «escenario de tecnologías limpias», mientras que se prevé que la demanda de productos químicos básicos crezca un 40 %.
Las empresas deberían tomar medidas más proactivas, promover el consumo responsable y aumentar las inversiones en investigación y desarrollo para contribuir a crear nuevas soluciones sostenibles a largo plazo.
La regulación debería fomentar la producción de polímeros con mejores propiedades de reciclabilidad, que faciliten la reincorporación de los plásticos usados a nuestra economía, e impulsar las inversiones para reducir la huella de carbono de la industria. El uso de tecnologías limpias incluye tecnologías para capturar, utilizar y almacenar carbono, cambiar a combustibles gaseosos, mejorar la eficiencia energética, reciclar plástico y utilizar materias primas alternativas.
Desarrollar medidas eficaces contra la contaminación por plásticos e introducir incentivos regulatorios más sólidos para la industria petroquímica es un proceso complejo que requiere un enfoque sistémico a escala global. La sostenibilidad, la economía circular y el objetivo de cero emisiones solo se alcanzarán si priorizamos conjuntamente nuestras acciones y políticas para lograr el mayor beneficio ambiental a largo plazo.




