A finales de siglo, el cambio climático podría impulsar a 660.000 solicitantes de asilo adicionales al año hacia Europa. El aumento de la migración masiva es solo una de las consecuencias sociales y ambientales del aumento de las temperaturas.
El cambio climático, un multiplicador de amenazas
El cambio climático no solo calienta el aire y derrite los glaciares. Actúa como un «multiplicador de amenazas» y agrava las vulnerabilidades de los ecosistemas y las comunidades de maneras que aún no comprendemos del todo.
La migración es un ejemplo: su evolución actual y prevista pone de relieve cómo los efectos del cambio climático en un lugar se extienden a otras partes del mundo. Un nuevo estudio publicado en Science concluye que, cuando fracasan las cosechas en las regiones agrícolas del mundo, más personas buscarán asilo en Europa en las próximas décadas. Si continúan las tendencias actuales de calentamiento, la investigación prevé que en 2100 Europa recibirá alrededor de 660.000 solicitudes adicionales cada año.
Los autores analizaron la relación entre los cambios meteorológicos localizados y el número de solicitudes de asilo presentadas por migrantes de ese país entre 2000 y 2014. Descubrieron que, cuando las temperaturas en el país de origen se alejaban de un promedio moderado de 20° C (68° F), aumentaban las solicitudes.
Modelizaron los patrones futuros de migración comparando las tendencias actuales con los escenarios de calentamiento global establecidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Descubrieron que, en una trayectoria en la que la concentración de gases de efecto invernadero no disminuye de forma significativa, y las temperaturas globales aumentan 4.8° C (8.6° F), es probable que las solicitudes de asilo aumenten un 188 %a finales de siglo.

En declaraciones a la BBC, el autor principal, Wolfram Schlenker, de la Universidad de Columbia, reconoció la incertidumbre que conllevan estos modelos: «Básicamente, tenemos que suponer que la relación que descubrimos entre 2000 y 2014 se mantendrá sin cambios durante los próximos 80 años», afirmó.
Explicó que «hay muchas razones por las que la situación podría evolucionar en uno u otro sentido. Podríamos empezar a adaptarnos a las temperaturas más cálidas, de modo que los efectos serían menores; pero, si cada año se somete a la gente a la misma perturbación, la situación podría empeorar mucho. Podríamos estar subestimando o sobreestimando los efectos».
Punto de quiebre
Nuestra capacidad de resiliencia como especie nos permite adaptarnos a muchos cambios —por ejemplo, mejorando las infraestructuras o cultivando variedades resistentes al calor—, pero nosotros también acabamos llegando a un punto de quiebre. Una nueva investigación publicada en Environmental Research Letters concluye que, para 2100, el aumento de las temperaturas, combinado con una mayor humedad, hará que algunas zonas del mundo sean inhabitables para los seres humanos.
El cuerpo humano se enfría mediante el sudor. Cuando el sudor se evapora de la piel, disipa el exceso de calor; pero, si el aire está muy cargado de humedad, este proceso se ralentiza o se detiene por completo. En esas condiciones, los órganos empiezan a fallar, lo que finalmente conduce a la muerte. Estudios anteriores han identificado este límite superior como una temperatura sostenida de 35° C (95° F).
El nuevo estudio cartografía las zonas del planeta con mayor riesgo de sufrir no solo más calor, sino también una mayor concentración de vapor de agua en el aire. Entre las regiones que probablemente se verán afectadas figuran la Amazonía, África occidental y central, el norte de la India, el este de China y el sureste de Estados Unidos.
«No se trata solo del calor ni del número de personas. También importa cuántas personas son pobres, cuántas son mayores, quiénes tienen que trabajar al aire libre y quiénes disponen de aire acondicionado», afirmó el coautor del estudio Alex de Sherbinin, del Centro para la Red Internacional de Información sobre Ciencias de la Tierra de Columbia, en un comunicado. Dijo que, aunque las condiciones meteorológicas no provoquen un colapso repentino de los sistemas humanos afectados, trabajar en el campo o en entornos sin aire acondicionado puede causar problemas crónicos de salud como enfermedades renales, otro ejemplo del cambio climático como multiplicador de amenazas. Es probable que, con el tiempo, muchas personas acaben buscando un nuevo hogar en otro lugar.
Aunque la evidencia científica no es concluyente, hay indicios de que la sequía provocada por el cambio climático podría haber agravado los disturbios sociales que dieron lugar a algunos de los conflictos más brutales de este siglo, incluida la guerra de Siria. La ciencia que atribuye los fenómenos meteorológicos extremos a sus causas avanza rápidamente, pero aún queda mucho por hacer antes de poder identificar con certeza el papel del cambio climático en cualquier fenómeno extremo.
Lo que los científicos saben ahora es que lo que ocurre en una parte concreta del planeta probablemente desencadenará una serie de consecuencias que se sentirán muy lejos. Estas consecuencias no son solo ambientales, sino también sociales, e implicarán cada vez más el desplazamiento de grandes cantidades de personas. Como la migración masiva ya está generando tensiones en todo el mundo, los líderes tendrán que encontrar nuevas estrategias para gestionar las crecientes comunidades nómadas del futuro.




