Los países vulnerables al clima necesitan un mejor apoyo a la recuperación para evitar deudas: estas son algunas medidas que pueden ayudar

Climate-vulnerable communities are at increasing risk of being hit by further crises while still not fully recovered from earlier ones.
Climate-vulnerable communities are at increasing risk of being hit by further crises while still not fully recovered from earlier ones.Image: REUTERS/Esa Alexander
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  • Los países vulnerables al clima se enfrentan cada vez más al riesgo de sufrir nuevas crisis mientras aún no se han recuperado de las anteriores.

  • La mayor parte de la financiación para la recuperación llega en forma de préstamos que imponen una carga de deuda a los países en desarrollo y aumentan su exposición financiera a futuros choques climáticos.

  • Los países desarrollados y las instituciones financieras internacionales deben garantizar que se proporcione financiación adecuada para la recuperación y que se eviten las crisis de deuda.

A medida que aumentan la frecuencia y la intensidad de las tormentas, las crecidas repentinas y otros peligros inducidos por el clima, muchos países vulnerables al clima se encuentran en mayor riesgo de sufrir crisis mientras aún no se han recuperado por completo de las anteriores.

En marzo de este año, el ciclón Freddy causó casi 200 muertes y desplazó a más de 180.000 personas en Mozambique, un país que aún se recupera de los efectos de los ciclones Kenneth e Idai cuatro años antes.

Con motivo del reciente Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, es fundamental recordar que los peligros no siempre tienen por qué derivar en desastres. Durante los últimos 10 años, la Alianza de Resiliencia ante Inundaciones de Zúrich, de la que Mercy Corps es miembro, ha llevado a cabo una serie de análisis de grandes inundaciones y de su impacto en las comunidades.

Hemos podido extraer aprendizajes de estos estudios, incluidos los tipos de intervenciones, políticas y enfoques en los esfuerzos de recuperación que ayudan a las comunidades a afrontar mejor los riesgos climáticos futuros, tal como se detalla en nuestro nuevo informe.

Mucho puede y debe cambiar para garantizar que la recuperación sea resiliente. Un elemento clave es garantizar el acceso a la financiación de forma que no conduzca a un endeudamiento injusto e insostenible.

Los préstamos para la recuperación proporcionan fondos a corto plazo, pero generan deuda a largo plazo

Todos conocemos bien los llamamientos a financiar la respuesta a emergencias y, lamentablemente, también sabemos que incluso estos están terriblemente infrafinanciados. Aun así, esto eclipsa la cantidad de ayuda disponible para la recuperación tras un desastre. Rara vez hay financiación suficiente para reconstruir, y mucho menos para «reconstruir mejor».

En cambio, la mayor parte de la financiación para la recuperación llega en forma de préstamos. Esto no solo supone una pesada carga para los países en desarrollo, que deben devolverlos, sino que además es totalmente injusto. Los países y comunidades más vulnerables no deberían verse obligados a pedir préstamos para protegerse de una crisis de la que no son responsables.

Mientras tanto, los países desarrollados recuperan la mayor parte de lo que aportan, pero siguen contabilizándolo como parte de sus contribuciones a los objetivos colectivos de financiación climática.

Las consecuencias de este enfoque pueden ser graves, especialmente tras desastres múltiples, cuando los fondos públicos que se necesitan urgentemente para la última recuperación se destinan en cambio a devolver préstamos anteriores.

Los miles de millones que Pakistán tomó en préstamo para recuperarse de las grandes inundaciones de 2010 y 2011 habían contribuido, en 2021, al servicio anual de la deuda por un importe de 11.900 millones de dólares, lo que representó el 32 % de los ingresos del Gobierno y limitó considerablemente el margen fiscal del Gobierno para responder a las inundaciones de 2022. De hecho, en 2022 el país contrajo más deuda de la que recibió en concepto de ayuda humanitaria.

Abordar las crisis de deuda existentes y prevenir nuevas

Cada pago de un préstamo que un país en desarrollo realiza tras un desastre supone menos dinero para prepararse ante el siguiente mediante inversiones en adaptación. Además, repercute de forma significativa en los presupuestos destinados a servicios públicos esenciales, como la educación y la sanidad.

Para proteger a las comunidades más golpeadas de los graves efectos del próximo choque climático o del siguiente, los países desarrollados y las instituciones financieras internacionales deben reconocer la creciente carga de deuda derivada de las necesidades de recuperación y hacer todo lo posible por prevenirla.

Son clave las subvenciones nuevas y adicionales, diseñadas para facilitar la resiliencia a largo plazo en las comunidades receptoras. Cuando aún se utilicen préstamos, deben diseñarse de forma flexible para responder a futuros desastres y evitar que los niveles de deuda se disparen fuera de control.

Los periodos de gracia y las cláusulas de suspensión, por ejemplo, pueden garantizar que el servicio de la deuda no detraiga recursos de los esfuerzos de respuesta y recuperación. El fondo de pérdidas y daños, que debería establecerse en la próxima COP28, ofrece una nueva oportunidad para garantizar que haya más financiación en forma de subvenciones y de financiación altamente concesional disponible para los países tras un desastre.

Además, la reforma de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI) tiene un gran potencial para aumentar los niveles de financiación y alcanzar un consenso nuevo y mejorado sobre la concesión responsable de préstamos.

La Iniciativa de Bridgetown puesta en marcha en la COP27 ha estado a la vanguardia del llamamiento al cambio, y en la Cumbre Climática de París, celebrada en junio, se mantuvieron algunos debates constructivos. Aun así, queda un largo camino por recorrer para lograr avances significativos.

Se requieren cambios importantes en la forma en que las IFI proporcionan financiación para la recuperación, a fin de estar a la altura de la magnitud del desafío al que se enfrentan los países vulnerables al clima.

Sin embargo, aunque las reuniones anuales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional de la semana pasada reconocieron los problemas, es necesario adoptar medidas que respondan de forma estructural a la cuestión.

El camino hacia una recuperación resiliente ante desastres relacionados con el clima

La recuperación tras un desastre es una cuestión muy compleja que abarca una amplia gama de dimensiones técnicas, socioeconómicas, institucionales y ambientales.

El dinero por sí solo no es la respuesta; es preciso hacer mucho tanto a nivel nacional como internacional para garantizar que la recuperación esté planificada de antemano y cuente con recursos adecuados, así como que sus actividades sean suficientemente integrales e inclusivas.

Sin embargo, las consecuencias financieras de los desastres relacionados con el clima son claramente demasiado grandes para que los países en desarrollo las asuman solos, y la carga, cada vez mayor, recae sobre quienes menos capacidad tienen para soportarla.

En la COP28 y más allá, es vital que los países desarrollados y las instituciones financieras internacionales garanticen que la financiación adecuada para la recuperación pueda entregarse con rapidez y que se eviten las crisis de deuda.

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