El calor extremo es el próximo gran riesgo económico para Asia y el Pacífico. La resiliencia es clave

Construction workers in shadow with the sun in the background; working outside; extreme heat
For millions of people that work outdoors or in poorly ventilated spaces, extreme heat affects health, productivity and income.Image: Shutterstock/sculpies
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  • Asia se está calentando casi dos veces más rápido que la media mundial, lo que provoca fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes en todo el continente.

  • El calor extremo se está convirtiendo en un riesgo sistémico para los mercados laborales, las infraestructuras, las cadenas de suministro y el crecimiento económico en Asia y el Pacífico; la resiliencia debe convertirse en una prioridad económica y de inversión fundamental.

  • Ampliar a escala ideas prometedoras que generen impacto en cuestiones como la resiliencia climática es un eje central de la Reunión Anual de los Nuevos Campeones, también conocida como "Davos de verano", que se celebrará en China del 23 al 25 de junio de 2026.

El calor extremo se está convirtiendo rápidamente en uno de los riesgos determinantes que configurarán el futuro de Asia y el Pacífico. Consideradas en su día perturbaciones estacionales, las olas de calor llegan ahora antes, duran más y alcanzan una intensidad sin precedentes en toda la región.

Asia se está calentando casi dos veces más rápido que la media mundial, según la Organización Meteorológica Mundial, lo que aumenta la frecuencia y la gravedad de los fenómenos meteorológicos extremos. Muchas ciudades de la región han registrado temperaturas récord en los últimos años, lo que pone en riesgo la salud de las comunidades y ejerce una presión creciente sobre los sistemas de salud pública, las infraestructuras y las economías.

Las consecuencias van más allá de la incomodidad, pues socavan la productividad laboral, la salud pública, la resiliencia empresarial y los sistemas energéticos.

Comunidades en primera línea

Aunque el calor afecta a todos, no lo hace por igual. Las personas más expuestas al calor extremo son, con frecuencia, las que disponen de menos recursos para adaptarse.

En toda Asia y el Pacífico, las olas de calor prolongadas aumentan el riesgo de deshidratación, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias y golpes de calor, especialmente entre las comunidades de menores ingresos. En las ciudades densas, el efecto isla de calor urbano y la mala calidad de la vivienda agravan la situación, sobre todo en los asentamientos informales, donde los tejados de chapa metálica y la escasa ventilación pueden atrapar el calor en el interior de las viviendas.

Los efectos se extienden por comunidades enteras. Las olas de calor amenazan la seguridad alimentaria, reducen los ingresos de los hogares y someten a presión a los sistemas sanitarios. Las mujeres soportan cargas mayores durante las olas de calor: el 60 % observa un aumento del trabajo no remunerado durante los episodios de calor extremo, ya que asumen tareas adicionales de cuidados, abastecimiento de agua y alimentos.

El acceso a soluciones de refrigeración se está convirtiendo en otra línea divisoria. Los hogares de menores ingresos y los trabajadores informales son, con frecuencia, los que menos capacidad tienen para acceder a tecnologías de refrigeración o a viviendas resilientes al clima. Esto los deja desproporcionadamente expuestos al calor peligroso. A medida que las olas de calor se intensifican, esta brecha puede convertirse en uno de los grandes desafíos de desarrollo de la región.

La crisis sanitaria provocada por el calor también es económica

Lo que comienza como una crisis sanitaria se convierte rápidamente en una crisis económica.

Para los trabajadores y las empresas, los efectos ya son visibles: los trabajadores se cansan antes, la concentración disminuye y aumentan los riesgos para la seguridad, mientras la productividad y los ingresos caen.

La región de Asia y el Pacífico está especialmente expuesta. En 2020, alrededor del 75 % de sus trabajadores ya estaban expuestos al calor excesivo, una cifra superior a la media mundial del 71 %, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Para millones de personas que trabajan al aire libre o en espacios mal ventilados, el calor extremo es un riesgo laboral diario que afecta a su salud, productividad e ingresos.

Los trabajadores de bajos ingresos y los trabajadores informales son los más vulnerables. Los trabajadores de la construcción, los vendedores ambulantes, los repartidores y los jornaleros agrícolas pueden seguir trabajando con temperaturas peligrosas porque reducir las horas no es financieramente viable.

Asia ha perdido 2 billones de dólares debido a fenómenos meteorológicos extremos en las últimas tres décadas.
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En 2030, la capacidad de los trabajadores al aire libre podría disminuir en más de un 50 % en algunas zonas de Asia. La agricultura es especialmente vulnerable, con repercusiones no solo para los trabajadores y los agricultores, sino también para los sistemas alimentarios, las exportaciones y las economías rurales. En el Pacífico, las olas de calor marinas están blanqueando los arrecifes de coral y perturbando la pesca y el turismo, de los que dependen las economías insulares.

Y los riesgos van más allá del trabajo al aire libre. El personal de fábricas y almacenes que trabaja en edificios mal refrigerados también está expuesto. A medida que aumentan las temperaturas en el interior, la productividad disminuye y los fallos de los equipos se vuelven más frecuentes, lo que desestabiliza las cadenas de suministro en todos los sectores.

Con el tiempo, estas presiones se extienden por las economías y afectan al crecimiento y a la competitividad. La OIT calcula que el estrés térmico podría provocar la pérdida equivalente a 13 millones de empleos en las economías de la ASEAN para 2030. China, por ejemplo, podría enfrentarse a pérdidas económicas equivalentes a aproximadamente el 2,7 % del PIB en 2060 debido a las interrupciones en las cadenas de suministro manufactureras causadas por el calor.

Pero las empresas no pueden actuar solas. Su capacidad de adaptación depende del entorno propicio que establecen los gobiernos, las infraestructuras y las finanzas.

La presión sobre los sistemas energéticos y de refrigeración

El calor extremo también ha puesto de manifiesto una vulnerabilidad en el corazón del modelo de crecimiento de la región: la infraestructura energética.

Durante las olas de calor, la demanda de electricidad se dispara a medida que aumenta el uso de la refrigeración, mientras que la propia generación de energía se vuelve menos eficiente con temperaturas extremas. Los paneles solares pierden eficiencia por encima de los 25 °C, las centrales térmicas tienen dificultades cuando el agua de refrigeración se calienta, y las redes eléctricas y los sistemas de transmisión soportan una mayor presión y sobrecalentamiento.

Esto crea un círculo vicioso peligroso: cuanto más calor hace, más dependen las economías de sistemas de refrigeración que someten a presión una infraestructura energética ya vulnerable. Las recientes olas de calor han provocado apagones en varios países de la región, que han afectado por igual a empresas, hospitales y hogares.

La refrigeración es, por tanto, esencial para proteger la salud, la productividad y la resiliencia, pero ya representa alrededor del 7 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Asia y el Pacífico son responsables de alrededor del 62 % de las emisiones relacionadas con la refrigeración a escala mundial.

Una transición rápida hacia una refrigeración energéticamente eficiente, redes resilientes y sistemas energéticos bajos en carbono garantizará que la adaptación no refuerce las presiones climáticas que pretende abordar.

Resiliencia mediante inversión a gran escala

Para proteger a la fuerza laboral y a las economías de la región frente al calor extremo, la resiliencia debe convertirse en una prioridad económica y de inversión fundamental.

La colaboración regional y el intercambio de conocimientos son igualmente importantes para ayudar a los países a replicar lo que funciona y acelerar los avances. El Conjunto de Herramientas sobre Calor Urbano y Salud (HEAT, por sus siglas en inglés) del Banco Asiático de Desarrollo se elaboró para ayudar a las ciudades a traducir los datos climáticos y sanitarios en decisiones prácticas de adaptación e inversión.

Al combinar la cartografía del calor urbano, el análisis de puntos críticos y la priorización de soluciones, el conjunto de herramientas ayuda a identificar dónde las intervenciones pueden generar los mayores beneficios para las comunidades vulnerables. En Yakarta, se utilizó para cartografiar los puntos críticos de riesgo por calor, evaluando la exposición al calor junto con factores como la vulnerabilidad de la población, las infraestructuras críticas, los asentamientos informales y el acceso a la refrigeración y a la atención sanitaria.

El BAD comparte ahora estos enfoques a través de programas regionales de formación e intercambio de conocimientos, lo que ayuda a los países a acelerar la acción y a reforzar la resiliencia en Asia y el Pacífico.

El calor extremo como riesgo sistémico

Más que un simple desafío ambiental o estacional, el calor extremo se está convirtiendo en un riesgo sistémico para los mercados laborales, las infraestructuras, las cadenas de suministro y el crecimiento económico en Asia y el Pacífico.

Por ello, la resiliencia frente al calor ya no debe tratarse como una cuestión climática de nicho ni como una iniciativa de responsabilidad social corporativa, sino como un pilar de la estabilidad económica y la competitividad a largo plazo.

La forma en que los gobiernos, las empresas y las instituciones financieras respondan ahora ayudará a determinar no solo la resiliencia climática de la región, sino también su productividad y competitividad a largo plazo.

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