La Antártida se ha beneficiado de una cooperación mundial extraordinaria. ¿Tiene los días contados?

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Without hitting ambitious targets at COP26, Antarctica will significantly disrupt global systems.Image: Steven Chown
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  • Las actividades humanas a escala mundial están erosionando de manera significativa el aislamiento de la región antártica, derritiendo las capas de hielo del continente e influyendo en el clima.

  • Las decisiones regulatorias sobre el Sistema del Tratado Antártico son cada vez más difíciles.

  • Si no se alcanzan objetivos ambiciosos en la COP26, la Antártida alterará considerablemente los sistemas globales.

La Antártida puede parecer increíblemente remota de nuestra vida cotidiana. Salvo por la aparición ocasional de algún adorable pingüino en la cultura popular, tendemos a no pensar mucho en ella.

En cierto modo, eso puede ser bueno, y se debe en gran medida a la eficaz gobernanza que ha existido a lo largo de los años.

Sin embargo, como revelan las reuniones recientes, el pilar fundamental de esa gobernanza —incluidos aspectos importantes de la gestión ambiental de la región— está sometido a presión.

El Sistema del Tratado Antártico, cuyo eje es el propio Tratado Antártico, lleva 60 años en vigor y ha permitido una gobernanza eficaz de este espacio internacional. El continente y el océano Austral que lo rodea han disfrutado de una paz duradera, sin presencia militar formal, y siguen siendo la única región de la Tierra dedicada a la paz y la ciencia.

Pero, si no se traza cuidadosamente el camino a seguir, las consecuencias para nuestra vida cotidiana serán profundas.

Aislamiento comprometido

Las actividades humanas a escala mundial están erosionando el aislamiento de la región antártica de dos maneras principales.

Los efectos acumulativos de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero están derritiendo las capas de hielo del continente y alterando su influencia en nuestro clima. El aumento del nivel del mar podría llegar a 2 metros para finales de este siglo, en gran medida debido a los cambios en la capa de hielo antártica; las capas de hielo antárticas llegan hasta nosotros en forma de inundaciones costeras. De manera similar, los fenómenos meteorológicos en los continentes del sur, como las olas de calor y las sequías en el sudeste de Australia, se ven directamente influidos por los cambios que se producen en la Antártida.

Concentración del hielo marino antártico en septiembre de 2020 y febrero de 2021, con la extensión mediana de cada mes (1981-2010) marcada en amarillo.Image: The Earth Observatory

La actividad científica, el turismo y el interés pesquero en torno al continente también han aumentado considerablemente. Ahora más personas que nunca visitan el continente y los océanos que lo rodean y realizan una gama más amplia de actividades científicas, extractivas y recreativas. Hace apenas 60 años, viajar al continente requería meses, si no años, de preparación y meses de trayecto. Ahora se puede ir y volver en una excursión de un día.

Poco del continente permanece intacto y gran parte no está tan protegida de la intervención humana como debería. Como era de esperar, tanto la fauna como los seres humanos prefieren las pequeñas zonas del continente libres de hielo. Se han acordado pocas áreas marinas protegidas y, aun así, la pesca sigue siendo de gran interés.

Consenso alterado

La interacción entre los climas cambiantes y el aumento de las actividades humanas dificulta las decisiones regulatorias sobre la región. Ahora se constata que las decisiones cuya eficacia se esperaba que durara muchos años requieren mucho más dinamismo. Lo que funciona hoy puede dejar de ser útil mañana.

Cada vez más, estas decisiones deben sortear las complejidades de unos requisitos de conservación que cambian rápidamente, las actividades científicas legítimas y los intereses impulsados por la geopolítica, que poco tienen que ver con unos u otras, aunque puedan expresarse en términos de ambos.

Las decisiones de conservación deben ser dinámicas porque los sistemas y la fauna cambian en respuesta a entornos cambiantes. Las especies se desplazan en respuesta a esos cambios y las medidas de protección deben desplazarse con ellas. La investigación científica es necesaria para reducir la incertidumbre sobre los cambios en las capas de hielo y el clima, de modo que la sociedad esté mejor preparada para lo que se avecina. La trayectoria energética mundial indica que, si no se alcanzan objetivos ambiciosos en la COP26, la Antártida alterará considerablemente los sistemas globales.

Sin embargo, quienes participan en la toma de decisiones del Sistema del Tratado Antártico se enfrentan a crecientes dificultades para llegar a acuerdos. Estos son necesarios para transmitir la importancia de los sistemas antárticos al marco más amplio de las políticas mundiales, determinar las respuestas necesarias para abordar el cambio climático y comunicar su importancia, así como para asegurar el futuro de los ecosistemas antárticos y del océano Austral.

El informe más reciente de la Reunión Consultiva del Tratado Antártico lo refleja claramente. Por un lado, «las Partes destacaron la utilidad de una cooperación estrecha, la toma de decisiones basada en el consenso, la adopción oportuna de medidas y la aplicación de las obligaciones para hacer frente a estos desafíos». Sin embargo, en la misma reunión, en respuesta a las deliberaciones del Comité para la Protección del Medio Ambiente de las Partes, «expresaron su decepción por las acciones emprendidas por una Parte durante esta reunión del CPA, que cuestionaron tanto el espíritu como la práctica de la toma de decisiones por consenso».

Dificultades similares, que abarcan una amplia variedad de ámbitos, como el cumplimiento, el cambio climático y las áreas marinas protegidas, han ido aumentando rápidamente en las reuniones de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, responsable de la conservación de los sistemas marinos del océano Austral.

En parte, las dificultades se han visto agravadas por la insistencia en contar con pruebas científicas completas, lo que socava la comprensión de que el conocimiento fiable se genera aceptando las mejores pruebas disponibles y de que, ante la incertidumbre, la precaución es eficaz.

Soluciones por delante

El aumento de la variabilidad en cualquier sistema es un indicador útil de un cambio inminente. Esa variación creciente también se observa en el Sistema del Tratado Antártico tras 60 años de relativa estabilidad y consenso.

Sin embargo, aún no se ha determinado qué forma adoptará ese cambio inminente.

Una propuesta se expresa mediante una retórica cada vez más categórica: que el conflicto ya está en marcha, que necesariamente se intensificará y que debe acogerse, formulando políticas adecuadas para responder. En este sombrío futuro, se cumplen los peores pronósticos para los ecosistemas y las capas de hielo de la región, lo que aumenta la inseguridad internacional y compromete los logros en materia de sostenibilidad.

Sin embargo, también es posible un futuro alternativo, más deliberativo, que reconozca la necesidad de destreza política, innovación y valoración de la diversidad de enfoques y de los límites del conocimiento. Ese futuro se acerca más a las aspiraciones de la COP26 y a las de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En este segundo escenario, la perturbación no borrará los logros del Tratado Antártico. Pero, para que tenga éxito, el Sistema del Tratado Antártico también debe abandonar su aislamiento respecto de la toma de decisiones internacional. La Antártida nunca ha estado separada del resto del Sistema Tierra, y las decisiones sobre ella tampoco deberían estarlo.

Para conocer más análisis y perspectivas del Foro Económico Mundial, explore el mapa de transformación sobre la Antártidaelaborado por la Universidad de Monash.

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