Pakistán ha experimentado niveles sin precedentes de inundaciones monzónicas como resultado de fenómenos meteorológicos extremos.
Aunque el país contribuye con una pequeña fracción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, el calentamiento global lo afecta de manera desproporcionada.
Ante la devastación generalizada y los millones de personas afectadas por las inundaciones, la comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos y ayudar a Pakistán a adaptarse a los fenómenos relacionados con el cambio climático, afirma un experto en medio ambiente.
Las inundaciones monzónicas en Pakistán se han calificado de «monzón con esteroides» y se han descrito como un «monzón monstruoso». Estos nombres reflejan la devastación generalizada que han causado.
Estas inundaciones se vieron agravadas por el clima más caluroso jamás registrado durante marzo y abril de este año. El calor aceleró el deshielo de los glaciares en el norte de Pakistán, seguido de patrones de lluvia sin precedentes en muchas zonas del país durante julio y agosto.
El cambio climático provocado por la actividad humana ha causado estos fenómenos meteorológicos inusuales: una ola de calor que ocurre una vez cada 100 años y precipitaciones de más de nueve veces el promedio en la provincia de Sindh, en el sureste.
Desde mediados de junio de 2022, el número de víctimas mortales asciende actualmente a más de 1.300. Se estima que las inundaciones han afectado a alrededor de 33 millones de personas.
Una fracción
En 2019, las emisiones de gases de efecto invernadero de Pakistán fueron de aproximadamente 433 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente al año; esto representa el 0,9 % de las emisiones mundiales. Aunque Pakistán contribuye con una pequeña fracción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, el cambio climático lo afecta de manera desproporcionada.
Por tanto, la responsabilidad de ayudar a Pakistán a recuperarse de esta tragedia recae en la comunidad internacional.
Tras estudiar los impactos económicos de las inundaciones extremas en América del Norte y la historia de la gestión del agua en la cuenca del Indo (situada entre Pakistán, India, China y Afganistán), puedo afirmar con seguridad que la estimación actual de 10.000 millones de dólares estadounidenses en daños probablemente subestima de forma considerable el costo total de este desastre.
A menudo se requiere un análisis más profundo para determinar los efectos a largo plazo sobre la infraestructura, la pérdida de ingresos debida a las interrupciones de las cadenas de suministro, los costos de las interrupciones en la producción y la pérdida de productividad cuando las personas se ven desplazadas.
Infraestructura inadecuada
En 2010, Pakistán también sufrió inundaciones extremas, que causaron 1.985 muertes y daños por más de 10.000 millones de dólares estadounidenses. Estos fenómenos recurrentes plantean interrogantes sobre las respuestas sistémicas y estratégicas para mitigar futuras inundaciones.
Es evidente que la infraestructura para gestionar las inundaciones es inadecuada, y el problema se ve agravado por la falta de capacidad de las autoridades públicas para responder a tiempo. En esta situación concreta, aunque la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (NDMA) de Pakistán emitió su primera alerta, bastante genérica sobre las intensas lluvias monzónicas el 28 de junio, no reconoció la gravedad de la situación hasta mediados o finales de julio.
Aunque estas alertas dieron lugar a respuestas de la NDMA en las zonas afectadas a principios de agosto, la ayuda estaba destinada a decenas de miles de personas, mientras que las personas afectadas se contaban por millones. Las fuerzas armadas de Pakistán asumieron un papel importante en las labores de ayuda humanitaria.
Construcción sistemática
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, lanzó una campaña para recaudar 160 millones de dólares estadounidenses a finales de agosto. El Gobierno federal canadiense anunció una financiación de 5 millones de dólares para asistencia humanitaria, además de contribuir al fondo de respuesta de emergencia de las Naciones Unidas.
Aunque estas iniciativas humanitarias son muy importantes para atender las necesidades inmediatas de ayuda en caso de desastre, palidecen ante la magnitud del desafío que afrontará Pakistán.
Al parecer, el alcance de la respuesta necesaria para recuperarse de este desastre supera la capacidad de varios organismos de Pakistán. Es necesario desarrollar de manera sistemática la capacidad del país para hacer frente a las inundaciones relacionadas con el cambio climático en el futuro.
Este apoyo debe adoptar la forma de recursos financieros, asistencia técnica y desarrollo de capacidades humanas. Debe seguir dos enfoques. El primero consiste en establecer mecanismos eficaces de respuesta temprana que permitan a las comunidades reaccionar en un plazo razonable. Al mismo tiempo, el apoyo debe mejorar la infraestructura de gestión del agua para controlar el exceso de agua durante las inundaciones y ayudar a afrontar las sequías en los años secos.
Aunque la NDMA y el Departamento Meteorológico de Pakistán han logrado avances considerables en la elaboración de sistemas de alerta temprana, queda mucho por hacer a nivel comunitario. Se necesitan organizaciones comunitarias de amplia base y arraigadas en las comunidades que puedan facilitar la evacuación oportuna de las zonas inundadas y prestar asistencia humanitaria inmediata.
Adaptación al cambio climático
En la conferencia sobre el clima de París de 2015, los líderes mundiales se comprometieron a aportar 100.000 millones de dólares estadounidenses al año para combatir el cambio climático.
La construcción de infraestructura hídrica en Pakistán —en particular, nuevos embalses y presas— se enmarca en el tema general de la adaptación al cambio climático. Aunque los fondos movilizados desde entonces han sido una fracción de ese compromiso, una parte considerable debería destinarse a países en desarrollo como Pakistán, afectados de manera desproporcionada por el cambio climático.
También se reconoce cada vez más que algunas respuestas a estos desastres naturales deben surgir dentro de la región. Los países de Asia meridional, en particular los de la cuenca del Indo, deberían poner en común sus recursos tecnológicos, humanos y financieros para organizar respuestas ante desastres más inmediatas y específicas.
Pese a las tensiones geopolíticas de la región, las respuestas conjuntas a las crisis humanitarias pueden servir para fomentar la cooperación y la confianza mutuas.







