Podemos poner fin a la quema rutinaria de gas para 2030. Así se hace

Two gas flaring furnaces and a woman walking on sand barriers are reflected in a pool of oil-smeared water at a flow station in Ughelli, Delta State, Nigeria September 17, 2020. Picture taken September 17, 2020.
Each year, 150 billion cubic metres of gas is burned off, generating 400 million tons of CO2Image: REUTERS/Afolabi Sotunde
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  • La quema de los gases asociados a la perforación petrolera tiene consecuencias ambientales significativas.

  • También es un desperdicio de una valiosa fuente de energía.

  • El futuro de la quema rutinaria de gas está en juego, pero podemos ponerle fin para 2030.

Ya estamos a menos de una década de la meta de Cero Quema Rutinaria para 2030, una ambición que se sitúa en la intersección de la mitigación del cambio climático y la política energética. Desarrollada por el Banco Mundial y puesta en marcha en 2015 por la ONU, el Banco Mundial y varios gobiernos, junto con compañías petroleras e instituciones de desarrollo, la iniciativa Cero Quema Rutinaria está diseñada para poner fin a una práctica de la industria petrolera que existe desde que comenzó la producción de petróleo hace más de 150 años.

Durante la producción de petróleo, el gas natural se extrae del yacimiento junto con el crudo. Parte de este gas se quema en antorcha de forma despilfarradora, en lugar de conservarse o utilizarse con fines productivos. Cada año, unos 150 000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas natural se queman en antorcha, lo que genera 400 millones de toneladas de emisiones equivalentes de CO2 y otros contaminantes, entre ellos metano (más 80 veces más potente que el CO2 en un período de 20 años) y carbono negro (hollín). El carbono negro procedente de las antorchas también es un contaminante climático de vida corta que, según las investigaciones, acelera el deshielo de la nieve y el hielo en el Ártico. Según un artículo publicado por la Unión Europea de Geociencias, las emisiones de la quema de gas contribuyen a alrededor del 42% de las concentraciones medias anuales de carbono negro en superficie en el Ártico.

La quema de gas también desperdicia un valioso recurso energético. Si la mitad de la cantidad de gas quemada anualmente se utilizara para generar electricidad, podría proporcionar unos 400 000 millones de kilovatios-hora de electricidad, es decir, aproximadamente el consumo eléctrico anual del África subsahariana. Dado que 789 millones de personas viven sin electricidad y se calcula que 630 millones podrían seguir sin acceso a la energía para 2030 (nueve de cada diez de ellas viven en el África subsahariana), el momento de actuar es ahora.

La meta de poner fin a la quema rutinaria de gas está ahora en juego. Existe el riesgo de que se frene el progreso del desarrollo, ya que es probable que la COVID-19 empuje a 119-124 millones de personas a la pobreza extrema. Como se expone en la publicación del Banco Mundial Perspectivas económicas mundiales, 2021 es probable que traiga consigo una modesta recuperación de la economía mundial, con una menor demanda de petróleo y precios bajos del crudo que lastran el ritmo de recuperación en las economías exportadoras de petróleo. En este contexto, es posible que los gobiernos y las compañías petroleras paralicen el gasto de capital y las inversiones necesarias para poner fin a la quema rutinaria de gas, mientras que los esfuerzos en materia de sostenibilidad y medio ambiente quedan relegados. Por otra parte, los datos satelitales del Banco Mundial muestran un repunte de la quema mundial de gas, que vuelve a niveles vistos por última vez hace una década, hasta 150 bcm. Estas son noticias preocupantes para nosotros en la Asociación Mundial para la Reducción de la Quema de Gas, porque trabajamos con los gobiernos para desarrollar la capacidad institucional, las políticas, las normativas y las soluciones técnicas que permitan alcanzar un mundo libre de quema rutinaria de gas y de venteo.

Estos países queman los mayores volúmenes de gas en antorchaImage: Banco Mundial / NOAA / Colorado School of Mines

Mientras los gobiernos deben destinar recursos limitados a gestionar la crisis sanitaria y a distribuir las vacunas con la mayor rapidez posible, la pandemia también ha puesto de manifiesto la urgente necesidad de “reconstruir mejor” y de abordar el cambio climático. Esto implicará no solo reafirmar y renovar el compromiso con los objetivos climáticos, sino también impulsar la transición energética única de cada país de manera que aumente el suministro de energía a largo plazo y refuerce la recuperación y la resiliencia.

El compromiso de los gobiernos y las empresas de gestionar el gas asociado que acompaña a la producción de petróleo es más importante que nunca. Al examinar las medidas necesarias desde ahora hasta 2030, conviene reflexionar y valorar cuánto hemos avanzado y en qué punto nos encontramos en este esfuerzo mundial. Mientras que la producción de petróleo ha aumentado un 37% en los últimos 23 años, la cantidad de gas asociado quemado en antorcha ha disminuido un 9%. Sin duda, se trata de un avance positivo y de un desacoplamiento gradual de una correlación de larga data entre la producción de petróleo y la quema de gas. Pero aún queda mucho por hacer.

La justificación de captar y aprovechar el gas asociado es indiscutible. Entonces, ¿por qué persiste?

El mundo ha avanzado en la quema de gas en los últimos 25 añosImage: Banco Mundial

Para acabar con toda la quema rutinaria en el mundo, el coste podría ascender a 100 000 millones de dólares. De hecho, las compañías petroleras se enfrentan a importantes desafíos para configurar las cadenas de valor que permitan captar, almacenar, transportar y distribuir este gas. Ciertamente, los recientes avances en tecnologías de aprovechamiento de gas a pequeña escala y modulares han mejorado notablemente el potencial de uso del gas asociado. Sin embargo, no todas estas tecnologías son económicamente viables, y mucho depende de los precios del combustible y de los productos finales. Las pequeñas plantas modulares de generación eléctrica, las plantas modulares de gas natural licuado montadas en camiones y los sistemas integrados de gas natural comprimido son alternativas viables a la quema, pero pueden ser costosas e incluso generar pérdidas para un operador. En pocas palabras: no se puede luchar contra la economía. Mientras tanto, el medio probado de aprovechar el gas de antorcha, que consiste en recoger el gas y transportarlo por un gasoducto, depende en gran medida de la escala: es decir, captar una gran cantidad de gas asociado procedente de muchos puntos de quema, idealmente situados cerca unos de otros, y destinarlo a un uso productivo.

A pesar de estos obstáculos, el Banco Mundial aprovechará su historial de movilización de más de 85 gobiernos, empresas e instituciones de desarrollo para comprometerse con el objetivo de Cero Quema Rutinaria para 2030 y seguirá apoyando a países productores de petróleo como Ecuador, Egipto, Gabón, Indonesia, Irak, Kazajistán, México, Nigeria y Rusia. En este entorno desafiante, debemos priorizar la acción climática, desarrollar enfoques y soluciones normativos y técnicos creativos, adoptar nuevas asociaciones público-privadas y ayudar a los países ricos en recursos a conservar o utilizar de forma sostenible, y no desperdiciar, sus recursos naturales.

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