Los bosques son un activo importante en la lucha contra el cambio climático.
Nuevas investigaciones han descubierto que secuestran alrededor del doble de dióxido de carbono del que emiten, lo que los clasifica como sumidero de carbono.
Entre 2001 y 2019, los bosques emitieron de media 8.1 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono y absorbieron 16 mil millones.
El mundo comprende cada vez mejor lo importantes que son los bosques en la lucha global contra el cambio climático.
Nueva investigación, publicada en Nature Climate Change y disponible en Global Forest Watch, ha descubierto que los bosques del mundo secuestraron alrededor del doble de dióxido de carbono del que emitieron entre 2001 y 2019. En otras palabras, los bosques actúan como un “sumidero de carbono” que absorbe una media neta de 7.6 mil millones de toneladas métricas de CO2 al año, 1.5 veces más carbono que el que emiten anualmente los Estados Unidos.
A diferencia de otros sectores, en los que el carbono sigue un trayecto de ida única hacia la atmósfera, los bosques funcionan como una autopista de doble sentido: absorben CO2 mientras están en pie o se regeneran, y lo liberan cuando se talan o degradan.
Hasta ahora, los científicos estimaban estos “flujos de carbono” globales a partir de la suma de datos comunicados por los países, lo que ofrecía una imagen imprecisa del papel que desempeñan los bosques tanto en las emisiones como en la captura de carbono. Con estos nuevos datos, que combinan mediciones terrestres con observaciones por satélite, ahora podemos cuantificar los flujos de carbono de manera coherente en cualquier área, desde pequeños bosques locales hasta países y continentes enteros.
Utilizando esta información más detallada, hemos descubierto que los bosques del mundo emitieron a la atmósfera una media de 8.1 mil millones de toneladas métricas de dióxido de carbono cada año debido a la deforestación y otras perturbaciones, y absorbieron 16 mil millones de toneladas métricas de CO2 al año.
Estas son las novedades que nos revelan los nuevos mapas sobre los bosques y el carbono:
Solo un bosque tropical lluvioso importante sigue siendo un sumidero de carbono sólido
Los bosques tropicales lluviosos son, con diferencia, los ecosistemas más importantes para mitigar el cambio climático. En conjunto, secuestran más carbono de la atmósfera que los bosques templados o boreales, pero también son destruidos cada vez más para la expansión agrícola. Los tres mayores bosques tropicales lluviosos del mundo se encuentran en la cuenca del Amazonas, la cuenca del río Congo y el sudeste asiático.
Durante los últimos 20 años, los bosques del sudeste asiático se han convertido en su conjunto en una fuente neta de emisiones de carbono debido a la tala para plantaciones, los incendios incontrolados y el drenaje de suelos de turba.
La cuenca del río Amazonas, que se extiende por nueve países de América del Sur, sigue siendo un sumidero neto de carbono, pero se encuentra al borde de convertirse en una fuente neta si la pérdida de bosques continúa a los ritmos actuales. La cuenca amazónica ha experimentado un aumento de la deforestación en los últimos cuatro años debido a la tala para pastos de ganado y a la degradación causada por incendios.
De los tres mayores bosques tropicales lluviosos del mundo, solo el del Congo cuenta con suficiente superficie forestal en pie para seguir siendo un sumidero neto de carbono sólido. El bosque tropical lluvioso del Congo secuestra 600 millones de toneladas métricas más de dióxido de carbono al año de las que emite, lo que equivale a aproximadamente un tercio de las emisiones de CO2 de todo el transporte de Estados Unidos.
Proteger los bosques restantes en las tres regiones es fundamental para mitigar el cambio climático.
Las áreas protegidas ayudan a conservar los sumideros de carbono forestal
La precaria situación del sumidero de carbono amazónico pone de relieve la necesidad de proteger los bosques que nos quedan en esta región y en el resto del mundo. Las áreas protegidas y las reservas indígenas son algunas de nuestras herramientas más valiosas en la caja de herramientas de la acción climática, junto con las políticas de mando y control.
El nuevo mapa revela que el 27 % del sumidero neto de carbono forestal mundial se encuentra dentro de áreas protegidas. El análisis de áreas concretas demuestra lo eficaces que pueden ser estas designaciones para mantener el CO2 en los bosques.
Por ejemplo, en Brasil se observa un marcado contraste en las emisiones de carbono entre la reserva indígena protegida de Menkragnotí y el bosque circundante no protegido. Los bosques de la reserva siguen absorbiendo aproximadamente 10 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono más de la atmósfera de las que emiten cada año, lo que equivale a las emisiones anuales de carbono de más de 2 millones de automóviles. La zona que rodea la reserva indígena de Menkragnotí se ha convertido en una fuente neta de carbono debido a la tala para la minería, los pastos y la soja.
Reconocer a los pueblos indígenas y a las comunidades locales como propietarios de sus tierras, y hacer cumplir esos derechos, es una estrategia probada para proteger los bosques en pie y aumentar el carbono almacenado en ellos.
El flujo de carbono forestal varía según las prácticas de gestión
En ningún lugar es más evidente la naturaleza bidireccional del flujo de carbono que en los bosques gestionados del mundo, que se talan y regeneran para producir madera y que se concentran principalmente en Estados Unidos, Canadá, China, Europa y Rusia. En estas zonas forestales gestionadas, algunas masas de árboles se cosechan o aclaran a intervalos planificados, lo que genera emisiones de carbono, mientras que otras se dejan regenerar y absorben carbono.
En última instancia, que los bosques gestionados sean fuentes o sumideros de carbono depende de cómo se gestionen: del tiempo que transcurre entre ciclos de corta, de la cantidad de bosque talado, de la edad de los árboles y, de manera importante, de la superficie total sobre la que se calculan los flujos.
Al acercarse a talas rasas individuales en el nuevo mapa se muestran las emisiones de CO2 derivadas de la pérdida abrupta de cubierta arbórea durante la cosecha. Pero a escala de paisaje, la silvicultura se convierte en un mosaico de emisiones de CO2 por la cosecha y de absorciones de carbono de zonas previamente cosechadas que se regeneran. En general, la mayoría de los bosques bien gestionados son sumideros netos de carbono.
Sin embargo, la tala en bosques primarios prístinos sigue suponiendo una preocupación tanto para el clima como para la biodiversidad. A diferencia de los bosques secundarios o de las plantaciones de pino o eucalipto de rotación rápida, la tala en bosques antiguos libera CO2 que ha tardado siglos en acumularse: carbono que, una vez perdido, es irrecuperable en nuestra vida.
Proteger los bosques en pie es fundamental para la mitigación del cambio climático
En general, los datos muestran que mantener en pie los bosques existentes sigue siendo nuestra mejor esperanza para conservar la enorme cantidad de carbono que almacenan los bosques y para continuar la captura de carbono que, si se detiene, agravará los efectos del cambio climático.
Si bien plantar árboles nuevos (de la manera correcta) o dejar que se regeneren de forma natural puede contribuir a mitigar el cambio climático (y ayudar a las comunidades a adaptarse a sus efectos), los nuevos datos muestran que los bosques que han brotado en los últimos 19 años representan menos del 5 % del actual sumidero de carbono forestal mundial.
Aunque es importante dar a estos bosques jóvenes la oportunidad de crecer hasta convertirse en bosques maduros, proteger hoy los bosques primarios y los bosques secundarios maduros es lo más importante para frenar el cambio climático.
Con estos nuevos mapas, podemos identificar con un nivel de detalle sin precedentes qué bosques capturan y emiten más carbono. Los mapas también pueden mejorarse continuamente a medida que haya datos mejores disponibles. Esto nos acerca un paso más al seguimiento de los avances en la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y a identificar dónde se gestionan con éxito los bosques y dónde necesitan más protección.







