Cambio climático, hambre, enfermedades, desigualdad, conflictos. La lista de problemas que enfrenta la humanidad crece y se vuelve más compleja constantemente. Las tecnologías digitales emergentes podrían ofrecer respuestas a algunos de estos desafíos y a otros. Pero ¿está perdiendo la gente la fe en lo que la tecnología puede ofrecer?
Esa es una de las preguntas que plantea el Índice de la Sociedad Digital de Dentsu Aegis Network y Oxford Economics.
El índice clasifica diez grandes economías en tres dimensiones (dinamismo, inclusión y confianza) y se basa en una encuesta mundial a 20.000 personas. Su objetivo es hacer posible medir el crecimiento y la salud de la economía digital mundial.

El Reino Unido ocupa el primer puesto general, principalmente por sus altos niveles de inclusión digital, el uso extendido de las TIC en la educación, la disponibilidad de acceso a internet y la amplia utilización de herramientas digitales en toda la economía. No sorprende, entonces, que también ocupe el primer puesto en la categoría de inclusión.
Estados Unidos lidera la categoría de dinamismo, ya que se considera que sus industrias digitales son muy activas y eficaces. Sin embargo, obtiene una puntuación relativamente baja en confianza: el temor a la pérdida de empleos contribuye en gran medida a este resultado. China, por el contrario, ocupa el primer puesto en confianza, hasta el punto de compensar su bajo desempeño en dinamismo digital.

La confianza es un bien de gran valor en la economía digital. Sin ella, las tasas de adopción por parte de los consumidores y el ritmo de la innovación podrían estancarse, afirman los autores del informe.
En el prólogo del índice, Jerry Buhlmann, director ejecutivo de Dentsu Aegis Network, afirma: «Nuestros resultados muestran que la gente tiene una opinión menos positiva de la economía digital de lo que cabría esperar. Esto importa porque la economía digital está impulsada por las personas».

El índice busca identificar los niveles de participación digital, una métrica positiva basada en el porcentaje promedio de personas que creen que la tecnología digital:
- creará empleos en el futuro
- ayudará a abordar los desafíos sociales
- garantizará que su impacto positivo supere al negativo
La participación varía según el país, pero una tendencia aparente es que las economías más maduras son las que tienen a las personas menos participativas: Japón, 32 %; Alemania, 38 %; Rusia, 50 %; y China, 73 %.
También existe una brecha de género en la participación digital. A escala mundial, se sitúa en el 42 % para las mujeres y el 49 % para los hombres. Sin embargo, el Reino Unido, pese a encabezar el índice general, presenta la mayor brecha de género: la participación digital es del 36 % entre las mujeres y del 45 % entre los hombres.
Aún más sorprendente es el puesto tan bajo que ocupa Japón en la clasificación. Considerado durante muchas décadas una economía de alta tecnología, Japón destina a investigación y desarrollo una proporción del PIB mayor que la de los otros nueve países del índice (según datos de 2013, el año más reciente para el que había cifras comparables a escala internacional). Sin embargo, según Dentsu Aegis, la población japonesa es mucho más pesimista que el resto de la muestra, lo que hizo caer a Japón en la clasificación.
China es casi lo contrario. Pese a su tamaño y su influencia en el escenario económico mundial, China sigue rezagada con respecto a la mayoría de las economías en cuanto a la tasa de crecimiento de sus industrias digitales. Sin embargo, esto se ve compensado por el enorme entusiasmo y apetito de la población china por el sector tecnológico.
Los innovadores y las marcas tecnológicas deben centrar sus esfuerzos en ganarse el corazón y la mente de los consumidores, mientras que los gobiernos deben establecer marcos para proteger la privacidad y la seguridad. Si no se cumplen las expectativas de los clientes en estos ámbitos, la confianza podría seguir erosionándose, lo que afectaría al ritmo al que las personas prueban, compran y recomiendan nuevos productos y servicios digitales. A su vez, si se ralentizan las tasas de adopción por parte de los usuarios, caerá la demanda de los productos del sector tecnológico, lo que podría perjudicar la salud general de un sector cada vez más importante e incluso disuadir a los inversores de respaldar nuevas iniciativas.





