La crisis climática supone una amenaza cada vez mayor y actualmente no vamos por buen camino para limitar el calentamiento global a 1,5 grados Celsius.
Las naciones vulnerables son las menos responsables de la crisis climática, pero a menudo son las más afectadas por sus efectos.
Con la proximidad de la COP26, este artículo describe 5 ámbitos en los que los países vulnerables al clima necesitan más apoyo.
El consorcio ACT2025 también movilizará a un amplio abanico de partes interesadas para diseñar opciones, probar ideas e identificar formas de lograr el mejor resultado en la COP26 y más allá.
El mundo se encuentra en una encrucijada crítica en la lucha por resolver la crisis climática.
La reciente Cumbre de Líderes sobre el Clima del presidente Biden ha devuelto algo de impulso a la acción climática mundial, pero aún no vamos por buen camino para limitar el calentamiento global a 1,5 grados C (2,7 grados F), el umbral que, según coinciden los científicos, evitará los impactos climáticos más peligrosos. El incumplimiento de este objetivo tendrá un coste desproporcionado para los países en desarrollo.
En efecto, en los últimos años, las naciones vulnerables, entre ellas los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países menos adelantados, han visto cómo otros países no han atendido sus demandas y necesidades clave. Estas naciones vulnerables son las menos responsables de crear el problema del cambio climático, pero a menudo son las más afectadas por sus efectos, como la subida del nivel del mar, las inundaciones, las sequías y otros. Es hora de que se escuche a los países vulnerables antes de las negociaciones climáticas de la COP26 en Glasgow en noviembre de 2021. Garantizar que estos países cuenten con capacidad, estén movilizados y reciban el apoyo adecuado es una cuestión de justicia climática y económica.
La nueva Allied for Climate Transformation by 2025 (ACT2025), consorcio que explorará formas de reconstruir la confianza y fomentar la cooperación para avanzar hacia un resultado ambicioso y justo en la COP26 y más allá. El consorcio incluye organizaciones locales y mundiales con sede en África, Asia, el Caribe y América Latina. Incorporar perspectivas diversas, como las representadas en el consorcio, será fundamental para salvar diferencias y alcanzar un consenso en la cumbre de la COP26.
Estos son cinco resultados que, según los miembros del consorcio, los países vulnerables al clima necesitan de la COP26:
1. Objetivos ambiciosos de reducción de emisiones en línea con un aumento de la temperatura de 1,5 grados C
En abril de 2021, Estados Unidos se convirtió en el último gran emisor en presentar un plan climático nacional más ambicioso (denominado contribuciones determinadas a nivel nacional, o NDCs) ante la ONU. Si bien otros países, entre ellos Japón y Canadá, también anunciaron objetivos más ambiciosos, los esfuerzos actuales distan mucho de ser suficientes para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados C.
Para abordar esta brecha, la decisión de la COP26 no solo debe tener en cuenta los esfuerzos realizados hasta ahora, sino también señalar el esfuerzo adicional necesario para reforzar la aplicación de las NDCs vigentes y aumentar la ambición de aquí a 2025 (cuando los países deberán presentar a continuación NDCs reforzadas). Esta decisión de la COP debe destacar el papel esencial del primer balance mundial. El balance evaluará los esfuerzos actuales de los países hacia los objetivos a largo plazo del Acuerdo de París en materia de mitigación, adaptación y financiación, y se basará en el Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que ofrecerá un examen exhaustivo del estado de la acción climática.
Como dijo Mohammad Adow, fundador y director de Power Shift Africa: «Lo que necesitamos es acción real y concreta, a corto plazo, y no solo objetivos a largo plazo.»
2. Financiación ampliada y accesible para los países vulnerables
Los países desarrollados no cumplieron con gran parte de la financiación climática en la Cumbre de Líderes sobre el Clima. Ahora deben trabajar aún con más empeño y rapidez para alcanzar el objetivo de 100 000 millones de dólares anuales que se comprometieron a aportar a los países en desarrollo para 2020, pero que aún no han cumplido. Según Saleemul Huq, director del Centro Internacional para el Cambio Climático y el Desarrollo en Bangladés: «No es que 100 000 millones de dólares vayan a resolverlo todo, pero 100 000 millones prometidos y no entregados generarán desconfianza.»
Los países desarrollados pueden restablecer esta confianza aumentando el número de compromisos y reponiendo los fondos de los mecanismos financieros de la CMNUCC, como el Fondo Verde para el Clima, el Fondo de Adaptación y el Fondo para los Países Menos Adelantados. Pero los 100 000 millones de dólares son solo la base de lo necesario. En París, las Partes acordaron fijar una nueva meta de financiación posterior a 2025 que se espera que supere los 100 000 millones de dólares al año. «La COP26 también debería acordar el establecimiento de una hoja de ruta clara, con hitos y un calendario para la negociación del nuevo objetivo de financiación y su adopción antes de 2025», afirmó María Laura Rojas Vallejo, cofundadora y directora ejecutiva de Transforma.
Con los años, la deuda de las naciones vulnerables ha aumentado hasta niveles insostenibles, a menudo debido al endeudamiento para hacer frente a desastres naturales más frecuentes e intensos provocados por el cambio climático. Por ello, al margen de las negociaciones, los países desarrollados deben mostrar solidaridad proporcionando alivio de la deuda. Con solo el 2% de la financiación climática llegando a los pequeños Estados insulares y el 14% a los países menos adelantados, también siguen siendo objetivos importantes mejorar la accesibilidad de la financiación climática y el fomento de capacidades para los países en desarrollo vulnerables.
3. Más apoyo a los esfuerzos de adaptación
La mitigación del cambio climático suele recibir la mayor atención en las negociaciones climáticas, así como la mayor inversión. Pero apoyar adecuadamente la adaptación es igualmente esencial, en particular en los países en desarrollo vulnerables que sufren efectos cada vez mayores del cambio climático.
Mark Bynoe, subdirector ejecutivo del Centro de Cambio Climático de la Comunidad del Caribe, lo ha constatado de primera mano. «El Caribe ... ha sufrido fenómenos meteorológicos graves y extremos como el huracán María, que destruyó el 100% de las viviendas de Dominica y Barbuda en 2017; una inundación de periodo de retorno de 100 años que arrasó el 62% del PIB de Guyana en 2005, y el huracán Iván, que destruyó el 100% del PIB de Granada en 2004.»
No solo acelerar los esfuerzos de adaptación reducirá los efectos negativos, sino que también puede dar a las economías un impulso muy necesario. «La adaptación eficaz es necesaria para reducir las vulnerabilidades climáticas en sectores fundamentales para el desarrollo económico en África, como la agricultura, la salud, los sistemas urbanos y ecológicos», afirmó Chukwumerije Okereke, director del Centro de Cambio Climático y Desarrollo de la Universidad Federal Alex-Ekwueme Ndufu-Alike (AEFUNAI), Nigeria. «Y todos ellos tienen muchas sinergias con el desarrollo sostenible.»
También es fundamental asegurar que los esfuerzos de adaptación alcancen los resultados necesarios para reducir la vulnerabilidad y generar resiliencia. En el marco del Acuerdo de París, los países crearon un objetivo mundial de adaptación para reforzar la resiliencia climática, pero aún no han acordado cómo aplicarlo ni evaluarlo. En la COP26, los países deben empezar a desarrollar metodologías e indicadores para medir los avances. En particular, las Partes podrían encargar al IPCC que estudie cómo evaluar colectivamente los esfuerzos de adaptación específicos de cada país en relación con el objetivo mundial. Además, para permitir que la financiación para la adaptación alcance la paridad con la mitigación, los países deben aumentar la financiación para la adaptación, que actualmente representa 21% del total de la financiación climática. Los países desarrollados también deben comprometerse a aumentar la financiación basada en subvenciones y flexible.
4. Mayor acción y apoyo para las pérdidas y daños
Las pérdidas y daños derivados de impactos climáticos a los que no es posible adaptarse suponen una amenaza existencial para los países vulnerables, que se enfrentan a la subida del nivel del mar, a fenómenos meteorológicos cada vez más graves, a migraciones forzadas y a la pérdida de tierras agrícolas productivas. En el pasado, este asunto se ha vinculado en ocasiones a debates polémicos sobre si los países desarrollados deberían compensar a los países vulnerables al clima por los impactos que sufren. Un avance constructivo en materia de pérdidas y daños es esencial para abordar la realidad a la que se enfrentan los países vulnerables. Es una cuestión que no puede ignorarse.
Huq utilizó como ejemplo el supersiclón Amphan del año pasado. «Más de 3 millones de personas fueron advertidas con éxito y se refugiaron, porque Bangladés cuenta con uno de los mejores — si no el mejor — sistemas de alerta temprana para ciclones… Pero, aun así, el ciclón azotó, causó muchos daños, y hay miles de personas que siguen viviendo en barrios marginales y diques, que no pueden volver a casa porque sus hogares fueron destruidos. Sus vidas no fueron destruidas, pero sus medios de vida sí. Así pues, las pérdidas y daños derivados del cambio climático provocado por el ser humano son ya una realidad. Es algo que hay que abordar… está más allá de los límites de la adaptación.»
Un resultado importante de la COP25 fue el establecimiento de la Red de Santiago sobre Pérdidas y Daños, para impulsar la asistencia técnica que los países necesitan para hacer frente a los daños climáticos inevitables. Los países en desarrollo piden ahora que la red se ponga en funcionamiento de manera efectiva para que pueda ofrecer a los países vulnerables al clima enfoques para responder a las pérdidas y daños derivados de los impactos climáticos, así como estudiar formas de aplicar las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre Desplazamiento creado en el marco del Acuerdo de París. Esos países también piden enfoques más racionalizados para que la financiación esté disponible para las pérdidas y daños.
5. Normas y arquitectura finalizadas para el Acuerdo de París
Aunque el Acuerdo de París se firmó hace cinco años, algunos detalles del Libro de Reglas de París —las directrices de aplicación del Acuerdo— aún no se han ultimado. «Tan importante como el trabajo sobre el terreno… la única forma de ampliarlo y marcar la diferencia es contar con normas muy claras», afirmó el veterano negociador climático Tony La Viña, director del Energy Collaboratory del Observatorio de Manila en Filipinas.
En la COP26, los países pueden seguir reforzando el Acuerdo de París alcanzando un consenso sobre los mecanismos de mercados de carbono previstos en el artículo 6. Las normas deben garantizar que una parte de los ingresos de los mercados de carbono se destine a financiar la adaptación y que el comercio de carbono vaya más allá de la mera compensación de emisiones y conduzca realmente a una acción más ambiciosa.
También implica asegurar una fecha final común y clara para los objetivos de reducción de emisiones de los países (por ejemplo, que todos los países adopten objetivos para 2035 en 2025, y de forma similar para los compromisos asumidos cada cinco años después). Al hacerlo, los países deben asegurarse de que la duración de sus compromisos no perpetúe una ambición baja durante demasiado tiempo, sino que se ajuste al ritmo y la escala más rápidos previstos en el ciclo de ambición quinquenal del Acuerdo de París. La COP26 también debe poner en marcha el primer balance mundial, el mecanismo del Acuerdo para evaluar el progreso colectivo hacia los objetivos de temperatura mundial, con orientaciones claras y de forma eficiente y eficaz.
Mirando hacia la COP26 y más allá
El camino hacia la COP26 en Glasgow está lleno de oportunidades para aumentar la ambición, avanzar en la financiación climática y resolver las cuestiones pendientes señaladas anteriormente.
Varios diálogos internacionales en los próximos meses ayudarán a preparar el terreno para la COP26 y, por tanto, podrían ser decisivos para avanzar en estas cuestiones. El Diálogo Climático de Petersberg —organizado por Alemania y la Presidencia británica de la COP a principios de mayo de 2021— permitirá a los ministros reflexionar sobre estas cuestiones e indicar formas de resolverlas de cara a Glasgow. En junio de 2021, durante tres semanas, tendrá lugar el periodo intersesional de negociación de la CMNUCC, en el que los negociadores se reunirán de forma informal para reforzar los fundamentos técnicos necesarios para facilitar las decisiones políticas que se tomarán a finales de este año. Al margen del proceso de la CMNUCC, la G7 cumbre y reuniones del G20 brindarán una oportunidad para demostrar un mayor liderazgo y solidaridad antes de la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2021.
Mientras tanto, el consorcio ACT2025 movilizará a un amplio abanico de partes interesadas para diseñar opciones, probar ideas e identificar formas de lograr un resultado justo y ambicioso en la COP26 y más allá. Como dijo Bynoe, «no podemos participar en el simbolismo y en las frases vacías». No habrá acuerdos climáticos significativos en las futuras COP sin el respaldo de los países vulnerables.







