COP26: ¿Cómo podemos alcanzar el objetivo de 2 grados Celsius?

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The window of opportunity for nations to meet the Paris Agreement is closing.Image: UNSPLASH/Chris Gallagher
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  • Según una nueva Nota sobre el clima del personal del FMI, el cambio climático amenaza no solo el ecosistema de nuestro planeta, la vida y los medios de subsistencia, sino también la estabilidad macroeconómica y financiera.

  • Esta Nota sobre el clima muestra que, si las políticas mundiales no cambian, las emisiones de carbono de 2030 serán muy superiores a lo necesario para «mantener vivo el objetivo de 1,5».

  • En la COP26, los responsables de formular políticas deben cerrar dos brechas críticas: la de ambición y la de políticas.

  • A continuación, expertos explican la importancia de una acción climática urgente y cómo podemos mantener el rumbo para alcanzar los objetivos cruciales establecidos en el Acuerdo de París.

En 1785, Robert Burns reflexionó sobre cómo la humanidad había llegado a dominar nuestro planeta:

«Lamento de veras que el dominio del hombre haya roto la unión social de la naturaleza», escribió.

Las palabras del poeta escocés siguen siendo ciertas dos siglos después.

El cambio climático provocado por el ser humano amenaza el ecosistema de nuestro planeta y la vida y los medios de subsistencia de millones de personas. Desde la perspectiva del FMI, el cambio climático representa una grave amenaza para la estabilidad macroeconómica y financiera.

Ahora, la ventana de oportunidad para limitar el calentamiento global a entre 1,5 y 2 grados Celsius se está cerrando rápidamente.

Mientras los líderes mundiales se reúnen en Glasgow para la COP26, una nueva Nota sobre el clima del personal del FMI muestra que, si las políticas mundiales no cambian, las emisiones de carbono de 2030 serán muy superiores a lo necesario para «mantener vivo el objetivo de 1,5». Para alcanzar esa meta, se necesitan con urgencia reducciones de un 55 % por debajo de los niveles de referencia en 2030, y reducciones de un 30 % para alcanzar el objetivo de 2 grados Celsius.

Para lograr estas reducciones, los responsables de formular políticas que asistan a la COP26 deben abordar dos brechas críticas: la de ambición y la de políticas.

La brecha de ambición en la mitigación mundial

135 países que representan más de tres cuartas partes de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero se han comprometido a alcanzar cero emisiones netas a mediados de siglo. Sin embargo, los compromisos a corto plazo son insuficientes. Incluso si se cumplieran los compromisos actuales para 2030, solo equivaldrían a entre un tercio y dos tercios de las reducciones necesarias para alcanzar los objetivos de temperatura.

Se espera que las economías avanzadas reduzcan sus emisiones con mayor rapidez por razones de equidad y responsabilidad histórica. En conjunto, se han comprometido a reducir sus emisiones un 43 % por debajo de los niveles de 2030.

Al mismo tiempo, las economías de mercados emergentes de ingresos más altos se han comprometido en conjunto a reducirlas un 12 %, y las economías de mercados emergentes de ingresos más bajos, un 6 %.

Sin embargo, la Nota sobre el clima muestra que, independientemente de cómo se distribuyan las reducciones entre los grupos de países, todos deben hacer más.

Por ejemplo, el objetivo de 2 grados podría alcanzarse con reducciones de emisiones del 45 %, 30 % y 20 % en las economías avanzadas, los mercados emergentes de ingresos altos y los mercados emergentes de ingresos bajos, respectivamente. Otra distribución del esfuerzo, con reducciones del 55 %, 25 % y 15 % lograría el mismo objetivo, al igual que una ponderación del 65 %, 20 % y 10 %.

Para mantener el rumbo hacia los 1,5 grados, se requieren reducciones mucho más ambiciosas para los mismos grupos de países. Por ejemplo,70 %, 55 % y 35 %, o 80 %, 50 % y 30 % por debajo de los niveles de referencia de 2030.

Image: FMI

La buena noticia es que los costos de reducción de emisiones son manejables. Situar las emisiones mundiales dentro del rango compatible con un objetivo de 2 grados costaría entre el 0,2 y el

1,2 % del PIB, y la mayor carga recaería en los países más ricos. En muchas naciones, el costo de abandonar los combustibles fósiles podría compensarse con beneficios ambientales internos, sobre todo con la reducción de las muertes causadas por la contaminación atmosférica local.­­

Será esencial aumentar la financiación externa para respaldar una mayor ambición de mitigación en los mercados emergentes y las economías en desarrollo. Las economías avanzadas deben cumplir su compromiso de proporcionar 100.000 millones de dólares anuales en financiación a los países de bajos ingresos a partir de 2020. Las cifras más recientes muestran que aún no hemos alcanzado ese objetivo.

Además, para ampliar la financiación privada, será fundamental contar con certeza sobre los objetivos públicos de mitigación, en especial con señales de precios que nivelen las condiciones para las tecnologías limpias. También es esencial disponer de información de mayor calidad y estandarizada, para que los inversores puedan ayudar a abordar los riesgos percibidos, incluso en los países de bajos ingresos.

La brecha de políticas de mitigación mundial

Incluso con compromisos suficientemente ambiciosos, seguimos necesitando políticas para implementar las reducciones de emisiones.

La fijación de precios del carbono —mediante cargos sobre el contenido de carbono de los combustibles o sus emisiones— debe desempeñar un papel central, especialmente para los grandes emisores. De inmediato, ofrece una señal de precios que redirige la inversión privada hacia tecnologías con bajas emisiones de carbono y la eficiencia energética.

Sin embargo, la brecha entre lo que se necesita y lo que está en vigor es muy grande. Para 2030 se necesitaría un precio mundial del carbono superior a 75 dólares por tonelada para mantener el calentamiento por debajo de los 2 grados.

A nivel internacional, la coordinación será crucial para superar las limitaciones de la economía política y ampliar la fijación de precios del carbono. Pensemos en las preocupaciones sobre la competitividad y la incertidumbre respecto de las medidas de política, que dificultan la actuación unilateral de los países.

Abordar estas cuestiones es fundamental en una propuesta del personal del FMI para establecer un precio mínimo internacional del carbono entre un pequeño grupo de grandes emisores.

Ese precio mínimo sería equitativo, con precios diferenciados para países en distintos niveles de desarrollo económico, además de asistencia financiera y tecnológica para los participantes de bajos ingresos. Asimismo, el acuerdo sobre el precio mínimo sería pragmático, pues permitiría la aplicación de medidas nacionales no basadas en precios que logren resultados equivalentes.

Sería colaborativo, y ayudaría a evitar ajustes fronterizos del carbono polémicos si algunos países adoptan precios sólidos mientras otros no lo hacen.

A nivel nacional, las reformas de la fijación de precios del carbono podrían impulsar rápidamente la reducción de emisiones. Es fundamental que esto no tenga por qué hacerse a costa de la economía. Estudios empíricos recientes indican que las reformas de la fijación de precios del carbono no han reducido el PIB ni el empleo. De hecho, podrían respaldar los objetivos de crecimiento a largo plazo. Los ingresos procedentes de la fijación de precios del carbono —por lo general, alrededor del 1 % del PIB o más— pueden utilizarse para reducir los impuestos laborales o aumentar la inversión pública, lo que contribuiría a impulsar la economía.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo las estrategias de mitigación pueden—y deben—generar beneficios más amplios en todos los niveles de la sociedad. Los responsables de formular políticas deben garantizar una transición justa con una sólida asistencia para los hogares, trabajadores y regiones vulnerables.

Por ejemplo, las reformas de la fijación de precios del carbono pueden promover la equidad y beneficiar a las personas pobres. Si los ingresos se utilizan para fortalecer las redes de protección social y elevar los umbrales del impuesto sobre la renta personal, la política beneficia netamente a los grupos más pobres y tiene efectos neutros para la clase media. Otra posibilidad es destinar los ingresos a inversiones públicas en salud o educación.

Otro componente clave de cualquier estrategia de mitigación es la inversión pública verde. Debemos acelerar la adopción de infraestructuras de tecnologías limpias, como redes inteligentes y estaciones de carga para vehículos eléctricos. Cuando se realizan de forma conjunta, las inversiones privadas y públicas en energía limpia tienen efectos especialmente potentes sobre el crecimiento; además, las industrias con bajas emisiones de carbono suelen requerir más mano de obra que las de combustibles fósiles, lo que puede ayudar a impulsar el empleo.

Por último, todas las reformas deben introducirse gradualmente y comunicarse bien, para que las empresas y los hogares puedan adaptarse. También deben abarcar fuentes de emisiones más amplias, como el metano, y aumentar el almacenamiento de carbono en los bosques.

La urgencia de actuar

Si no se reducen urgentemente las brechas de ambición, políticas y financiación, se abrirá un precipicio peligroso para las reducciones de emisiones posteriores a 2030, lo que aumentará enormemente los costos de la transición y podría dejar los objetivos de temperatura fuera de alcance para siempre.

Una transición ordenada, cooperativa y oportuna puede y debe producirse. Ahora.

En palabras de Robert Burns, una vez más: «Hoy es el día, y ahora es la hora».

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