Cómo habla el ministro de Medio Ambiente de Costa Rica con su hija sobre el cambio climático

People swim in the Celeste river waterfall at Tenorio Volcano National Park in Upala March 18, 2008. The blue color of the lagoon, formed from chemical reactions of calcium carbonate and sulfur, is surrounded by amazing rainforest of 12,819 hectares of this park. The Celeste river carries its color for a distance of 36 km (22 miles). REUTERS/Juan Carlos Ulate (COSTA RICA) - GM1E43J0V1A01
Carlos Manuel Rodríguez on the value of nature's carbon-fighting machines - trees.Image: REUTERS/Juan Carlos Ulate
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¿Necesitamos tecnología nueva y avanzada para reducir las emisiones de carbono? Carlos Manuel Rodríguez, ministro de Medio Ambiente y Energía de Costa Rica, afirma que ya tenemos la mejor «máquina» para ese trabajo.

En la Reunión Anual de los Consejos del Futuro Global del Foro Económico Mundial, celebrada en Dubái, Rodríguez describió una conversación con su hija sobre el cambio climático y cómo le explicó que la naturaleza ya nos ha dado una de las herramientas más importantes para afrontar la crisis.

«Un día estaba cenando con mis hijos en casa y mi hija menor me dijo: “Papá, no te preocupes por el cambio climático. Algún día, un científico diseñará una máquina capaz de absorber todo ese carbono que hay en la atmósfera y estaremos a salvo del cambio climático”», contó en una entrevista.

«Y le dije a mi hija: “¿Sabes qué? La naturaleza inventó esa máquina hace muchísimos millones de años. Esa máquina —dijo— se llama árbol”.»

Rodríguez continuó: «Así que, si detenemos la deforestación tropical, o la deforestación a escala mundial, utilizaremos eficazmente esa máquina. Esa fue probablemente la señal de la naturaleza hace 300 millones de años».

En todo el mundo, perdemos 18,7 millones de acres de bosque cada año — el equivalente a 27 campos de fútbol por minuto. La deforestación no solo provoca la pérdida de hábitats naturales y biodiversidad, sino que también contribuye a las emisiones, ya que hay menos árboles que absorban el carbono. Según Global Forest Watch, si la «deforestación tropical» fuera un país, ocuparía el tercer puesto en emisiones equivalentes de carbono, por detrás de China y Estados Unidos.

Image: Seymour y Busch, 2016 / Global Forest Watch / World Resources Institute

Pero Costa Rica demuestra que es posible revertir parte del daño.

En la década de 1940, el 75 % de Costa Rica estaba cubierto de bosques, principalmente de selva tropical. Para 1983, tras décadas de deforestación, la cifra había descendido al 26 %.

Con importantes cambios en las políticascomo restringir los permisos de tala, pagar a los propietarios que conservan sus tierras y atraer inversiones extranjeras en ecoturismo, Costa Rica ha revertido la tendencia. Rodríguez explicó que el país ha duplicado su cobertura forestal, que ahora ocupa más de la mitad del territorio y sigue creciendo mientras el Gobierno crea más parques nacionales para preservar los ecosistemas naturales, desde las tierras altas y los bosques nubosos hasta los manglares y las selvas tropicales.

«Costa Rica ha tenido mucho éxito al comprender cómo valoramos la naturaleza y cómo la usamos como motor del crecimiento económico, en particular mediante el ecoturismo», afirmó.

Y al vincular la necesidad de preservar la biodiversidad con la economía, Costa Rica ha logrado involucrar a sus ciudadanos: «Si la naturaleza se convierte en motor del crecimiento y de la economía, del desarrollo económico, la gente no querrá destruirla. Así, en el transcurso de una generación —a lo largo de una generación— pasamos de destruir los bosques para producir alimentos, sobre todo para la ganadería, a proteger y restaurar la naturaleza y utilizarla para atraer turistas a las granjas y los parques. Y eso ha tenido un éxito enorme».

Costa Rica no se detiene ahí. El país se ha comprometido a alcanzar la descarbonización total para 2050 y presentará un plan nacional de acción climática ante ONU Cambio Climático antes de 2020. El plan incluirá medidas para el transporte, la infraestructura, la energía, la agricultura, la gestión de residuos y la gestión forestal, entre ellas aumentar la cobertura forestal al 60 % para 2030.

Rodríguez cree que pueden lograrlo.

«Soy un optimista racional porque sé que contamos con los recursos. No es que falten recursos financieros. También tenemos la tecnología. Sabemos lo que tenemos que hacer».

Y lo que tenemos que hacer, como le dijo a su hija, es proteger y expandir las máquinas más valiosas de la naturaleza para combatir el carbono: los árboles.

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