La Antártida perdió 3 billones de toneladas de hielo entre 1992 y 2017, según un nuevo análisis de observaciones satelitales. En la vulnerable Antártida Occidental, la tasa anual de pérdida de hielo se triplicó durante ese período, hasta alcanzar los 159.000 millones de toneladas al año. En total, la cantidad de hielo perdida en la Antártida durante el último cuarto de siglo bastaría para elevar el nivel global del mar 8 milímetros.
¿Cómo será la Antártida en 2070 y cómo afectarán los cambios en la Antártida al resto del planeta? La respuesta a estas preguntas depende de las decisiones que tomemos en la próxima década, como se expone en el artículo que acompaña a este, publicado también hoy en Nature.
Nuestra investigación plantea dos posibles relatos sobre la Antártida para el próximo medio siglo, una historia que se desarrollará durante la vida de los niños y jóvenes adultos de hoy.
Aunque los dos escenarios son necesariamente especulativos, hay dos cosas seguras. La primera es que, una vez que se produzcan cambios importantes en la Antártida, nos comprometemos a siglos de nuevos cambios irreversibles a escala mundial. La segunda es que no tenemos mucho tiempo: el relato que finalmente se haga realidad dependerá de las decisiones que se tomen en la próxima década.
Los cambios en la Antártida tienen repercusiones mundiales
Aunque es la región más remota de la Tierra, los cambios en la Antártida y el océano Austral tendrán consecuencias mundiales para el planeta y la humanidad.
Por ejemplo, el ritmo de subida del nivel del mar depende de la respuesta de la capa de hielo antártica al calentamiento de la atmósfera y el océano, mientras que la velocidad del cambio climático depende de cuánto calor y dióxido de carbono absorbe el océano Austral. Además, los nutrientes que el océano Austral transporta hacia latitudes más bajas sustentan los ecosistemas marinos de todo el mundo.
Desde el punto de vista político, la Antártida y el océano Austral se encuentran entre los mayores espacios compartidos de la Tierra y se rigen por un régimen de gobernanza único, conocido como el Sistema del Tratado Antártico. Hasta ahora, este régimen ha logrado gestionar el medioambiente y evitar conflictos.
Sin embargo, al igual que los sistemas físicos y biológicos de la Antártida afrontan los desafíos del rápido cambio ambiental provocado por las actividades humanas, también los afronta la gestión del continente.
La Antártida en 2070
Consideramos dos relatos para los próximos 50 años de la Antártida, cada uno de los cuales describe un futuro plausible basado en los últimos avances científicos.
En el primer escenario, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero siguen sin control, el clima continúa calentándose y se adoptan pocas medidas políticas para responder a los factores ambientales y las actividades humanas que afectan a la Antártida.
En este escenario, la Antártida y el océano Austral experimentan cambios generalizados y rápidos, con consecuencias mundiales. El calentamiento del océano y la atmósfera provoca la pérdida drástica de grandes plataformas de hielo. Esto aumenta la pérdida de hielo de la capa antártica y acelera la subida del nivel del mar hasta alcanzar ritmos que no se veían desde el final del último período glacial hace más de 10.000 años.
El calentamiento, el retroceso del hielo marino y la acidificación del océano alteran significativamente los ecosistemas marinos. Además, el crecimiento sin restricciones de las actividades humanas en la Antártida degrada el medioambiente y provoca el establecimiento de especies invasoras.
En el segundo escenario, se adoptan medidas ambiciosas para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y establecer políticas que reduzcan la presión humana sobre el medioambiente antártico.
En este escenario, la Antártida de 2070 se parece mucho a la actual. Las plataformas de hielo permanecen en gran medida intactas, lo que reduce la pérdida de hielo de la capa antártica y, por tanto, limita la subida del nivel del mar.
Un régimen de gobernanza cada vez más colaborativo y eficaz contribuye a aliviar la presión humana sobre la Antártida y el océano Austral. Los ecosistemas marinos permanecen en gran medida intactos, ya que se mantienen a raya el calentamiento y la acidificación. En tierra, las invasiones biológicas siguen siendo poco frecuentes. Los singulares invertebrados y microbios de la Antártida continúan prosperando.
La decisión está en nuestras manos
Podemos elegir cuál de estas trayectorias seguiremos durante el próximo medio siglo. Pero el margen de oportunidad se está cerrando rápidamente.
El calentamiento global está determinado por las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, que siguen creciendo. Esto nos comprometerá a afrontar otros impactos climáticos inevitables, algunos de los cuales tardarán décadas o siglos en manifestarse. Las emisiones de gases de efecto invernadero deben alcanzar su máximo y empezar a disminuir en la próxima década para que nuestro segundo relato tenga alguna posibilidad de hacerse realidad.
Si se cumple nuestro escenario más optimista para la Antártida, hay muchas posibilidades de que sobrevivan las plataformas de hielo que sirven de contrafuerte al continente y de que la contribución de la Antártida a la subida del nivel del mar se mantenga por debajo de 1 metro. Una subida de 1 m o más desplazaría a millones de personas y causaría graves dificultades económicas.
En el más perjudicial de nuestros posibles escenarios, probablemente se perderán muchas plataformas de hielo antárticas y la capa de hielo antártica contribuirá hasta 3 m a la subida del nivel del mar para 2300, con un compromiso irreversible de 5-15 m en los próximos milenios.
Aunque sea difícil, podemos actuar ahora para evitar que la Antártida y el mundo sufran consecuencias climáticas fuera de control. El éxito demostraría el poder de la colaboración internacional pacífica y mostraría que, cuando llega el momento decisivo, podemos usar la evidencia científica para tomar decisiones que respondan a nuestros intereses a largo plazo.






