Este Día de la Tierra, es más imperativo que nunca actuar frente al desafío del cambio climático.
La biodiversidad está disminuyendo más rápido que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad.
Invertir en nuestro planeta, en particular en sus ecosistemas, es urgente para mantenernos dentro del objetivo climático de 1,5 °C, según el último informe del IPCC.
«¡No hay un planeta B!». Esta es una frase muy popular entre los activistas medioambientales cuando se habla del deterioro de la salud del mundo natural. Y hoy, al conmemorar el 52.º Día de la Tierra, es imperativo actuar con urgencia frente a este desafío. Cada consumidor, votante y profesional tiene la responsabilidad de hacerlo.
Sin duda, los actuales cambios geopolíticos mundiales están alterando las cadenas de suministro, los precios de los alimentos y la seguridad energética. Sin embargo, el mundo no puede frenar el impulso de la lucha contra el cambio climático y la pérdida de naturaleza, ya que la prosperidad humana y la del planeta están inextricablemente vinculadas. La biodiversidad —la diversidad dentro de las especies, entre especies y de los ecosistemas— está disminuyendo más rápido que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad.
Además, 15.000 millones de árboles se pierden cada año debido a la actividad humana, mientras que las poblaciones de fauna silvestre han disminuido en promedio un 60% desde 1970. La pérdida de biodiversidad es consecuencia directa de actividades humanas, como la invasión de tierras y espacios oceánicos, la generación de contaminación o la sobreexplotación de los recursos biológicos, que provocan la degradación ambiental.
Sin embargo, además de fomentar la conciencia individual, es fundamental exigir responsabilidades a empleadores, empresas y gobiernos, pues tienen acceso a las palancas más poderosas para impulsar cambios sistémicos que favorezcan la naturaleza.
Invertir para mitigar los riesgos y aprovechar las oportunidades
El lema del Día de la Tierra de 2022 es «Invierte en nuestro planeta». La serie de informes del Foro Económico Mundial titulada Nueva economía de la naturaleza muestra que más del 50% del PIB total mundial depende en gran medida o de forma moderada de la naturaleza y sus servicios, y que se necesitan 700.000 millones de dólares al año (menos del 1% del PIB mundial) para revertir la crisis mundial de biodiversidad.
Invertir en nuestro planeta, en particular en sus ecosistemas, es urgente para mantenernos dentro del objetivo climático de 1,5 °C, según el último informe del IPCC. El aumento de las temperaturas y fenómenos meteorológicos como las sequías harán que ecosistemas como los humedales liberen cantidades significativas de gases de efecto invernadero, lo que agravará aún más la crisis climática. Se ha descubierto que el drenaje de las turberas, un tipo de humedal, es responsable de más del 5% de las emisiones mundiales de carbono.
Aunque este riesgo es motivo de preocupación, la regeneración y conservación de los ecosistemas deben replantearse como oportunidades. La naturaleza protege a las personas y la fauna silvestre frente al cambio climático. Por ejemplo, los manglares costeros almacenan entre tres y cinco veces más carbono que las selvas tropicales vecinas. Esto demuestra que la naturaleza desempeña un papel fundamental e interrelacionado con el clima, y que depende de la humanidad decidir si queremos utilizarla como aliada o como arma.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial por la naturaleza?
El Centro para la Naturaleza y el Clima ayuda a los líderes a comprender las interconexiones entre el clima, la naturaleza y el desarrollo económico. Ofrece una plataforma para explorar vías que apoyen la resiliencia y la prosperidad dentro de los límites planetarios.
Al facilitar la cooperación entre sectores y regiones, el Centro ayuda a sus socios a convertir una comprensión compartida en soluciones prácticas para el clima y la naturaleza.
Afortunadamente, los responsables de la toma de decisiones en todo el mundo están dando cada vez más protagonismo a la naturaleza en los foros multilaterales. En la conferencia sobre el clima de la ONU de 2021 en Glasgow (COP26), 140 líderes que representan el 90% de los bosques del mundo se comprometieron a detener y revertir la pérdida de bosques para 2030.
Además, 100 países se comprometieron a proteger el 30% del océano mundial para 2030. En el quinto período de sesiones de la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, que concluyó en marzo de 2022, 175 países respaldaron una resolución histórica para poner fin a la contaminación por plásticos y forjar un acuerdo internacional jurídicamente vinculante para 2024.
Cuatro formas de proteger la inversión en la naturaleza
Pese a las señales de progreso, sigue habiendo una gran brecha entre la situación actual y las medidas necesarias. Estas son cuatro condiciones para invertir hoy en nuestro planeta:
1. Un ambicioso «acuerdo al estilo de París» para la naturaleza
Al igual que el Acuerdo de París sobre el cambio climático, un acuerdo internacional ambicioso, claro y aplicable en materia de biodiversidad garantizaría que la agenda sobre la naturaleza alcance el máximo nivel político. El Marco Mundial de la Diversidad Biológica posterior a 2020 (GBF), que el Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB) espera que los gobiernos adopten en la cumbre COP15 en Kunming, China, más adelante este año, podría hacerlo posible. El marco tiene como objetivo fijar metas claras para que los gobiernos detengan y reviertan la pérdida de biodiversidad para 2030, facilitando así a las empresas vías de acción claras. Muchas de sus metas tendrán repercusiones en los esfuerzos para abordar el cambio climático, desde el papel de las soluciones basadas en la naturaleza (SbN) hasta la eliminación y reasignación de las subvenciones a los combustibles fósiles. También propone metas para conservar al menos el 30% del planeta en áreas protegidas para 2030.
2. Medidas empresariales transformadoras y mayor financiación
Es necesario incentivar a las organizaciones para que comiencen los seis pasos de la transición, empezando por evaluar los ámbitos de la naturaleza (biodiversidad, agua dulce, tierras y océanos) pertinentes para sus operaciones y cadena de valor, y luego priorizar los impactos, las dependencias y las oportunidades de restauración y regeneración. Las instituciones financieras y los inversores deben complementar estos esfuerzos, ya que pueden desempeñar un papel clave para facilitar el acceso a los 700.000 millones de dólares que se necesitan al año (menos del 1% del PIB mundial) para revertir la crisis mundial de biodiversidad.
3. Políticas coherentes y regulación reforzada
Para crear las condiciones que respalden enfoques favorables a la naturaleza, ministerios como los de agricultura, medioambiente, finanzas y transporte deben trabajar juntos para establecer políticas coherentes.
En particular, los gobiernos deben redirigir, reformar, reasignar o eliminar los incentivos y subsidios perjudiciales para la biodiversidad. En la actualidad, el mundo gasta 1,8 billones de dólares al año en subsidios perjudiciales para el medioambiente. Se considera que casi el 90% de los 540.000 millones de dólares en subsidios mundiales que se conceden a los agricultores cada año son perjudiciales. Con determinación política y colaboración entre los sectores público y privado, podemos reformar estos subsidios perjudiciales y crear oportunidades para una economía equitativa, favorable a la naturaleza y con cero emisiones netas.
4. Un marco de datos, medición y rendición de cuentas
El antiguo dicho «lo que se mide se hace» es fundamental para construir una cooperación mundial en torno a la naturaleza. Esto requiere datos creíbles y sólidos, métricas estandarizadas, acceso fácil y abierto, y un marco de rendición de cuentas. A medida que aumenta en todo el mundo el impulso para abordar la crisis de pérdida de naturaleza, los gobiernos y las empresas asumen cada vez más compromisos para protegerla. Cada vez vemos a más líderes suscribir promesas y alcanzar acuerdos en principio. Ahora debemos exigir responsabilidades a las empresas y los gobiernos y garantizar que los compromisos se cumplan.
Este Día de la Tierra brinda a las personas y las comunidades la oportunidad de hacer valer su poder para movilizar a sus gobiernos y empresas e impulsar estas medidas, con el fin de proteger la riqueza ambiental del planeta durante las próximas décadas.




