Una de las ironías de la lucha contra el cambio climático es que los países desarrollados —que se han beneficiado de décadas o siglos de industrialización— ahora piden a los países en desarrollo que abandonen tecnologías muy contaminantes.
Pero, mientras los países en desarrollo se esfuerzan por hacer crecer sus economías, existen oportunidades reales para dar un salto adelante y evitar las importantes inversiones en tecnología basada en combustibles fósiles que suelen asociarse al desarrollo económico.
Esta semana, investigadores, profesionales y responsables de políticas de todo el mundo se reúnen en la ciudad de Nueva York para la Conferencia Internacional sobre Desarrollo Sostenible como parte de la Semana del Clima. En ClimateWorks pondremos el foco en cómo los países en desarrollo pueden usar alternativas de bajas o cero emisiones a la infraestructura y la tecnología tradicionales.
Los países en desarrollo también son parte del cambio climático
Según un análisis reciente, seis de los 10 mayores emisores de gases de efecto invernadero son ahora países en desarrollo (entre ellos, China). En conjunto, los países en desarrollo ya representan alrededor del 60 % de las emisiones anuales mundiales.
Si queremos alcanzar los objetivos climáticos mundiales del Acuerdo de París, estos países necesitan una vía alternativa hacia la prosperidad. Debemos desvincular el crecimiento económico de las emisiones de carbono. De este modo, estas naciones podrían evitar muchos de los costes ambientales, sociales y económicos que caracterizan la dependencia de los combustibles fósiles.
Este objetivo no es tan inverosímil como podría parecer. ClimateWorks ha estado trabajando como parte del Proyecto de Vías para la Descarbonización Profunda, una colaboración mundial de investigadores que busca formas prácticas para que los países reduzcan radicalmente sus emisiones de carbono y, al mismo tiempo, mantengan el crecimiento económico.
Por ejemplo, en colaboración con la Universidad Nacional de Australia, hemos modelizado una vía de descarbonización profunda que muestra cómo Australia podría alcanzar cero emisiones netas para 2050, mientras la economía crece un 150 %.
Asimismo, los datos recopilados por el Instituto de Recursos Mundiales muestran que 21 países han reducido sus emisiones anuales de gases de efecto invernadero y, al mismo tiempo, han hecho crecer sus economías desde 2000. Entre ellos hay varios países de Europa oriental que han experimentado un rápido crecimiento económico en las últimas dos décadas.
El Índice de Bajo Carbono de PricewaterhouseCoopers también constató que varios países del G20 han reducido la intensidad de carbono de sus economías y mantenido el crecimiento del PIB real. Entre ellos hay países clasificados como «en desarrollo», como China, India, Sudáfrica y México.
Crecimiento económico «limpio» para el desarrollo sostenible
Para que la humanidad viva de forma sostenible, el crecimiento económico futuro debe minimizar el impacto ambiental y maximizar el desarrollo y la inclusión social. Por eso, en 2015, la ONU adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible: un conjunto de metas comunes concebidas para equilibrar la prosperidad humana con la protección del planeta de aquí a 2030.
Estos objetivos incluyen una directriz específica para «adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos». Del mismo modo, el texto del Acuerdo de París sobre el clima reconoce las necesidades de los países en desarrollo a la hora de equilibrar el crecimiento económico y la lucha contra el cambio climático.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible están interconectados, y establecer esos vínculos puede ofrecer una justificación convincente para una acción climática decidida. Por ejemplo, centrarse en alcanzar el Objetivo 7 (Energía asequible y no contaminante) y tener en cuenta también el Objetivo 13 (Acción por el clima) dará prioridad a las tecnologías energéticas de bajas o cero emisiones. Esto, a su vez, aporta beneficios para la salud y salva vidas (Objetivo 3) gracias a la mejora de la calidad del aire, que también impulsa la productividad económica (Objetivo 8).
Por lo tanto, los esfuerzos para limitar el aumento de la temperatura mundial a menos de 2 ℃ deben considerarse en el contexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos objetivos mundiales están intrínsecamente vinculados a la solución del cambio climático.
Sin embargo, existen importantes obstáculos que impiden a los países en desarrollo adoptar planes de bajas emisiones y emprender una acción climática ambiciosa. La descarbonización suele ser una prioridad menor para los países menos desarrollados que cuestiones clave como el crecimiento económico y la reducción de la pobreza. Muchos países afrontan carencias de conocimientos técnicos y financieros, falta de recursos y datos energéticos inconsistentes. Más fundamentalmente, la mala gobernanza y unos procesos de toma de decisiones muy complejos o fragmentados también frenan el progreso.
Ayudar a los países en desarrollo a superar estos problemas beneficia al mundo entero. Crear estrategias a largo plazo para reducir las emisiones al mínimo, adaptadas a las circunstancias particulares de cada país, es crucial para mantener el crecimiento y reducir las emisiones. Abordar estos problemas es la clave para desbloquear los flujos financieros necesarios para avanzar hacia un futuro justo, equitativo y ambientalmente responsable.





