La localidad belga de Limburgo sufrió inundaciones devastadoras en julio de 2021.
El Gobierno regional valón se centrará en las «reparaciones urgentes» de las riberas dañadas, como parte de su plan de reconstrucción por fases.
La localidad lucha por recuperarse mientras los esfuerzos de reconstrucción intentan tener en cuenta la adaptación futura y la mitigación de los riesgos de inundación.
El río Vesdre apenas lame los bordes más bajos de sus orillas y no deja entrever nada de lo ocurrido hace un año.
Pero las señales del diluvio están ahí, en la pintoresca localidad belga de Limburgo: entre ellas, viviendas sociales junto al río que permanecen vacías, con las puertas cerradas con candado y los buzones desbordados.
Un año después de que las inundaciones devastaran zonas del sur y el este de Bélgica —y causaran 39 muertes—, Limburgo lucha por recuperarse mientras las autoridades estudian cómo reconstruir ante los riesgos de inundación cada vez mayores que trae consigo el cambio climático.
Las obras de renovación del bloque de viviendas sociales abandonado estaban terminadas en un 80 % cuando las autoridades regionales las detuvieron en mayo, tras reconsiderar sus planes por temor a que la propiedad siguiera amenazada por las inundaciones.
Ya se había gastado una suma estimada de 1,4 millones de euros (1,44 millones de dólares) en las viviendas, incluido el secado de paredes empapadas y la instalación de nuevas ventanas de doble acristalamiento.
Hace un año, las inundaciones traumatizaron a la localidad de 6.000 habitantes. Muchos residentes de Limburgo se han marchado y otros siguen viviendo en alojamientos temporales.
Algunos de los que se quedan dicen que esperan dejar atrás un capítulo traumático de la historia de Limburgo.
«En realidad no queremos pensar en ello. Tampoco queremos hablar de las inundaciones», dijo Christelle Bolzan, farmacéutica de la localidad.
«Queremos seguir adelante. Queremos reconstruir y no queremos conservar el recuerdo de haber sido una zona afectada por las inundaciones, para que la gente no tenga miedo».
Las inundaciones de julio de 2021, que también causaron decenas de muertes en Alemania y desplazaron a miles de personas en los Países Bajos, conmocionaron a Bélgica, un país rico que, según expertos en clima, no atendió las advertencias de que los fenómenos meteorológicos extremos se estaban convirtiendo rápidamente en una realidad en casi todas partes.
Mientras los científicos advierten que el calentamiento del planeta aumentará la frecuencia y la intensidad de las lluvias extremas, expertos en gestión del agua y planificación urbana afirmaron que las soluciones tradicionales frente a las inundaciones no bastarían para evitar futuras catástrofes en Limburgo.
Por ejemplo, en lugar de limitarse a reconstruir las orillas del Vesdre y reforzar las defensas, como los diques, la localidad debería procurar ensanchar los cauces, ampliar las llanuras aluviales que pueden absorber el exceso de agua y adaptar sus edificios, poniendo siempre a la comunidad en el centro de esos planes, dijeron los expertos.
El Gobierno regional valón ha dicho que está siguiendo un enfoque por fases para la reconstrucción y que se centra en las «reparaciones urgentes» de las riberas dañadas antes del invierno.
Sin embargo, la alcaldesa de Limburgo, Valérie Desjardin, dijo que las obras avanzaban lentamente y que a la localidad le resultaba difícil elaborar planes a largo plazo, en medio de la preocupación por las finanzas públicas y mientras el Gobierno afronta múltiples crisis, incluida la COVID-19.
«Un año después, (las inundaciones) pronto se olvidan. Hay otras emergencias que atender», dijo Desjardin, aludiendo a la recuperación tras la pandemia, el aumento de los precios de la energía y la guerra en Ucrania.
Impacto de las adaptaciones industriales en Limburgo
La historia industrial del sistema fluvial de Valonia ha dejado a Limburgo especialmente expuesta, dijo el urbanista Benoit Moritz, que ayuda al Gobierno con un plan de adaptación a las inundaciones a largo plazo.
Desde hace mucho tiempo, el río se utiliza para accionar molinos de agua y centrales hidroeléctricas, y se ha adaptado de diversas maneras para facilitarlo: por ejemplo, se construyeron presas para almacenar agua en épocas de sequía y se estrecharon los cauces para aumentar la fuerza del agua.
Revertir 200 años de impacto humano en el río es una tarea enorme y exige tomar decisiones difíciles sobre cuestiones que abarcan desde la vivienda y las infraestructuras hasta la adquisición de propiedades, dijo Moritz.
Algunos edificios de Limburgo podrían adaptarse para resistir las inundaciones —por ejemplo, sustituyendo las plantas bajas por plazas de aparcamiento—, pero advirtió que habría que demoler algunas casas para dejar más espacio al río.
El urbanista instó a las autoridades a comprar los edificios industriales abandonados a lo largo del río para ampliar la llanura aluvial y sustituir los pintorescos puentes de piedra con arcos, que pueden obstruirse con escombros y, en última instancia, agravar las inundaciones.
Sin embargo, esas medidas tardan mucho en aplicarse, dijo, y añadió que la situación se veía agravada por algunos responsables de la toma de decisiones que aún tenían «viejos reflejos» a la hora de afrontar las inundaciones.
«Todavía hay gente que dice que tenemos que construir muros más altos, aunque sabemos que (eso) no resolverá el problema», dijo Moritz, profesor de urbanismo en la Université Libre de Bruxelles.
Pero la adaptación para prepararse ante amenazas a largo plazo cada vez peores «es algo muy serio y muy importante», añadió. «Si no tenemos cuidado... hay personas que pueden morir por los errores que cometamos al desarrollar el territorio».
Marjolijn Haasnoot, profesora neerlandesa especializada en gestión del agua, coincidió y pidió que se devuelva rápidamente a los ríos más espacio natural para reducir los efectos de las inundaciones.
«El cambio climático todavía puede sorprendernos», dijo Haasnoot, quien evaluó las estrategias de gestión de inundaciones en Europa para el último conjunto de informes climáticos de las Naciones Unidas.
«Dejar espacio al río» y restaurar su llanura aluvial natural en lugares como Limburgo no solo ayudaría a prevenir daños en los edificios, sino que también crearía hábitats ricos donde podrían prosperar especies acuáticas, de pastizales y forestales, dijo.
Dijo que catástrofes como las inundaciones de 2021 deberían servir de «llamada de atención» para que los dirigentes apoyen a la población con una adaptación eficaz y a largo plazo al calentamiento global.
Ensachar los ríos y sus llanuras aluviales también podría ofrecer más oportunidades de ocio junto al río, lo que beneficiaría tanto al medioambiente como a los residentes, añadió Moritz.
La lenta recuperación tras las inundaciones
Ante las críticas por el lento ritmo de la reestructuración de las riberas tras las inundaciones, el ministro-presidente valón Elio di Rupo señaló la magnitud del desafío y destacó que las orillas del Vesdre se extienden a lo largo de 880 km (547 millas).
Durante el último año, las inundaciones le han costado a la región 2.800 millones de euros (2.870 millones de dólares), en un momento en que las arcas públicas están muy mermadas por los esfuerzos de recuperación tras la pandemia, la guerra en Ucrania y el aumento de los costes de la energía.
Di Rupo dijo que la siguiente fase de la reconstrucción debe esperar a los resultados de modelos hidráulicos diseñados para simular la escorrentía y sus efectos en las inundaciones, y probar formas de reducirlos.
«Estamos evaluando cómo reconstruir las orillas de una manera resiliente: no solo más resistentes, sino con una nueva mentalidad», dijo en una rueda de prensa celebrada a principios de este mes en la sede del Gobierno regional, en Namur.
Mientras tanto, la gente ha estado usando el dinero del seguro para reconstruir sus viviendas, pese a que estas siguen estando en zonas expuestas al riesgo de inundación.
La alcaldesa Desjardin teme que esto conduzca a una «doble penalización», ya que los ciudadanos invierten en viviendas que se considerarán no asegurables o que tendrán que demolerse para dar paso a las obras de ingeniería fluvial.
Calculó que una de cada cuatro familias había abandonado la localidad desde las inundaciones, dejando un vacío en una comunidad que, según describió, antes rebosaba de vida.
Consciente del trauma persistente que siguen sufriendo los residentes, el Gobierno valón ha proporcionado equipos móviles de psicólogos para visitar las zonas afectadas por las inundaciones hasta finales de 2022.
«Cuando llueve, no puedo dormir», reconoció Desjardin, y añadió que todavía le resultaba difícil hablar de las inundaciones.
Pero hay algo claro, dijo: «Estamos menos seguros que hace un año».





