¿Cuánto costará el cambio climático a la agricultura? Este economista lo está averiguando

A picture of a tractor harvesting crops
Agriculture depends on the weather.Image: Unsplash/no one cares
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  • No está claro cuántos daños económicos causará el cambio climático.

  • Para ayudar a entenderlo, el economista Derek Lemoine ha creado un modelo para valorar las adaptaciones de los agricultores a los cambios meteorológicos y a las previsiones.

  • Al aplicarlo a la agricultura estadounidense, el modelo muestra un resultado más pesimista de lo que se espera actualmente.

  • Será necesario introducir cambios sustanciales en las políticas agrícolas para contrarrestar los efectos, escribe Lemoine.

No sabemos cuánto nos costará el cambio climático. Sin embargo, ese coste es la «externalidad» que falta en los precios de los combustibles fósiles (Gollier 2021), que debe incorporarse mediante un impuesto o un límite a las emisiones de carbono (como en el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión de la UE). Los supuestos plausibles sobre ese coste podrían justificar precios del carbono de entre unos pocos dólares y cientos de dólares por tonelada. El problema es que medir el coste del cambio climático es intrínsecamente difícil, porque el cambio climático es un experimento inédito que se lleva a cabo en tiempo real a escala mundial.

¿Cómo podríamos deducir el coste del cambio climático futuro a partir de los datos disponibles hoy? Seguramente ha observado que los distintos lugares tienen climas diferentes. Así, podría comparar los resultados entre el lugar A, más frío (por ejemplo, Alemania), y el lugar B, más cálido (por ejemplo, Italia), para conocer los efectos del cambio climático. El problema es que dos lugares cualesquiera difieren en muchos aspectos, y estas diferencias a menudo guardan correlación con sus climas. Dentro de la UE, las innumerables diferencias en instituciones, historia, patrones de uso del suelo, infraestructuras y cultura surgen a medida que nos desplazamos de sur a norte, por lo que es imposible atribuir de forma concluyente cualquier diferencia concreta en los resultados sociales o económicos al hecho de que los lugares más meridionales sean más cálidos. Este método puede estimar beneficios netos o costes netos del cambio climático para la agricultura estadounidense, según cómo se tengan en cuenta las diferencias en el riego entre distintos lugares (Mendelsohn et al. 1994, Schlenker et al. 2005).

¿Qué más podríamos hacer? Seguramente ha observado que un mismo lugar puede tener un tiempo meteorológico muy distinto en momentos diferentes. En lugar de basarse en comparaciones espaciales, podría comparar los momentos en que el lugar A era más cálido con los momentos en que ese mismo lugar A era más frío. Estos cambios meteorológicos son prácticamente aleatorios, por lo que están muy fuera del control de la sociedad. Durante la última década, los economistas han demostrado que el tiempo meteorológico influye en una serie de resultados sociales y económicos (Dell et al. 2014, Carleton y Hsiang 2016). Una vez estimados los efectos de los días más calurosos, muchos economistas han empezado a extrapolar los efectos del cambio climático utilizando proyecciones científicas de cómo cambiará el tiempo meteorológico a lo largo del siglo. En la agricultura estadounidense, este enfoque prevé pérdidas de hasta un 56% para finales de siglo (Deschênes y Greenstone 2007, Fisher et al. 2012).

El inconveniente de este enfoque es que los eventos meteorológicos aleatorios difieren del cambio climático en aspectos importantes: el cambio climático hace que los eventos meteorológicos antes inusuales se repitan una y otra vez, sabemos que alterará el tiempo meteorológico futuro y afecta al tiempo de todas las localidades a la vez (sobre este último punto, véase Cruz y Rossi-Hansberg 2021). Preocupantemente, ni siquiera sabemos si extrapolar a partir de los efectos del tiempo meteorológico sobrestima o subestima el coste del cambio climático. Por ejemplo, los agricultores podrían adaptarse mejor al cambio climático que a los eventos meteorológicos a corto plazo, porque tendrán la oportunidad de instalar sistemas de riego y ajustar sus decisiones de siembra, en cuyo caso los costes reales serán menores que los estimados. Pero también podría ocurrir que los agricultores adopten medidas en respuesta a eventos meteorológicos a corto plazo que no podrían mantener año tras año (como el uso de más agua subterránea), en cuyo caso los costes reales serán mayores que los estimados.

Si los economistas van a poder ofrecer orientaciones claras sobre la ambición adecuada de la política climática, necesitamos estimaciones de daños más sólidas o, al menos, saber si las estimaciones basadas en datos son cotas superiores o inferiores. En un artículo reciente (Lemoine 2021), desarrollo nuevos métodos para estimar los daños que tienen en cuenta cómo el cambio climático hace que los agentes vivan una y otra vez con condiciones meteorológicas alteradas, y los lleva a prever condiciones meteorológicas alteradas en el futuro. Fundamento mis métodos en un modelo dinámico de toma de decisiones en el que los agentes pueden adoptar medidas para protegerse frente a eventos meteorológicos presentes y futuros. Estas medidas pueden basarse en el conocimiento del tiempo que hace fuera de sus puertas («adaptación ex post»), como cuando los agricultores riegan en respuesta al calor. También pueden basarse en previsiones del tiempo venidero («adaptación ex ante»), como cuando los agricultores ajustan la superficie sembrada previendo el calor.

Dentro del mundo de mi modelo, deduzco el efecto verdadero de cambiar el clima (en símbolos, no en cifras). Este es el gran desconocido de la economía del cambio climático, el objetivo al que muchos apuntan extrapolando a partir de los efectos estimados del tiempo meteorológico, pero que nunca se observa directamente en el mundo real. Como normalmente nunca vemos el objetivo, no tenemos idea de lo bien que apuntamos. Pero yo sí conozco aquí el objetivo. Así, puedo evaluar la precisión de utilizar los cambios meteorológicos para aproximarnos a los cambios climáticos y puedo intentar mejorar nuestra puntería.

De manera optimista, resulta que los enfoques convencionales pueden tener éxito en algunos casos especiales. De manera pesimista, estos casos parecen bastante especiales. En particular, requieren que las decisiones de los agentes no estén vinculadas en el tiempo, lo que reduce esencialmente el entorno dinámico a uno estático (como en Hsiang 2016, Deryugina y Hsiang 2017). En cuanto los agentes interactúan con un stock de capital (como las infraestructuras de riego o de aire acondicionado) o con un stock de recursos naturales (como el agua subterránea), sus decisiones dependen tanto de decisiones pasadas como de decisiones futuras proyectadas, y, por tanto, del tiempo meteorológico pasado y del tiempo meteorológico futuro proyectado. Estas dependencias son relevantes para el efecto verdadero del cambio climático, pero los métodos convencionales que extrapolan a partir de los efectos de eventos meteorológicos a corto plazo no pueden captarlas plenamente. La precisión de los métodos actuales puede no ser muy buena.

Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Existe alguna esperanza para un enfoque basado en datos para estimar el coste del cambio climático? Desarrollo un nuevo tipo de enfoque que debería mejorar nuestra puntería. Necesitamos estimar los efectos no solo del tiempo meteorológico actual, sino también del tiempo meteorológico retardado y de las previsiones meteorológicas. Una vez hecho esto, la teoría nos indica cómo manipular y combinar los resultados de forma que imiten los efectos del clima. Con este método, repartimos los efectos del clima entre los efectos directos de las alteraciones meteorológicas, la adaptación ex post a vivir con alteraciones meteorológicas una y otra vez, y la adaptación ex ante a esperar vivir con alteraciones meteorológicas en el futuro. Además, podemos determinar el signo de la brecha restante entre las nuevas estimaciones y el efecto verdadero del cambio climático, de modo que ahora sabemos si hemos estimado un límite inferior o superior de los daños climáticos a largo plazo.

Aplico mi nuevo método al debate sobre los impactos en la agricultura de la mitad oriental de EE. UU. Actualizando Deschênes y Greenstone (2007) y Fisher et al. (2012), muestro que los métodos convencionales proyectarían pérdidas de alrededor del 42% para finales de siglo, impulsadas por un mayor número de días de calor extremo. En cambio, mis nuevos métodos estiman que el cambio climático eliminará los beneficios de la hectárea media de tierras de cultivo actuales. Como antes, los aumentos de los días de calor extremo son importantes y perjudiciales, pero ahora también parece perjudicial tener más días con calor común. El cambio está impulsado por la adaptación ex post. Constato que la adaptación ex post de los agricultores al calor común proporciona beneficios a corto plazo. Sin embargo, también constato que los efectos directos del calor común son perjudiciales y que los beneficios a corto plazo de la adaptación ex post reflejan compensaciones con costes a largo plazo, como el agotamiento de las aguas subterráneas o la reducción de la calidad del suelo. Sorprendentemente, la adaptación parece ahora aumentar en realidad el coste del cambio climático a largo plazo.

Mi trabajo sugiere una revisión de la enorme bibliografía que extrapola de las consecuencias del tiempo meteorológico a las consecuencias del cambio climático. Ofrece una hoja de ruta para construir estimaciones fundamentadas en la teoría económica que, en última instancia, podrían generar recomendaciones sobre el precio del carbono más creíbles. En el debate sobre los efectos en la agricultura estadounidense, estas nuevas estimaciones generan resultados mucho más pesimistas y alteran la intuición habitual de que la adaptación reduce el coste del cambio climático. La salud futura del sector depende de la expansión de las tierras de cultivo en regiones más frías y del desarrollo de nuevas variedades de cultivos que puedan prosperar en un mundo más cálido.

Referencias

Carleton, T A, y S M Hsiang (2016), «Impactos sociales y económicos del clima», Science 353(6304).

Cruz, J-L, y E Rossi-Hansberg (2021), «Ganancias desiguales: evaluación del impacto económico agregado y espacial del calentamiento global», VoxEU.org, 2 de marzo.

Dell, M, B F Jones, y B A Olken (2014), «¿Qué aprendemos del tiempo meteorológico? La nueva bibliografía sobre clima y economía», Journal of Economic Literature 52(3): 740–98.

Deryugina, T, y S Hsiang (2017), «El producto marginal del clima», documento de trabajo NBER 24072.

Deschênes, O, y M Greenstone (2007), «The Economic Impacts of Climate Change: Evidence from Agricultural Output and Random Fluctuations in Weather», American Economic Review 97(1): 354-85.

Fisher, A C, W M Hanemann, M J Roberts, y W Schlenker (2012), «The Economic Impacts of Climate Change: Evidence from Agricultural Output and Random Fluctuations in Weather: Comment», American Economic Review102(7): 3749–60.

Gollier, C (2021), «Fijación eficiente del precio del carbono en condiciones de incertidumbre», VoxEU.org, 6 de abril.

Hsiang, S M (2016), «Econometría climática», Annual Review of Resource Economics 8: 43-75.

Lemoine, D (2021), «Estimación de las consecuencias del cambio climático a partir de la variación meteorológica», documento de debate CEPR n.º 16194.

Mendelsohn, R, W D Nordhaus, y D Shaw (1994), «The Impact of Global Warming on Agriculture: A Ricardian Analysis», American Economic Review 84(4): 753-71.

Schlenker, W, W M Hanemann, y A C Fisher (2005), «¿Se beneficiará realmente la agricultura estadounidense del calentamiento global? Tener en cuenta el riego en el enfoque hedónico», American Economic Review 95(1): 395-406.

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