La presidencia egipcia de la COP27 pretende que la COP27 acelere radicalmente la aplicación de los compromisos climáticos de los países, a medida que aumenta la presión sobre los países desarrollados para que aporten más financiación climática tras no alcanzar el objetivo de 100 000 millones de dólares fijado para 2020.
Los esfuerzos por adaptarse al cambio climático han recibido poca atención en comparación con los esfuerzos por evitar el cambio climático mediante la reducción de las emisiones.
El Dr. Mahmoud Mohieldin, Jennifer Morris y Marisa Drew comparten sus reflexiones sobre lo que debe avanzar en materia de financiación climática y adaptación, especialmente en lo que respecta al papel del sector privado.
Como primer país en desarrollo en acoger la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima (COP) desde Marruecos en 2016 (COP22), Egipto está situando las necesidades de los países en desarrollo en lo más alto de la agenda de la COP27, con un enfoque en la financiación climática, la adaptación climática y las pérdidas y daños. Hasta la fecha, la respuesta mundial al cambio climático se ha centrado en la mitigación climática, una cuestión defendida por el mundo desarrollado, que exige a todos los países, no solo a los emisores históricos, que realicen esfuerzos drásticos para reducir las emisiones.
Asimismo, con más de un tercio (702) de las mayores empresas del mundo con compromisos de cero emisiones netas, y 550 instituciones financieras que se han comprometido a alinear sus carteras con un mundo de cero emisiones netas, el sector privado se está movilizando en torno a los objetivos mundiales de mitigación.
Sin embargo, como Marisa Drew, directora de Sostenibilidad de Standard Chartered Bank, destacó en una reciente entrevista para el Foro Económico Mundial, existe una necesidad creciente de centrarse en la financiación de los esfuerzos de adaptación climática. Ella señala: «El mundo se ha unido en gran medida en torno al concepto de mitigación, que consiste en reducir las emisiones de carbono. Pero debemos afrontar la realidad de que el cambio climático está aquí para quedarse y, aunque haya toda la buena voluntad del mundo, tendremos que lidiar con ello. Por tanto, necesitamos que la financiación fluya hacia la realidad que ya está aquí».
La adaptación climática se refiere a los ajustes de un sistema ecológico, social o económico en respuesta a los impactos reales o previstos del cambio climático. En la práctica, la adaptación climática significa que los países, las empresas y las comunidades inviertan en medidas para responder a los impactos del cambio climático ahora, así como para prepararse para los impactos futuros. «Debemos abandonar ese enfoque reduccionista engañoso que se ha centrado únicamente en un ámbito de la acción climática, el de la mitigación y la descarbonización. No podemos ignorar la carrera hacia la resiliencia en nuestra carrera hacia el cero», afirma el Dr. Mahmoud Mohieldin, Campeón de Alto Nivel para el Cambio Climático de la ONU en Egipto.
En la COP26, los países desarrollados acordaron duplicar, como mínimo, la financiación para la adaptación con respecto a los niveles de 2019 para 2025. Esto equivale aproximadamente a 40 000 millones de dólares. En la COP27, los países desarrollados también deben especificar cómo garantizarán que esta financiación llegue a quienes la necesitan. Esto implica comprometer más financiación para la adaptación liderada a nivel local, garantizando que las personas y organizaciones locales, a menudo desproporcionadamente vulnerables a los impactos climáticos, tengan voz en las decisiones de inversión y puedan acceder a los recursos necesarios para desarrollar resiliencia.
El Comité Permanente de Finanzas de la ONU, un comité clave que se ocupa de la financiación climática, publicó cuatro nuevos informes que servirán de base para las negociaciones de la COP27. Los informes muestran que, aunque ha aumentado el flujo total de financiación climática mundial, no se han cumplido los objetivos clave para movilizar financiación climática para los países en desarrollo. Además, el informe identifica soluciones innovadoras para invertir en proyectos específicos, como incluir carteras de inversión específicas en los planes nacionales de acción climática (Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional) y ampliar el acceso a la financiación climática y a instrumentos innovadores, como las garantías soberanas. Esto sienta las bases para las negociaciones de la COP27 entre los gobiernos.
Transición hacia modelos innovadores de financiación climática
Los países en desarrollo también quieren más financiación pública y subvenciones en lugar de préstamos, ya que muchos de los países más afectados se enfrentan a crisis de deuda. Jennifer Morris, directora ejecutiva de The Nature Conservancy, señala: «Muchos países no pueden adaptarse debido al aumento de la carga de la deuda. Entre 2010 y 2020, la deuda pública de los países en desarrollo pasó del 40 % de su PIB a una media del 62 %. Más de un tercio de ese aumento se produjo solo en 2020. También debemos considerar la crisis climática en el marco de la crisis de la deuda. La mayor parte de la financiación climática – el 61 % (384 000 millones de dólares) – se obtuvo en forma de deuda, de la cual solo el 12 % (47 000 millones de dólares) fue de bajo coste o en condiciones concesionales.
«Sabemos que todos los gobiernos se enfrentan a una fuerte presión. Necesitamos que se comprometan esos 100 000 millones de dólares durante la COP27, pero también tenemos el potencial de aportar soluciones realmente innovadoras en materia de financiación climática».
Existe un nexo desastroso entre la deuda y la vulnerabilidad climática. El coste de los daños inducidos por el clima y de las fuentes de ingresos perdidas a causa de fenómenos meteorológicos extremos contribuye a aumentar la deuda. Los países tropicales, en particular los pequeños Estados insulares en desarrollo, están en la primera línea de este desastroso nexo. Por tanto, es poco probable que financiar la adaptación climática y la resiliencia en los países más vulnerables al clima del mundo mediante un mayor endeudamiento sea una opción sostenible. Actualmente, la financiación para la adaptación se proporciona principalmente a través de subvenciones, mientras que la financiación pública para la mitigación adopta predominantemente la forma de préstamos.
Necesitamos modelos innovadores para financiar la adaptación en los países vulnerables. Un ejemplo pionero en este sentido es el proyecto de Adaptación basada en ecosistemas de Seychelles. Seychelles fue el primer país que adoptó «bonos azules». Se trata de un enfoque novedoso que ha permitido a un número creciente de países en desarrollo reducir su deuda invirtiendo en conservación. El proyecto está reduciendo las vulnerabilidades relacionadas con el clima al impulsar la adaptación basada en ecosistemas y al poner el 30 por ciento de sus aguas bajo protección y ofrecer santuarios a las especies vulnerables. Su objetivo es restaurar la funcionalidad de los ecosistemas, mejorar la resiliencia de los ecosistemas y mantener los procesos de cuencas hidrográficas y costeros para garantizar servicios ecosistémicos críticos de suministro de agua y de atenuación de inundaciones procedentes de cuencas y zonas costeras.
Barbados convenció recientemente al Fondo Monetario Internacional para que concediera un préstamo más barato que le ayude a desarrollar su resiliencia climática. Esto hace posible devolver hasta siete veces su valor en costes evitados cuando se producen fenómenos meteorológicos extremos. Costa Rica, Bangladés y otros países vulnerables al clima se beneficiarán del nuevo fondo de resiliencia del FMI de 45 000 millones de dólares.
También se abre el camino para que otros actores no gubernamentales (empresas, inversores y ciudades) desempeñen un papel cada vez más importante en la financiación climática y la adaptación climática.
¿Qué hace el Foro Económico Mundial para ayudar a las empresas a reducir las emisiones de carbono?
Papel de las asociaciones multilaterales en la adaptación climática
La adaptación al cambio climático requiere una respuesta mundial coordinada. Esto incluye aprovechar formas innovadoras de financiación combinada, forjar nuevas asociaciones multilaterales e impulsar soluciones innovadoras para adaptarse a los impactos climáticos. Los gobiernos, las empresas, los inversores y los innovadores pueden asociarse con las comunidades en primera línea de los impactos climáticos para garantizar que no solo sobrevivan, sino que prosperen en un mundo afectado por el clima.
Un buen ejemplo de ello es el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés), que ha invertido 3900 millones de dólares en 45 proyectos climáticos del sector privado, atrayendo coinversión por valor de 17 500 millones de dólares en activos privados totales gestionados. El GCF pudo utilizar fondos públicos para movilizar más de cuatro veces el importe del capital total.

«En materia de adaptación climática, necesitamos prestar una atención más seria a las asociaciones público-privadas, que pueden potenciar la contribución del sector privado. A escala mundial, el sector privado no aporta más del 2 %», afirma Mohieldin. «Cuando analizamos las contribuciones del sector privado, proceden principalmente de inversores institucionales y filantropías, por lo que queda mucho trabajo por impulsar en materia de adaptación».
Para apoyar esta participación del sector privado, los gobiernos pueden aportar claridad estableciendo Planes Nacionales de Adaptación (PNA). Estos planes permiten a los países identificar las necesidades de adaptación a medio y largo plazo y desarrollar y aplicar programas para atenderlas. A principios de 2022, 31 países en desarrollo habían publicado PNA. Sin embargo, la participación del sector privado en las respuestas mundiales y nacionales al cambio climático sigue rezagada.
El Banco Interamericano de Desarrollo ha publicado un conjunto de herramientas para los responsables de la toma de decisiones que quieran desarrollar asociaciones público-privadas para la resiliencia climática. Recoge varios instrumentos utilizados para abordar las cuestiones del cambio climático en el contexto de la producción de infraestructuras, que podrían integrarse en la estructura de un proceso multilateral desde la identificación de proyectos hasta la gestión de contratos, e identifica opciones para una implementación de bajo coste y sin fricciones en un modelo de asociación público-privada resiliente.
Creación de incentivos para la adaptación empresarial
El mercado de la adaptación podría valer 2 billones de dólares anuales para 2026, y el mundo en desarrollo está en posición de beneficiarse en gran medida de ello. Actualmente, solo el 1,6 % de toda la financiación para la adaptación procede de inversiones privadas , lo que convierte la adaptación climática en una oportunidad sin explotar. Existe un claro argumento empresarial a favor de la adaptación climática: un informe de 2019 de la Comisión Mundial de Adaptación demostró que invertir 1,8 billones de dólares a escala mundial en medidas de adaptación climática, como sistemas de alerta temprana, infraestructuras resilientes al clima y soluciones basadas en la naturaleza, entre 2020 y 2030, podría generar 7,1 billones de dólares en beneficios netos. «Si lo consideramos en el contexto de una tasa de rentabilidad de mercado generada, cada dólar estadounidense invertido en adaptación climática genera de cinco a siete veces esa inversión en riesgos o en degradación del PIB evitada. Existe un caso económico real para estas inversiones», añade Drew.
Por lo tanto, las empresas deben liderar el impulso a la adaptación climática mediante el refuerzo de la resiliencia en las cadenas de suministro y el aprovechamiento de productos, servicios y modelos de negocio que ayuden a las empresas, las comunidades y los ecosistemas a adaptarse y a desarrollar resiliencia frente a los riesgos climáticos. Además, proteger a las comunidades y los ecosistemas es fundamental para mantener la licencia social para operar y para la supervivencia a largo plazo de las propias empresas.
«Algunas de las áreas clave de inversión en las que podemos pensar son los sistemas de alerta temprana, las infraestructuras resilientes y la agricultura resiliente», afirma Marisa Drew. Por ejemplo, E Green Global es una empresa de tecnología agrícola con sede en Seúl (Corea del Sur) que produce, a escala comercial, las primeras plántulas de patata del mundo resistentes a enfermedades (microtubérculos). Estas ofrecen un mayor rendimiento y un coste más bajo que los métodos convencionales. La empresa promueve la adaptación climática mejorando la resiliencia de los cultivos frente a las condiciones climáticas cambiantes. Hasta la fecha, ha asegurado contratos por valor de 92 millones de dólares.
En Madagascar, uno de los países más vulnerables al clima del mundo, empresas como Danone, Mars, Firmenich y Veolia están aportando €2 millones para ayudar a los agricultores locales (que representan más de 6000 hectáreas de producción de vainilla) a utilizar prácticas agrícolas más sostenibles. Estos socios contribuyen a aumentar la capacidad de adaptación de los pequeños agricultores, al tiempo que gestionan los riesgos climáticos en sus cadenas de suministro.
Sin embargo, todavía existen grandes barreras para ampliar estas buenas prácticas. Una de estas barreras para movilizar a inversores, aseguradoras y empresas con el fin de escalar medidas de adaptación es la falta de incentivos financieros y de modelos de negocio para que el sector privado invierta en adaptación. Los flujos de ingresos iniciales derivados de los esfuerzos de adaptación suelen ser difíciles de generar, ya que las intervenciones de adaptación están diseñadas principalmente para reducir el riesgo de daños futuros a bienes públicos. Los modelos de financiación combinada, en los que se utilizan fondos públicos para reducir el riesgo de las inversiones privadas, pueden ser una herramienta eficaz para abordar estas barreras.
Otro obstáculo para aumentar la participación del sector privado en la adaptación climática es la falta de datos sólidos. Los gobiernos pueden atraer al sector privado para ejecutar medidas de adaptación proporcionando datos sólidos sobre los impactos climáticos. Por ejemplo, la Iniciativa Mundial de Alerta Temprana de la ONU para la Implementación de la Adaptación Climática tiene como objetivo garantizar que todas las personas del planeta estén protegidas por sistemas de alerta temprana frente a catástrofes climáticas, como inundaciones, sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos.
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Para saber más sobre cómo pueden prepararse las empresas para la adaptación climática, consulte el documento informativo del Foro Económico Mundial Acciones empresariales críticas para la adaptación al cambio climático





