El Titanic, los fallos de liderazgo y el cambio climático

The Aletsch Glacier is pictured from the Eggishorn summit in Fiesch, Switzerland, August 22, 2015.
"We need leaders who realise that no country is immune to climate disruption."Image: REUTERS/Denis Balibouse
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En 1997, dos escenas de la película Titanic quedaron grabadas en mi memoria, y no me refiero a los encuentros románticos entre Leonardo DiCaprio y Kate Winslet. Fue la escena en la que el capitán ordena a su orquesta que siga tocando mientras su barco se hunde, y el momento en que una mujer elegantemente vestida, en la fila de los botes salvavidas (demasiado pocos), pregunta: «¿Nos sentarán según nuestra clase social? ¡Espero que no estén demasiado llenos!»

Ver estas escenas siendo una niña privilegiada de once años en los Países Bajos probablemente fue mi primer encuentro con el liderazgo fallido (el del capitán) y la desigualdad social (entre los pasajeros). Más tarde descubriría que, para millones de personas, estas ideas forman parte de la vida cotidiana y no de la ficción.

DiCaprio no volvió a estar en mi radar hasta que, en los últimos años, se convirtió en embajador de buena voluntad de las Naciones Unidas para el clima. En su documental, Before the Flood, DiCaprio no solo ofrece al público general un adelanto de la ciencia climática sobre el futuro que le espera a nuestro planeta, sino que también nos alerta de las innumerables formas en que importan nuestro comportamiento electoral y nuestros hábitos de consumo. Una breve sonrisa de «sí, se puede» aparece en el rostro del actor cuando Elon Musk, fundador de Tesla, le explica sus ambiciosos planes para las energías renovables y el almacenamiento de energía.

Tenemos una, quizá dos décadas para descarbonizar nuestras economías si queremos hacer realidad el acuerdo climático alcanzado en París en 2015. Nunca antes había sido tan importante un liderazgo audaz durante un período tan breve para la continuidad de nuestro planeta y de todos los animales —incluidas las personas— que viven en él.

Está absolutamente claro que necesitamos líderes que comprendan que ningún país es inmune a las perturbaciones climáticas. Necesitamos urgentemente un liderazgo climático responsable. Pero ¿qué implica esto?

En primer lugar, los líderes responsables deben atender a quienes pueden sentirse excluidos en la transición hacia una economía baja en carbono. No solo en lo que respecta a la financiación climática para los países en desarrollo (tal como establece el Acuerdo de París), sino también a la creación de economías inclusivas y bajas en carbono en los países desarrollados. Esto va más allá de destacar cuánto prosperarán nuestras economías gracias a los millones de empleos de tecnologías limpias que se están creando.

No cabe duda de que la mayoría de las personas a bordo de un Titanic que se hunde —como los trabajadores del carbón— querrían dar el salto a Tesla y empresas similares. Pero la dura realidad es que, a menudo, sus competencias laborales todavía no se ajustan a lo que necesitan las empresas que producen tecnologías, servicios y productos bajos en carbono. Aquí es donde pueden responder los líderes de países, estados y ciudades. Por ejemplo, al aplicar la tan necesaria política de poner precio al carbono, se puede destinar parte de los ingresos a preparar y recalificar a esos trabajadores expuestos para que puedan desempeñar otros tipos de trabajo.

En segundo lugar, el liderazgo responsable implica no solo atender a los demás, sino también tomar la iniciativa para incluir el cambio climático en la agenda política. Cuidar de nuestro hogar común no debería ser una cuestión de política de izquierdas frente a política de derechas. Se trata de rediseñar nuestras sociedades y economías a un ritmo responsable, en lugar de insuficiente.

El mundo necesita capitanes que avisten el iceberg y cambien drásticamente de rumbo, no capitanes que ignoren el problema o se rindan ante él, limitándose a ordenar a la orquesta que siga tocando.

Los medios de comunicación también deben echar una mano. Aunque las perturbaciones climáticas afectan prácticamente a todos los ministerios de un gobierno (desde economía, salud pública y transporte hasta energía, asuntos exteriores y defensa), los medios más influyentes del mundo a menudo siguen sin preguntar por el tema durante las campañas electorales.

En tercer lugar, el liderazgo responsable también significa rendir cuentas ante quienes todavía no pueden votar o aún no han nacido. Esto se aplica especialmente a los países en desarrollo, que son los más vulnerables a las perturbaciones climáticas, pese a ser los que menos se han beneficiado de la energía fósil barata. Cuanto más tardemos en hacer la transición, mayor será la factura que las generaciones futuras tendrán que pagar para hacer frente a sequías, inundaciones y tormentas que las sumirán o incluso empujarán a la pobreza y al conflicto. No me sorprende que, en todo el mundo, ciudadanos preocupados estén logrando cada vez más llevar a sus gobiernos ante los tribunales en nombre de las generaciones futuras.

Como Global Shaper y activista profesional por el clima, me comprometo a hacer todo lo que pueda para informar e implicar a quienes permanecen al margen. A tomar la iniciativa para orientar el debate sobre cómo podemos combatir el calentamiento, en vez de limitarnos a reaccionar ante los problemas de hoy en el calor del momento. A amplificar las voces de quienes participan, pero todavía no son escuchados.

Sin duda, habrá momentos en que estos compromisos entrarán en tensión entre sí. Nuestra capacidad para cuestionarnos e inspirarnos mutuamente es lo que me mantiene alerta y me lleva a poner continuamente en duda mis propias convicciones. Me inspira a trabajar para hacer realidad mis ideales. Con todo mi convencimiento, mantengo la idea de que mi generación puede dar forma al futuro que queremos. Podemos marcar un rumbo mejor que el capitán del Titanic.

Paulette van Ommen es Global Shaper del Foro Económico Mundial. Su artículo es uno de los finalistas del concurso de ensayos Global Shaper de 2016, cuyo tema es el liderazgo receptivo y responsable.

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