La Agencia Espacial Europea (ESA) está planeando la primera constelación del mundo de satélites para monitorear el CO2.
Una vez en órbita, rastrearán los focos de CO2 en todo el mundo, lo que permitirá determinar la contribución antropogénica, es decir, de origen humano, a los niveles de carbono en la atmósfera.
Es probable que el proyecto esté compuesto por tres satélites y formará parte del programa espacial Copernicus, que está financiado conjuntamente por la Unión Europea y la ESA. Su financiación se decidirá en una reunión en Sevilla, España, en noviembre.
El desarrollo de los satélites costará «en torno a los 600 millones de euros (670 millones de dólares)», sin incluir los costes de lanzamiento o de operación, según Guido Levrini, director del programa del segmento espacial de Copernicus en la ESA.
Desde 1958, el Observatorio de Mauna Loa, en Hawái, monitorea los niveles atmosféricos de CO2. Sus mediciones alimentan la curva de Keeling, un registro que muestra en qué medida la actividad humana ha influido en los niveles de carbono atmosférico. Estos niveles son ahora casi el doble de las cantidades preindustriales.
Los satélites de la UE permitirán evaluaciones más exhaustivas de las emisiones de carbono en los países europeos, algunos de los cuales podrían tener dificultades para alcanzar sus objetivos.
La UE se ha fijado tres objetivos clave en materia de clima y energía que alcanzar para 2030:
Una reducción de al menos el 40 % de las emisiones de gases de efecto invernadero (en comparación con los niveles de 1990)
Una cuota de al menos el 32 % para las energías renovables
Una mejora de al menos el 32,5 % en la eficiencia energética.
«La UE quiere utilizar activos espaciales para contribuir a su inventario de carbono previsto para 2028», dijo Levrini. «Esto requiere una recopilación completa de datos de dos años (2026-2027), de ahí la necesidad de tener el sistema operativo a principios de 2026».
Con la planificación y los preparativos ya muy avanzados, para poner los satélites en órbita a tiempo, el calendario de lanzamiento se sitúa en algún momento de 2025, siempre que se asegure la financiación.
«Dada la gran prioridad política de medir la contribución antropogénica de CO2 desde el espacio, esperamos que la financiación se consiga», dijo Levrini.





