Una vez levantadas las restricciones, la mayoría de los europeos afirma que planea comer menos carne y volar con menor frecuencia para combatir el cambio climático.
En una encuesta del Banco Europeo de Inversiones, el 71 % de las personas afirmó que elegiría los trenes en lugar de los aviones para los viajes de corta distancia.
La UE está preparando un paquete para reducir la contaminación y combatir el cambio climático.
Una mayoría de los ciudadanos europeos tiene intención de volar menos y ya come menos carne para contribuir a combatir el cambio climático, según una encuesta publicada por el Banco Europeo de Inversiones (BEI).
De los 27 700 encuestados en los 27 países de la UE, el 74 % afirmó que tenía intención de volar con menor frecuencia por motivos medioambientales, una vez levantadas las restricciones de la COVID-19. Entre ellos, el 43 % de los encuestados dijo que lo haría «siempre» y el 31 % que lo haría «de vez en cuando».
El sector aéreo europeo está sometido al escrutinio de los clientes y los reguladores por su huella de carbono, al mismo tiempo que las aerolíneas luchan contra una caída de la demanda debida a la pandemia.
Cuando se les preguntó si planeaban elegir trenes en lugar de aviones para los viajes de corta distancia, el 71 % de los encuestados en la encuesta del BEI afirmó que sí.
En la encuesta, realizada entre octubre y noviembre de 2020, el 66 % de los europeos afirmó que ya come menos carne para combatir el cambio climático, y un 13 % adicional afirmó que planea hacerlo pronto.
Los confinamientos por la COVID-19 provocaron que las emisiones mundiales de CO2 disminuyeran en 2020 en comparación con los años anteriores, pero aun así se situó entre los años más cálidos registrados, empatado en el primer puesto, lo que subraya la necesidad de actuar con mayor rapidez para reducir las emisiones y evitar un calentamiento catastrófico en el futuro.
La UE está elaborando un amplio paquete de nuevas políticas para reducir la contaminación, que incluye medidas como la renovación de edificios para reducir el consumo de energía, la obligación de que los fabricantes de automóviles cumplan normas de emisiones más estrictas y la imposición de costes de carbono más elevados a las fábricas.
Bruselas también pretende ayudar a los consumidores a tomar decisiones sostenibles. La UE aspira a disponer de 3 millones de puntos públicos de recarga para coches eléctricos de aquí a 2030. La prohibición de las pajitas y los cubiertos de plástico de un solo uso entra en vigor este año.
«Los ciudadanos sienten los efectos del cambio climático y quieren que la crisis climática se aborde con una acción sin precedentes», declaró el vicepresidente del BEI, Ambroise Fayolle.
El BEI, el brazo de préstamos de la UE, podría ayudar a las personas a adoptar hábitos respetuosos con el medio ambiente financiando la energía limpia y el transporte con bajas emisiones de carbono, según Fayolle.





