Cómo puede la electrificación impulsar la transición energética

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Action on the climate is urgently required – and electricity will play a key role.Image: Unsplash
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Estés en el país que estés, la transición energética ya está en marcha. Adopta formas ligeramente distintas y puede partir de puntos diferentes según la región, pero está claro que hemos llegado a una etapa en la que, a escala mundial, todos afrontamos un desafío común.

En el pasado, el mundo ha atravesado varias transiciones energéticas que han marcado distintas «eras industriales»: de la madera al carbón, y del petróleo al gas y la energía nuclear. Ahora, el mundo está inmerso en un cambio masivo hacia las energías renovables. A diferencia de las transiciones anteriores, el cambio actual está impulsado por la conciencia colectiva sobre las preocupaciones ambientales y climáticas, y fue iniciado principalmente por los responsables de formular políticas, más que por las fuerzas del mercado.

Sin embargo, el ritmo de la innovación tecnológica y la reducción de los costes están creando margen para que las dinámicas del mercado impulsen la transición energética y refuercen así la iniciativa política mundial. En particular, en el sector eléctrico, el coste medio de generación de la energía solar fotovoltaica ha disminuido más de un 70% desde 2010. Actualmente, en algunas regiones, generar un kWh con energía renovable es más barato que hacerlo con combustibles fósiles.

La necesidad de acelerar el ritmo

A pesar de ello, el verdadero desafío que afrontamos en esta transición no es el potencial, sino el tiempo. El tiempo es el recurso que empieza a escasear. La frecuencia y la magnitud de las alteraciones físicas causadas por el calentamiento global y los fenómenos meteorológicos extremos siguen demostrando que las economías del mundo tendrán que acelerar el ritmo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

La acción frente al cambio climático va rezagada porque, pese a los compromisos asumidos por los países, las políticas previstas siguen siendo insuficientes para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París. El informe especial de 2018 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático pidió actuar con mayor urgencia y reiteró la necesidad de alcanzar cero emisiones de GEI para evitar consecuencias importantes relacionadas con el clima para los ecosistemas, las comunidades humanas y las economías.

Esta situación queda confirmada por el informe del Foro Económico Mundial Fomentar una transición energética eficaz 2019. Cada año, el informe clasifica a 115 países según su desempeño y preparación para la transición. Lo más destacado de 2019 es que el aumento interanual de la puntuación media mundial fue el más bajo de los últimos cinco años. Además, al considerar la evolución de las puntuaciones durante el período 2014–2019, la dimensión de «sostenibilidad ambiental» apenas muestra mejoras. En resumen, el ritmo de la transición energética es demasiado lento a escala mundial.

Combinación de fuentes de generación de electricidad, 2018.Image: AIE, Informe sobre el estado del CO2 mundial, 2019

Por si esto no bastara, los datos de 2018 confirman aún más la urgencia de actuar. Según informó recientemente la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las emisiones de CO2 relacionadas con la energía aumentaron un 1,7% con respecto a 2017 y alcanzaron un máximo de 33,1 gigatoneladas, y las centrales eléctricas de carbón, principalmente en Asia, fueron las principales responsables del aumento. La compensación derivada de las emisiones evitadas gracias al uso de energías renovables y otras tecnologías de energía limpia fue importante, pero no bastó para contrarrestar el incremento.

Es necesario acelerar los esfuerzos de descarbonización en todos los sectores, desde la generación de electricidad hasta el transporte, la construcción y la industria.

El papel de la electrificación

Según el informe del Foro, la electrificación es fundamental para la descarbonización. Señala que, hoy en día, la electricidad representa solo el 19% del consumo final total de energía. Sin embargo, dado que su proporción ha aumentado desde el 15% en 2000, tiene potencial para crecer enormemente en el futuro.

El sector eléctrico ya ha reducido considerablemente sus emisiones de GEI y se ha convertido en un actor destacado en la lucha contra el cambio climático. Ahora, la electrificación de los usos finales permite reducir aún más las emisiones de GEI, tanto gracias al ahorro de energía —debido a la mayor eficiencia de las tecnologías eléctricas— como al aumento de la proporción de energías renovables en la generación de electricidad.

Pero, para aprovechar plenamente los beneficios de la electrificación, es fundamental acelerar la transición desde los combustibles fósiles hacia una generación sin emisiones. A diferencia de la generación de electricidad a partir de combustibles fósiles, la electricidad renovable está totalmente protegida de la volatilidad de los precios de las materias primas y se produce con un coste variable cero. Esto significa que las energías renovables sin emisiones pueden desplazar a la generación térmica con altas emisiones gracias a sus menores costes y a una menor variabilidad de los precios. Por tanto, la electricidad descarbonizada —más asequible, sostenible y eficiente— es el mejor vector energético para avanzar hacia nuestros objetivos comunes a largo plazo.

Cambio en la generación de electricidad por fuente.Image: AIE, Informe sobre el estado del CO2 mundial, 2019

Si lográramos acelerar realmente el ritmo y «cumplir París», la electricidad sería necesariamente una parte clave de la fórmula. Según el escenario Remap de la Agencia Internacional de Energías Renovables, para 2050 la proporción de electricidad en el consumo final total de energía aumentará del 19% a cerca del 44%, y la electricidad tendrá un papel cada vez mayor en el transporte y la construcción. Además, la proporción de energías renovables en la combinación de generación eléctrica crecerá hasta cerca del 85% en 2050, frente al 25% actual.

En 2018, la demanda mundial de electricidad aumentó un 4% —el mayor incremento anual desde 2010— y las energías renovables cubrieron el 45% del aumento. Sin embargo, además del crecimiento de la generación renovable, también aumentó la generación eléctrica a partir de carbón y gas, lo que provocó un incremento neto del 2,5% en las emisiones del sector. Lo importante es que la AIE estimó que el 20% del aumento de la demanda de electricidad se debió al cambio climático, que está elevando la necesidad tanto de refrigeración (2018 fue el cuarto año más caluroso del que se tiene registro) como de calefacción. Cabe esperar que esta tendencia continúe.

Además de aumentar la eficiencia y reducir las emisiones de GEI, la electrificación de los usos finales, combinada con la descarbonización de la combinación de generación, aporta otros beneficios, como una mayor seguridad energética y una mejor calidad del aire urbano, además de oportunidades de empleo.

Por tanto, cuando sea posible, deberían promoverse aumentos pronunciados de la generación renovable y evitarse el riesgo de quedar vinculados a nuevos activos basados en combustibles fósiles, especialmente en el caso de las centrales de carbón en algunas regiones del mundo. Como se ha indicado, el aumento de las emisiones de CO2 en 2018 se debió principalmente a la generación eléctrica a carbón, sobre todo en Asia.

Centrales eléctricas en construcción o cuya entrada en operación está prevista para 2020, y generación anual prevista en 2020 por fuente.Image: Perspectivas de la energía en el mundo 2018 de la AIE

Consecuencias para la industria

La «transición» energética que necesitamos bien podría rebautizarse como «revolución». De hecho, cabe esperar cambios sustanciales en la propia configuración de la industria energética. Una mayor electrificación de los usos finales probablemente provocará un cambio importante en los focos de creación de valor de varios sectores industriales, cuya posición podría verse muy afectada.

La descarbonización de la economía, la electrificación del consumo de energía, la urgencia del cambio climático y la creciente presión de los inversores para desinvertir en combustibles fósiles están ejerciendo cada vez más presión sobre las empresas del sector energético y de otros sectores. Por ejemplo, las empresas de petróleo y gas están empezando a reajustar sus estrategias y a trabajar en una reestructuración importante de sus carteras.

De hecho, estamos viendo más iniciativas tempranas en algunos eslabones de la cadena de valor de la electricidad por parte de empresas del sector, entre ellas compañías de petróleo y gas, así como gigantes tecnológicos y fabricantes de automóviles. Estos últimos ya tienen varias alianzas con empresas de servicios públicos para ofrecer soluciones combinadas de suministro de electricidad renovable y dispositivos domésticos inteligentes, o soluciones de energía distribuida.

Tres señales alentadoras

Nuestros objetivos comunes a largo plazo son ambiciosos, pero hay tres señales alentadoras principales: el coste cada vez menor de las tecnologías renovables; el papel creciente de la electricidad como vector energético para los usos finales; y el interés cada vez mayor de la industria energética (y de otros sectores) por la electrificación.

Es probable que estas tres tendencias no sean lineales y que sus ritmos de aceleración puedan ser exponenciales. Esto ayudará a acelerar el proceso de transición, pero todas las partes interesadas deben mantener el enfoque y el compromiso para orientar el suministro de energía en la dirección correcta.

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